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La sacralización de las encuestas, poder y flojera democrática

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Según la socióloga española María Ángeles Cea D’ Acona, las encuestas son “estrategias de investigación”, un instrumento con el cual se recoge la expresión verbal de un conjunto de personas (muestra) y que de acuerdo con ciertas cuestiones de las estadísticas (muestreo y probabilidad) éstas se extrapolan a la población que dicen representar. Pero dichas estrategias de investigación van a acompañadas de otros procesos que permiten “la investigación” en su conjunto. Pero por alguna parte, momento o lugar, la encuesta comenzó a cambiar su significado, en tanto instrumento de recolección de datos, ya no siendo parte de un conjunto de procesos, sino que el proceso en sí mismo, connotándolo de una importancia destacada y llevándola al plano de verdad verificada.

La encuesta se transforma por tanto en una verdad por el sólo hecho de ser aplicada y entregado sus resultados. Separada de otros procesos de la investigación como lo son: la hipótesis, el marco teórico, la metodología, el análisis y conclusiones que determinen si se comprueba o no lo planteado en el primer paso.


Parece al menos irrisorio que sea un instrumento como la encuesta la que finalmente direccione y controle el debate público

En Chile y el mundo, las encuestas han cobrado una relevancia casi sagrada. Tanto para cuestiones públicas o privadas, este instrumento se ha vuelto realmente determinante a la hora de tomar decisiones. Entregando información “fidedigna” sobre el acontecer social o económico para asuntos de todo tipo. Sin embargo, las interpretaciones de los resultados quedan al arbitrio de múltiples factores, instituciones y agentes interesados. Allí es donde otras cuestiones, como el poder, ejercen su influencia y recodifican los significados hacia sus propios motivos.

Lo que me interesa explicar aquí son dos cuestiones: la primera, es cómo las encuestas han cobrado un significado y relevancia por sí mismas. Desparejadas de otros procesos de la investigación social, y por tanto su alcance explicativo queda corto para los fines que supuestamente deben perseguir.

Lo segundo, es la validación sacralizada de las encuestas como método para determinar la acción del Estado y las instituciones, reemplazando de esta manera ejercicios de deliberación democrática. Y, por lo tanto, contribuyen a despolitizar aún más la sociedad actual, pues se le delega a los resultados de la encuesta lo que es verdad, lo qué se debe hacer, en detrimento de la reflexión, el debate, el análisis y escrutinio democrático. ¿Se esconderá aquí una cuestión económica?, ¿Tal vez es más barato hacer una encuesta que consultar a las personas sobre qué hacer en determinadas cuestiones públicas?

Pareciera ser, y adelantó una conclusión, que la encuesta permite reducir la información, lo que Cea D’ Acona llama “reduccionismo analítico” creando conclusiones inmediatas, para así simplificar la complejidad de la realidad social. Pero en mi opinión termina metiendo debajo de la alfombra el problema complejo y mayor, dejándolo sin la discusión apropiada, y por tanto con soluciones que buscan satisfacer el titular y no el contenido, incubando aún más la frustración de las necesidades de una población o un país.

La encuesta como bola de cristal.

El desarrollo de las ciencias sociales en nuestro país hace un buen rato que están en una situación bastante debilitada. En opinión por dos cuestiones, la primera es el débil desarrollo institucional de las ciencias sociales, ya que los propios profesionales de estas han despreciado la institucionalidad y criticado el esfuerzo por fortalecerlas. En segundo lugar, porque los mismos exponentes han abandonado la posibilidad de relevar a las ciencias sociales como medios para explicar la realidad. Sumergidos en sus propios mercados académicos que son presa de un modelo mayor de oferta y demanda que no excluye a quienes deben no sólo reproducir, sino que defender y divulgar a las ciencias sociales como medio y proceso de explicación de los problemas sociales y económicos del país. Dicho esto, la encuesta como instrumento de investigación de las ciencias sociales y con una vasta historia, quedaron separados de la completa investigación social o económica y se desvincularon de ella, convirtiéndola en un simple pero poderoso instrumento en sí mismo. Otras profesiones, proveniente de las disciplinas que se creen “objetivas” como la economía y disciplinas de carácter técnico, relevadas a planos superiores pero carentes de dichas características como la ingeniería tomaron este instrumento y lo convirtieron en un producto de mercado para fines “prácticos”.

Si sumamos la debilidad institucional de las ciencias sociales, y la separación del instrumento de su todo complementario, la cual es la investigación social, por parte de otras disciplinas, convirtieron a la encuesta en una especie de bola de cristal. Es un tanto paradójico, ya que por una parte se le entrega a la encuesta un valor objetivo, y al mismo tiempo han dotado a la encuesta de características predictivas en niveles casi sagrados. Es cierto de todas maneras, que, en el caso de los sondeos electorales, estos han logrado resultados de predicción bastante acertados, y dicho éxito en algunas áreas es justamente su reputación para la explicación de cualquier problema social.

No se trata de creerle o no a las encuestas, se trata de colocarla en su justa medida. Que el instrumento es un excelente medidor, pero insuficiente para explicar problemas complejos que la sociedad atraviesa y que debe ir necesariamente complementado con otros procesos e instrumentos de investigación social. Por lo tanto, esto de creer que el instrumento tiene valor por sí mismo en tanto “objetivo” es un error y desconoce la extensa investigación sobre el mismo y sus debilidades, los cuales pueden verse tanto en la profesora Cea D’ Acona como otros muchos ejemplos publicados.

Otro sociólogo destacado, Pierre Bourdieu en su libro “Sobre la Televisión” habla con mucha claridad de un proceso llamado (en español) “La circulación circular de la información”. Esto se explica como un proceso de dotación de significados simbólicos positivos que se reproducen unos a otros. Como ejemplo habla de los diarios, que a su vez son leídos y masificados por la televisión, y por lo tanto alcanzan una relevancia y características de verdad ante una gran masa de población que consume dichos discursos. Por otra parte, lo que no aparece en dichos medios y por tanto no es mediatizado carece de dichos valores y no logra ser percibido con la importancia y veracidad necesaria. En otras palabras, la reputación, el prestigio se reproducen en estructuras de poder simbólico.

Conscientes de ese proceso, las encuestas en Chile han logrado crear un vínculo con los medios de comunicación. Lo que para las ciencias sociales serían simples sondeos de opinión, que carecen de mecanismos más complejos que sí tiene la investigación social, y por lo tanto menos rigurosos en sus resultados, estos son expuestos en la opinión pública y dotados de valores simbólicos positivos. Se masifica “la verdad”.

No sólo se lo cree la gente, también los analistas, que parecen cumplir en 15 minutos lo que las ciencias sociales requieren mucho más tiempo en desentrañar. No hablamos de deslegitimar el instrumento, sino que adolece de sustancia y profundidad de análisis. Cada persona se queda con la parte que le conviene, interpreta lo que prefiere o quiere según sus deseos, motivaciones e intereses. Pero lo más complejo, grave, es que las instituciones del Estado se comportan como la mayoría de la gente, usando este reduccionismo analítico como información plausible para la toma de decisiones públicas que afectan a toda la población chilena. Destruyen en ese reduccionismo toda mirada distinta, no sólo centralizan en el análisis, también impiden toda posibilidad de comprender los elementos diferenciadores de la sociedad diversa, la reducen, centralizan y economizan. La frase “gobiernan con las encuestas” vale para todo el espectro político institucional.

Esto debilita a la democracia, ya que excluye la posibilidad de lograr profundizar mecanismos de participación y democracia real en las comunidades, ciudades y todo el territorio, logrando así extractar las decisiones de la sociedad a partir de un proceso vinculante. Las encuestas, los sondeos semanales dirigen, orquestan la llamada agenda pública, se introducen en el proceso de circulación circular de la información y se legitiman como verdad.

En medio de una crisis institucional, democrática y de legitimidad sobre las instituciones y la política como medio para organizar la sociedad y economía de un país, parece al menos irrisorio que sea un instrumento como la encuesta la que finalmente direccione y controle el debate público. A diferencia como otros procesos, otros estallidos sociales que desembocaron en un proceso profundo de debate desde abajo hacia arriba, desde los barrios hasta el país, como es el caso de los indignados en España, que por lo demás tuve la suerte de presenciar en primera persona, aquí en Chile luego de 60 días de estallido, crisis política, económica, aparece nuevamente el instrumento como ordenador de hacia dónde hay que ir, cual mago mira su bola de cristal.

Repito y finalizo. La encuesta es un muy buen instrumento de medición para la investigación, pero no se basta por sí mismo, y es peligroso usarlo en esas condiciones como mecanismo para la toma de decisiones, no sólo por su debilidad metodológica en la aplicación, también como orientador democrático.

La sociedad del espectáculo, como escribiría ya Guy Debord amasa sus resultados en la reproducción de productos inmediatos. La política parece tener flojera intelectual, flojera democrática y descansa las decisiones en productos exprés, controlados por lo demás en intereses que tienen bien poco de objetivos, y se suben a la ola de los comentaristas, negando así la posibilidad de la democracia deliberativa, real y vinculante, que recuperaría el tejido social desestructurado, la confianza en las instituciones y la reconstrucción de la política como el espacio donde se organiza la sociedad.

TAGS: #Democracia #EncuestasDeOpinión #OpiniónPública

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