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La geografía ¿uniendo o fragmentando el sistema de partidos?

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Ya fueron las elecciones primarias y las plebiscitarias de entrada a propósito del Momento Constituyente en el que nos encontramos. Se pasó de la euforia de la participación en el plebiscito, a la frustración que provocó la anomia de las primarias a Gobierno Regional y algunas alcaldías del país. Se sacaron conclusiones lineales que transitaron desde que ganó la Democracia Cristiana (DC) en el pacto Unidad Constituyente y que ganó COMUNES en el pacto Frente Amplio (cosa que así fue). Otra conclusión estuvo en que se apuntó hacia la moderación, producto del doblaje que logró el primer pacto respecto del segundo y dentro de ese doblaje, el partido por antonomasia convocado a la moderación, ganó, esto es, la DC. Pero apareció un factor que logra mostrar diferencias del resultado entre regiones y en las comunas de éstas. Observar el caso de la RM y las comunas del sector Oriente Alto (Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea), entre el apruebo y rechazo, donde el rechazo se impuso de forma significativa v/s el apoyo a los gobernadores regionales, es un interesante dato[1].


Lo que sí es insoslayable, es que el territorio, en cuanto capacidad de movilización de las bases partidarias/ciudadanía SI importa

Todas estas conclusiones, son las preliminares, y muy probablemente su variación se dé en un rango NO muy lejano al expuesto. Pero como también han indicado otros analistas, esta votación no es un ‘indicador decidor’ respecto de la mirada estratégica que se debe realizar sobre el sistema político en general y el de partido en particular, dados los pocos votos concretados en las primarias a Gobernador Regional (118.330)[2], cuestión que se explicaría en parte por: a.- la escasez de recursos públicos (no hay recursos desde el Estado; más que el monitoreo y validez que permite el SERVEL); b.- por la lejanía en comprensión de este ejercicio por parte de la ciudadanía; c.- porque el gobierno no difundió la elección en la profundidad requerida (por desinterés indicaran); d.- porque los actores políticos institucionales congresales o municipales tampoco lo hicieron; o d.- porque la orgánica de partidos políticos territorializada mostró debilidades.

Es decir, un conjunto de variables exógenas a los partidos influyeron en los resultados, pero junto con los análisis geográfico-electorales que se deben realizar de anteriores momentos electorales, importa, entre varios aspectos, prospectar cómo reaccionarán esta vez, en sus procesos internos. Ya sea por la evaluación, lectura, responsabilidades políticas en los resultados, decantando en un análisis interno y/o complementado con  el imperativo que varios tienen respecto de sus procesos eleccionarios orgánicos. Lo concreto es que la baja participación debería traer consecuencias en sus orgánicas.

Así, Giovanni Sartori, ante lo comentado, indicaría que los partidos políticos, respecto de las diferentes corrientes de opinión, o “fracciones” como las denomina, derivarían en burocratizaciones internas al interior de las orgánicas partidarias centralistas nacionales, con sus desconcentraciones regionales y comunales (para Chile), teniendo, éstas, sus propias motivaciones, desplegándose sobre los territorios, obteniendo uno u otro resultado, en  elecciones internas o populares, siendo estos uno de los más importantes parámetros de evaluación al interior de la fracción y su proyección hacia las otras, traducidas en oportunidad de alianzas (o rompimiento de las existentes) que redundarían en la gobernabilidad (o ingobernabilidad) interna del Partido.  Por otra parte, Angelo Panebianco, recuerda que los Partidos, en sus burocratizaciones centrales y desconcentradas, distribuidas en fracciones, se dan en condición profesionalizante-pragmática v/s ideológico-doctrinaria complejizando la vida interna de un partido y del sistema de partido en general, agregando a la dinámica de evaluación otro aspecto de tensión. Así… ¿se actúa en base a incentivos pragmáticos-profesionalizantes o en base a ideas, o en una mezcla de ambos?

Con ello, se comprendería entonces, el despliegue territorial de los partidos políticos desde sus orgánicas, constatando y/o palpando de forma más radical la crítica social que desencadenó el estallido social: “la no credibilidad mayoritaria en los partidos políticos”, dejando en evidencia la urgente necesidad de cambios en las culturas partidarias. Es más, como indica la Auditoría de la Democracia del PNUD (2014), el fenómeno de la individualización de la política dificultó, dificulta y dificultará el avance en proyectos colectivos, siendo un buen ejemplo de ello, la idea de mandatario. Militantes que representan a las orgánicas partidarias en una ciudadanía territorializada, no es posible escrutarlos internamente de forma adecuada en el cumplimiento del “mandato”, quedando como una expresión abierta de compromiso, sin definiciones.

Lo anterior, cómo indica Pierre Rosanvallón, tiene que convivir con el des-alineamiento de dos ecuaciones políticas e interrelacionadas, esto es, la NO coincidencia (o divorcio) entre los gobernantes y los gobernados, como también, la NO coincidencia (o divorcio) entre los representantes y los representados, colocando en tela de juicio el principio de representatividad, axioma fundante de las democracias pluralistas y representativas, proyectadas a progresistas, sociales y participativas como horizonte estratégico – político.

Entonces, a la luz de los resultados de los procesos electorales consignados, como guía para orientar funcionalmente las próximas definiciones partidarias a alcaldes, concejales gobernadores, y las más relevantes, como son las elecciones para definir las y los “constituyentes”, se podría tener a la vista una frágil institucionalidad del sistema de partido en general, pues todo indica que primarán intereses internos (fracciones e individualidades) y no necesariamente realineando las ecuaciones de representación consignadas, dificultando así la incorporación de nuevos actores, que incluyan jóvenes, mujeres y principalmente rostros nuevos; desaprovechando una oportunidad histórica  de realineamiento, situación que podría vulnerar las institucionalidades partidarias al saltarse la participación y transparencia de las decisiones tomadas, usando como excusa la pandemia y otras situaciones.

Es más, se releva un aspecto que parece nuevo, escamoteando la valía del sistema de partidos (histórica, además) ¿será el centralismo burocrático el eje articulador y de fortalecimiento de los partidos políticos en la pluralidad antes consignada en la que se organizan, o, será la opinión de las bases partidarias, independientes y territorializadas el valor que sustentará las definiciones, a propósito de más participación, más transparencia y de sentidos más colectivos?

Lo que sí es insoslayable, es que el territorio, en cuanto capacidad de movilización de las bases partidarias/ciudadanía SI importa. No sólo por el acto electoral, sino que por la vida institucional y no institucional de la cotidianidad. Pareciera plausible que la DC, el PS de Chile, el PC de Chile, el Partido Radical y el Partido Por la Democracia, son partidos institucionalizados con una concreta, o en algunos casos, con una imaginería territorial importante. Por su parte, el Frente Amplio, como conglomerado ya no emergente, demostró adscribir a la idea tradicional de los partidos en la necesidad y capacidad de movilizar sus bases para mostrar fuerza, sin perjuicio de las tensiones traducidas en renuncias de congresistas ([email protected] de Revolución Democrática) y partidos políticos como el Liberal. Por otra parte, en la derecha, han avanzado a la necesidad de mostrar su fuerza, por la vía de la participación interna (un tanto fallida).

Interesa en específico examinar, en cuanto desafío futuro, cómo los partidos (unos más territorializados y burocratizados que otros), se proyectarán con estos antecedentes, considerando la regionalización-descentralización que se avecina. A esto se suman los resultados del Informe de la Descentralización (2014), que por encargo de la Ex Presidenta Michelle Bachelet se ejecutó, consignando entre sus conclusiones y recomendaciones: “la necesidad de pensar en partidos políticos regionales con capacidad de conformación de pactos para integrar diversas coaliciones”.

Entonces la fuerza central, requerirá hacer uso de las consideraciones anteriores, dónde la opinión de sus bases (militancia y ciudadanía en general) debería ser considerada adecuadamente  v/s  el centralismo que tomó el poder y lo ejerció sin miramientos genuinamente territoriales. Esperaríamos que  las decisiones que se vienen apunten a obtener un mejor reconocimiento público, en la valoración de las candidaturas locales y regionales, como eje de constitución partidaria.  No hacerlo implicaría apostar por el centralismo y por aquello que representa el malestar social. Es un dilema partidario a resolver con los mayores grados de sabiduría territorial y experiencia política.

El segundo camino en el dilema, generaría como efecto, disminuir la representación partidaria, evidenciando los pesos electorales locales, lo que permitirá tensión centralista y unitaria de los partidos nacionales de nuestro sistema de partido, dando paso a nuestro entender a una emergente descentralización de la representación partidaria. Lo que traería luego la fragmentación territorial y/o la migración hacia otros referentes partidarios, movimientos sociales, o la formalización de nuevos partidos políticos, cuestión que nuestro ordenamiento legal, político y electoral no impide de llevar adelante, sin perjuicio de las barreras de entradas que tienen para el proceso.

Así, los partidos políticos nacionales y centralistas con sus fracciones territorializadas y burocratizadas están conminados a revisar sus procedimientos, ahora, tomando decisiones participativas, transparentes y colectivas, en favor de una mayor credibilidad social.

De lo contrario la fragmentación del sistema de partidos vía expediente de descentralización de la representación política (y no desconcentración, como es el actual), es un escenario plausible avalado por el sistema electoral proporcional. Se precisan referentes partidarios cercanos y creíbles, permitiendo una mejor canalización de lo que se ha venido a denominar Geografía de la Multitud, la cual en el Momento Constituyente societal y político, emergerá una y varias veces, precisándose más efectivas canalizaciones que las conocidas hasta el momento, ya que es el territorio de cuadra, barrio, comuna y región el que demanda mejor representación para el logro del bien común en una Patria y República más solidaria, fraterna y tolerante.

Esta columna se logró en co – autoría con

Hernán García, profesor de la Universidad Academia Humanismo Cristiano. Magister© Ingeniería Informática USACH. Diplomado en Big Data Universidad Católica.
Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH

[1] Ver en https://www.servelelecciones.cl/

[2] Ver en https://www.servelelecciones.cl/

TAGS: Geografía de la multitud

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Comentarios

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Pablo Zuniga

18 de Diciembre

Buen análisis , sin embargo la elitización de nuestras estructuras políticas a su vez la disociación de la comunidad, la incapacidad construir consensos vinculantes, la burocratización y un largo etc.. han producido desconfianza, desafección y por sobre todo incapacidad de impresión ante los errores brutales de esta autodenominada “clase” …. se debe participar obligatoriamente, en todas las elecciones es, un error dotar de libertad amparada en el interés que debe provocar las elecciones, mientras no se haga obligatoria, vinculante y con sanción fuerte al incumplimiento, nos daremos vueltas en lo mismo y nadie se sentirá siquiera “responsable ” de los malos o los buenos resultados…al menos de las políticas publicas.

20 de Diciembre

Pablo!, tiene mucha razón. Un análisis tiene que ver con la burocratización y elitización de los partidos políticos, situación muy bien descrita por Robert Michels y otros, respecto de cómo se complejiza la organización de los partidos políticos, es un desafío permanente, ya que el crecimiento de la desconfianza sobre este fenómeno, siempre ha existido y en estos tiempos, se hace más profunda y compleja. Coincido plenamente con Ud. respecto de volver al voto obligatorio. Ello proyecta una movilización mayor no sólo de los electorados, sino que también de las fuerzas políticas, clásicas y nuevas

Gracias por su comentario

18 de Diciembre

Interesante análisis, sumaria al centralismo la noción de Michels sobre la “ley de hierro de la oligarquía”, que al igual que a la ex concertación, le ocurre al frente amplio, la necesidad de profesionalizar sus tiendas políticas, para ser más competitivos electoralmente y demás razones. los han hecho “menos atractivos” respecto de ser una alternativa para la movilización ciudadana (electoralmente hablando). De ahí se puede explicar la inexorable mano de los “históricos” partidarios, llámese Escalona, Jackson, Walker, Larraín y otros, que impide la renovación de rostros, o la dificulta.

20 de Diciembre

Gracias Ignacio!, es un aporte el que ud hace a nuestra opinión junto con Hernán García. Es verdad, Michels es un buen descriptor de un fenómeno político y organizativo de los partidos políticos. Claramente, aquellos personeros que consigna, más otros se pueden explicar por este fenómeno que presenta Michels. Esta ley de hierro, será una constante, obligándose las organizaciones partidarias dotarse de institucionalidad que permita transparencia y democracia, siendo el territorio, un buen parametro para ello… un territorio democratizado por supuesto… ese es otro desafío!!!

Gracias Ignacio por su comentario a nuestra columna!

20 de Diciembre

Analizando la historia de los partidos políticos chilenos, ciertamente el fraccionalismo es un fenómeno muy recurrente. Esto se acentúa porque rápidamente el sistema de partidos chilenos se mostró como multipartidista ya en el siglo XIX.
También es cierto que el fraccionalismo a afectado mucho más a la centro izquierda, que a la derecha. La dispersión partidaria actual así lo constata. Nuestra derecha sigue estando conformada prácticamente por dos partidos, que de una u otra forma son herederos de la historia política de los siglos XIX y XX, sólo Acción Republicana se muestra cómo una fracción radicalízala de la derecha.
Por otra parte la dispersión histórica de la centro izquierda, expresada actualmente en dos coaliciones (ex Nueva Mayoría y Frente Amplió), nuevamente pueden redundar en una sobre representación de la derecha. En un coyuntura crítica para la historia política chilena del siglo XXI, eso sería un error contundente. Es momento de unidad, de moderación y de diálogo por el bien del país. Los personalismos, las fracciones y la dispersión deben quedar fuera.

21 de Diciembre

Sebastián!, agradecemos su enriquecimiento crítico e histórico a nuestra opinión. Chile, según indica el informe de la auditoría a la democracia del año 2014, se encuentra en una suerte contradicción histórica-política-geográfica, refrendada por una cultura política que determina nuestra organización política. Indica que el multipartidismo, no se morigeró con un sistema electoral binominal, el cual apuntaba por su operativa, al bipartidismo (las dos grandes coaliciones que pudieron derivar a dos grandes partidos generales, sobre todo la centro izquierda). El mismo consignó finalmente, que ello no fue posible, ya que las culturas políticas de los partidos no cedieron a esa situación, no sólo se conservaron, sino que no cedieron oportunidad a nuevos partidos significativos (se mantuvieron los que provenían antes del golpe de Estado del 73′). Ello explicó finalmente, la emergencia de una tercera fuerza coalicional como es el Frente Amplio, gracias a un nuevo sistema electoral como el proporcional ajustado (demandado y legitimado, además). Es un duro desafío el que se tiene, cuando de unidad se refiere, aunque estratégicamente necesaria… más cuando, además, existe voto voluntario!!!!

Gracias, otra vez

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