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Las presidenciales y la tercera vuelta

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Para los que contemplamos desde hace tiempo la política chilena fue muy significativa la noche del 4 de Septiembre de 1970: La derecha había jugado sus cartas apostando todo a Jorge Alessandri…y había perdido.  El silencio sepulcral y abandono de la ciudad de Santiago desde Plaza Italia hacia arriba fue memorable. Para las nuevas generaciones, debemos recordar que Plaza Italia era el límite en otros tiempos…como ahora sería un puente de entrada a La Dehesa o a San Damián.

Hoy figuras de la Concertación que tienen una actitud similar y están poniendo todas sus cartas en la esperanza del retorno de la Señora Bachelet. Por otro lado, en la llamada Alianza hay varios candidatos y candidatos a candidatos que parecen dispuestos a competir hasta el fin. Sin embargo,  el escenario final puede ser el menos deseado para nadie, por lo que parece conveniente prevenir y definir desde ya la mejor y más democrática fórmula para zanjar la elección presidencial.

El análisis completo puede ser muy extenso, pero hay ciertos hechos significativos:

– Las encuestas algo dicen, pero a la hora de las votaciones todos los que voten (que nadie sabe cuántos van a ser), probablemente van a votar por quienes le causen menos rechazo.

– Es correcto postular que varias tendencias piensan que las verdaderas primarias son la primera vuelta presidencial, por lo que no hay temor en presentar candidatos en forma directa.

– Las primarias que postulan los partidos o agrupaciones de partidos no consiguen legitimarse, ya que son propuestas y realizadas – parece – por los mismos desprestigiados dirigentes, que son quienes proponen a los candidatos a candidatos.

Por estas y otras razones más largas, es posible pensar que nos enfrentemos a una primera vuelta con muchos candidatos y a una segunda vuelta presidencial en que se enfrentan algunas de estas muy indeseables situaciones:

–  Dos candidatos que recibieron, por ejemplo, el 11% y el 10,5%  de los votos. Piense en la pareja que le provoque más rechazo.

– Un candidato con el 31% de los votos y otro con el 7%…cuando la mayoría puede estar pensando que quien llegó tercero, con el  6,9%  de los votos sería mejor alternativa que el segundo.

Frente a esto, una buena alternativa es profundizar la democracia y que el pueblo – la gente, se dice en forma políticamente correcta –  decida, modificando la legislación electoral. Se propone lo siguiente:

– Si  ningún candidato obtiene mayoría absoluta (50% más un voto)  se efectuará una siguiente vuelta en que participarán los candidatos que, sumando el porcentaje de votos recibidos de modo descendente, superen el 70% del total de votos válidamente emitidos.

Por supuesto la idea es que si es necesario y se mantienen los empates pequeños, sea la gente la que produzca informadamente esta selección. La idea es pensar la política con la cabeza.

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Foto: fmstylo

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