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¿La temprana degeneración concertacionista del Frente Amplio?

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En estos últimos días hemos podido contemplar en la opinión pública una serie de reacciones de sorpresa e indignación por el apoyo que la abanderada del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, dio a la candidatura del oficialismo, Alejandro Guillier, de cara a la 2°da vuelta este 17 de diciembre. Esta situación es particularmente llamativa no sólo porque ella dijo explícitamente que su acto constituye un voto contra Piñera una vez que se llegó a poner en tela de juicio la legitimidad y lo procedimental de nuestro sistema electoral (acusación infundamentada de un posible fraude), sino porque se asume que su apoyo se retribuiría en eventuales cargos a la figura personal de Beatriz Sánchez y, por simple añadidura, a la coalición que la respalda en su conjunto. Esta problemática adquiere relevancia cuando lecturas similares han surgido desde la derecha más conservadora hasta la izquierda más radical quienes, incluso desde el nacimiento mismo de esta nueva coalición, venían augurando que “el Frente Amplio se va a vender a la Concertación”, quedando sepultado su “infantilismo político y discurso rupturista”. El punto es que prácticamente todas las expectativas políticas apuntan a esa dirección, y la postura de apoyo a Guillier que Beatriz Sánchez hizo pública, y que va en plena concordancia con el actuar de facto que han tenido algunos movimientos del Frente Amplio, parecía ratificar estos prejuicios. 


La tesis de una temprana degeneración concertacionista es un fantasma que, innegablemente, siempre se puede encontrar presente frente a los ojos de aquellos que depositaron sus esperanzas en el FA.

Lo cierto es que, más allá de cualquier diagnóstico crítico sobre las estrategias que el Frente Amplio ha seguido de cara a la 2ºda vuelta y la posible reminiscencia que esto pueda traer -a ratos en broma, a ratos en serio- con respecto a la fracasada “colaboración crítica” de uno de los movimientos más emblemáticos del FA, Revolución Democrática (posicionamiento de cuadros políticos al interior de espacios ministeriales y municipales en el actual gobierno de la Nueva Mayoría para empujar los cambios “desde dentro”), esta lógica del pensar un posible apoyo a Guillier “a cambio del cuoteo político” sólo podría ser válida y tener sentido para quienes todavía siguen leyendo la política –por pragmatismo, acomodo y/o convicción-, y 27 años después, bajo los términos en que fue pactada la transición a la democracia: las fuerzas alternativas de transformación son anómicas y deben subordinarse de manera incondicional e irrestricta ante la Concertación con el monolítico fin de “derrotar a la derecha”. Una lógica vacía de todo contenido, construida sobre la base del chantaje del mal menor, funcional a una derecha cómoda que hoy en día ni siquiera ve necesario defender el legado del pinochetismo -para efectos electorales- sino más bien la obra de la Concertación y, sobre todo, útil a la reciente refundación progresista de la Concertación llamada Nueva Mayoría, cuya apelación al Frente Amplio para granjearse su apoyo explícito y unificado en el contexto de la 2°da vuelta sólo ha consistido en tres elementos radicalmente básicos:

1) El antiderechismo: lo mismo dijeron en 20 años hasta el hastío para que hoy en día sea la propia derecha la que termine defendiendo a la Concertación en desmedro de la NM/FA. No hace falta ahondar más en este tema porque el chiste -de mal gusto- se cuenta solo.

2) La “responsabilidad política” que tendría el Frente Amplio en caso de que gane Piñera (muy parecido al punto anterior): Cuando uno escucha a personeros clásicos de la Concertación como Francisco Vidal decir “Si gana la derecha, el Frente Amplio tendría que callarse la boca durante 4 años”, es inevitable preguntarse: ¿En qué cultura política una coalición como la Concertación (con décadas de experiencia de “ser gobierno”, con mayorías parlamentarias, con un liderazgo carismático indiscutible e indisputable como el de Michelle Bachelet, etc.) que ve reducida a la mitad su capital político y electoral de una elección a otra y cuya legitimidad popular está por los suelos, podría darse el lujo de culpar a una coalición emergente como el Frente Amplio de que vuelva la derecha al poder?

3) Profundizar los avances sociales del actual gobierno: Esto es no entender absolutamente nada del malestar social que, de haber sido por condiciones estructurales y coyunturales un poco menos desfavorables, hubiese permitido al FA pasar a 2°da vuelta. No se trata, como bien diría Carlos Ruiz Encina, unos de los ideólogos del Frente Amplio, de profundizar el Estado subsidiario con más gratuidad o crear AFP Estatal para subsanar el problema de las pensiones, sino de romper con la ambiguedad de la Nueva Mayoría para lograr una verdadera reestructuración y democratización en profundidad de la esfera pública que permita avanzar en la desmercantilización de la vida y en la reivindicación efectiva de nuestros derechos sociales. Mientras el imperativo de las utilidades y la competitividad siga operando tras la materialización de nuestras aspiraciones y necesidades colectivas, la injerencia estatal expresada en una mayor inyección de dinero no hace más que profundizar la ya gigantesca acumulación privada.

Todo esto, para colmo, desde una perspectiva unilateral y sin instancias de diálogos claras entre ambos bloques. Acto seguido mucha gente se pregunta -y se queja- porque Piñera tiene todas las de ganar.

Pero el punto fundamental no es ese sino que, sea cual sea el escenario oficialista que configure nuestro próximo ciclo político (e incluso el propio destino personal de Beatriz Sánchez), la tesis de una temprana degeneración concertacionista es un fantasma que, innegablemente, siempre se puede encontrar presente frente a los ojos de aquellos que depositaron sus esperanzas en el FA. Aquel fatídico día podría llegar cuando el FA, por ejemplo, comience a desvincularse de lo social y se transforme en una mera maquinaria electoral con capacidad de articulación de discursos convocantes pero carentes de una sustancia sociohistórica en la actualidad (como varios de los partidos que integran la Nueva Mayoría), cuando deje de impugnar las contradicciones e injusticias intrínsecas a la hegemonía omnipresente del libremercado que ha ido socavando nuestro tejido social hace más de 4 décadas con el beneplácito explícito de la Concertación y sólo se conforme con simples migajas y para fines electorales, o cuando abandone su proceso de maduración como alternativa real con vocación de poder y capacidad de disputar todos los espacios políticos y sociales posibles, y se transforme en una mera institucionalización burocratizada del malestar social. Ese día, sin siquiera la necesidad de una elección presidencial dicotómica de por medio o sin el ofrecimiento de cargos claves de la administración pública bajo un eventual gobierno de la Nueva Mayoría, se podría hablar con toda propiedad del Frente Amplio como una mera renovación generacional de la Concertación.

Mientras tanto, el deber histórico de las fuerzas políticas de transformación y de la sociedad movilizada es evitar que aquello ocurra, fomentando la autocrítica al interior del Frente Amplio para enmendar los errores y radicalizar los aciertos que tengamos en este nuevo ciclo político, exigiendo y construyendo democracia allí donde muestra sus imperfecciones o donde simplemente no existe, rechazando el paternalismo tecnocrático que caracterizó la forma excluyente de hacer política por parte de las fuerzas de la transición, evitando el chantaje vacío de claudicar ante “el mal menor” luego de habernos granjeado un apoyo importante porque justamente fuimos capaz de hacerle sentido a la ciudadanía la idea de que “la derecha y la concertación son más o menos lo mismo” y, lo más importante, anteponiendo siempre la discusión política frente a la imposición de facto de las coyunturas electorales o la voz amplificada que podrían poseer los caudillismos siempre mediatizados. La ausencia de estos elementos, entre otros, podrían ser un síntoma claro de aquella temida degeneración concertacionista que, desde un comienzo, nos comprometimos a superar.

TAGS: #Elecciones2017 #SegundaVuelta2017

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A

12 de diciembre

” comience a desvincularse de lo social y se transforme en una mera maquinaria electoral con capacidad de articulación de discursos convocantes pero carentes de una sustancia sociohistórica en la actualidad “: ¿cómo identificas cuando un partido/movimiento/etc. tiene un vínculo efectivo con lo social? digo, si tu criterio es el % que sacó en el sistema electoral (cuestión que valores más adelante en el texto), cómo es posible impugnar el “vinculo” tanto a la concerta como a la derecha quienes obtuvieron más votación? (probablemente el PC y la UDI/RN son los partidos con más base social, o de otra, más clara, estable y definidamente)

¿qué es “sustancia socio-histórica”?

12 de diciembre

Los partidos políticos/movimientos tienen un vínculo efectivo con lo social cuando sus lecturas, lineamientos programáticos, orgánicas y tácticas/estrategias van en plena correspondencia con los intereses objetivos que la sociedad civil organizada persigue.

Muchos de los Partidos que “firmaron” el pacto de la Transición nacieron en sus respectivos momentos con un fuerte anclaje social (el Partido Socialista es el mejor ejemplo de aquello) que les permitió instalarse en los espacios de lucha social y proyectarse en el tiempo (“sustancia sociohistórica”). Sin embargo, por las propias necesidades de gobernabilidad que tenía la Concertación, se fue excluyendo a lo social de sus gobiernos en estas últimas décadas, produciéndose una asociatividad con la sociedad única y exclusivamente en instancias de relegitimación electoral (El PC es un caso aparte).

El Frente Amplio no ha logrado ocupar y conducir efectivamente ese vacío social dejado por la Concertación (no le pidamos mucho en 1 año de existencia), pero claramente hacia allá apunta -o debería apuntar- su nueva apuesta política. Si deja de perseguirlos o se desvincula de los mismos, estaría cayendo en los pecados de la Concertación y haría sentido lo que expresé en el presente artículo.

Saludos.

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