#Política

La naturaleza y el Presidente

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Durante los últimos días el Presidente de la República se ha quejado de lo que él denomina una campaña canallesca para enlodarlo, asumiendo que a él no se le podrían suponer conductas como las que han señalado personeros de los mas amplios sectores del país.
 
Este es un alegato respetable en cualquier persona.
 
Sin embargo, el viejo refrán dice: “cría fama y échate a la cama”; es decir, hazte cargo de la fama que cultivaste.
 
Tal parece ser el caso de Sebastián Piñera.
 
En el mundo empresarial se hizo conocido como un duro entre los duros, lo que equivale, en ese ámbito, a estar siempre dispuesto a apostar fuerte, aunque ello lo lleve al límite de lo permitido o mas allá. A lo menos, como le ha recordado, con mucho cariño, Carlos Larraín en estos días, a “actuar con imprudencia”. Dicho de otro modo, lo califica como una persona imprudente. Eso mismo han hecho, desde hace años muchos personeros de derecha (Andrés Allamand; Hernán Larraín; Pablo Longueira, entre otros)
 
En el ámbito político basta recordar sólo dos hechos. El primero, cuando se coludió con un grupo de sus amigos (Pedro Pablo Díaz, entre ellos), para, en sus propias palabras “dejar a Evelyn Mathei como una cabra chica”, reventándola en un programa de televisión, cuando la senadora quería ser, al igual que él, candidata a la presidencia de la República, en representación de la derecha.
 
El segundo, cuando irrumpe con su candidatura presidencial, contra Joaquín Lavín, el año 2005, a quien le había jurado venganza,  luego que este lo dejara debajo en una opción senatorial.
 
Mayne Nichols y Bielsa estaban entonces condenados, por quien acumula un importante historial de actuaciones “imprudentes”, en palabras de Larraín.
 
¿Por qué quejarse entonces de que, de acuerdo a cualquier encuesta de opinión, mas del 80% de los chilenos no le crea hoy?
 
Esta es su primera gran derrota como gobernante, luego de aprovechar con impudicia las tragedias del terremoto y el encierro minero de Atacama.
 
Lo curioso es que asistimos a un escenario donde los logros son fruto de tragedias naturales y las derrotas, fruto de su propia naturaleza.
 
No se puede quejar. El problema es que tampoco se puede controlar.
 
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