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La democracia representativa no me representa

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Hoy, el desmantelamiento de las formas tradicionales y arcaicas de representación política resultan inevitables para devolver la confianza a la ciudadanía.

La democracia representativa se ha hecho irremediablemente obsoleta en comparación con la velocidad de los medios de comunicación y las cambiantes preferencias y opiniones que se gestan y visualizan a través de las redes sociales e Internet en general. Tradicionalmente los partidos políticos han monopolizado la opinión de los ciudadanos durante la mayor cantidad de tiempo. Fundamentalmente dos grupos “discuten” entre sí por ya casi 200 años tratando de sacar el máximo provecho en ello y utilizando los medios de comunicación de masas para garantizar gobernabilidad.

La democracia fue una pequeña isla que existió en Grecia, y luego probablemente un poco en algunos lugares de Estados Unidos y Europa, aunque en mucho son todavía monarquías. La democracia ha sido el tránsito entre la monarquía y la élite (*) que amenaza convertirse en tiranía.

No es casual el control que hoy se ejerce a través de todo Internet utilizando como excusa el “derecho de autor” o la “lucha antiterrorista”, dependiendo de las condiciones locales de los grupos controlados. La tecnología permite desde hace un rato ya, salirse de ese control virtual en la red hacia el mundo real, mediante la geolocalización de personas a partir de la ubicación de sus celulares y el reconocimiento facial a través de cámaras de vigilancia en lugares públicos, también conectadas a la red.

A la crisis de gobernabilidad que hoy vivimos, la acompaña la esperanza de la élite política de que la ciudadanía ahora si vea que se atenderán sus demandas, y que ahora si ocurrirán los cambios. Sin embargo, el problema no proviene del éxito o fracaso del “modelo” sino de quienes lo han administrado sirviendo sus propios intereses, sumado a la existencia de la Internet que ha permitido al ciudadano común escapar de manera parcial al “mensaje político que se comunica” por medio de la televisión, junto con permitirle generar sus propias ideas, opiniones y preferencias respecto de temas en los que antes no le estaba permitido pensar, sino sólo votar.

Hoy, el desmantelamiento de las formas tradicionales y arcaicas de representación política resultan inevitables para devolver la confianza a la ciudadanía. Incorporar formas de democracia directa en que ciudadanos comunes sean escogidos por sorteo y de manera rotatoria para participar y opinar con un SI o un NO en las discusiones que se realizan en el Parlamento, daría un necesario respiro a nuestra asfixiada democracia, asegurando que están representados los intereses de la ciudadanía y no sólo los intereses  políticos y personales de los parlamentarios.

(*) Élite, clase dominante o de oligarquías

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Comentarios

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25 de Marzo

Estoy de acuerdo.
La democracia representativa es algo que no tiene porque continuar; está obsoleta.
Cuando se elige un diputado, que representa una nueva idea en educación, por ejemplo, no tiene porque ser representativo de esos mismos electores en temas como salud o economía. Por lo tanto, el hecho de tener gente que tiene que estar continuamente “sintonizando” con los electores es un problema..porque lo que busca es mantenerse en el puesto de representante, pero variando el discurso.
La Democracia puede ser directa (vía medios electrónicos), o al menos un avance sustancial sería la elección por sorteo de representantes que duren poco…de esa forma se evita la oligarquización.
Saludos

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