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Libertad Sindical, el camino al desarrollo

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La libertad sindical, sin derechos garantizados que la resguarden, es  sólo letra muerta.  El derecho a la libertad sindical no se limita al poder constituir un sindicato y  afiliarse o desafiliarse de éste a voluntad, sino, además, a la tutela y promoción de las expresiones colectivas que le son propias, es decir, el ejercicio de derechos en el desarrollo de la actividad sindical. Así lo entiende el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los Convenios 87 y 98 de la OIT, y en el papel, recoge nuestra Constitución Política.

Una práctica atentatoria o práctica desleal, es toda acción u omisión que atente contra la libertad sindical, especialmente aquellas que afecten la negociación colectiva, sus procedimientos y el derecho de huelga.

Despidos por asistir a reuniones, bonos por no pertenecer a un sindicato, persecuciones a dirigentes, intervención en sindicatos, empresarios que crean agrupaciones de trabajadores paralelas, espías en asambleas, amenazas contra trabajadores, subcontratación “mula”, empresas con cientos de RUT distintos, y otros, son actos atentatorios contra la libertad sindical.

En Chile, año a año son cientos las denuncias por estas prácticas, que terminan, en el mejor de los casos, sólo con multas económicas menores.

Cuando la empresa sopesa entre, por una parte, los riesgos de tener un sindicato que pueda generar mejores condiciones laborales para los trabajadores (a costo de un poco menos de ingreso para su bolsillo), y por otra, simplemente pagar una multa anual, sin tener que negociar nada con nadie, los empresarios prefieren pagar las multas antes de permitir que quienes trabajan en sus empresas se organicen.

Las sociedades que han avanzado al desarrollo, lo han hecho de la mano de ciudadanos organizados, que han generado demandas y, por fuerza de sus organizaciones, han logrado cambios favorables para todos. Sin sindicatos que defiendan los derechos de los trabajadores, el empleador hará lo que quiera.

Se hace fundamental modificar nuestra legislación y penar los atentados contra la libertad sindical no sólo con multas, sino con penas privativas de libertad. Si así fuera, aquellos empresarios que ponen las multas en sus presupuestos anuales, lo pensarían dos veces antes de realizar prácticas que violentan a los trabajadores.

Hoy tenemos consagrada la libertad sindical en nuestra legislación, pero de poco sirve si no garantizamos en nuestro ordenamiento jurídico que los derechos que ella conlleva  puedan ser ejercidos. Al igual que hace 100 años, el presente no es el que queremos, y el futuro solo será posible con organizaciones fuertes, transparentes, preparadas, financiadas y participativas que luchen por sus derechos. Solo asi podremos abrir las grandes alamedas.

* Daniel Manouchehri, tiene 26 años, es estudiante de derecho y miembro del comite central del Partido Socialista de Chile. http://www.twitter.com/dmanoucheri.

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01 de Octubre

Coincidiendo contigo en que las sociedades desarrolladas cuentan con derechos sindicales importantes y consolidados por ley, creo que es parcial decir -como sugieres en tu entrada- también es cierto que en la actualidad las democracias más consolidadas -las europeas- están enfrentando un mayor conflictividad social porque sus modelos de desarrollo y estados de bienestar empiezan a presentar grandes problemas de financiamiento. Derechos sindicales no sustentables en el tiempo, creo a mi juicio, no sirven de mucho. Ello no implica, por cierto, que en Chile tengamos aún cierto piso que asegurar en este ámbito.

01 de Octubre

Está establecido que los reales avances en equidad están dados por 1) El acceso a la educación 2) El fortalecimiento de los sindicatos y, con ellos, de la capacidad de negociar colectivamente. Si bien me parece interesante el plantear penas más duras para quienes obstruyan los derechos laborales, me parece más importante legislar, antes, en favor de la negociación colectiva. Acá el tema no es únicamente lo que se impide a los empresarios, sino también lo que se permite a los trabajadores. Y en ese sentido, la deuda es inmensa. Tenemos una gran mayoría de trabajadores no sólo no sindicalizados, sino también no contratados. En ese panorama, lo primero es terminar con los empleos vergonzosamente precarios en los que el trabajador no puede acceder a nada. Permitir formas de cohesión entre los subcontratados y la empresa a la que prestan servicio, entre los que están boleteando, son también modos de otorgar poder a los trabajadores.

Creo que es importante lo que planteas, pero creo que es estrecho seguir pensándolo en términos binarios (empresas-sindicatos) cuando el trabajo hoy se ha diversificado tanto y con ello, se han multiplicado las formas de abuso.

Saludos.

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