La abstención y la pérdida de poder del Estado-Nación - El Quinto Poder
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La abstención y la pérdida de poder del Estado-Nación

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Cuando hay quienes sobreviven en poblaciones tomadas por narcotraficantes a las que ni siquiera la policía entra; cuando los grupos económicos direccionan casi sin contrapeso el destino de nuestro país y con ello de nuestras propias vidas; cuando la corrupción escala hacia esferas cada vez más altas; cuando vemos como el Estado es cada vez más incapaz de cumplir con el rol para el que fue consagrado, nadie en su sano juicio nos puede pedir que concurramos prestos a las urnas.

El Estado-Nación es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes triunfos históricos de la política.  De data más reciente de lo que usted pueda creer, termina de conformarse recién con la caída de los imperios europeos y la época de relativa paz que sigue a las dos grandes guerras del siglo XX.  Es en este contexto cuando, al menos en occidente, la política toma un rol preponderante en la vida diaria de las personas comunes y corrientes como usted o como yo.

En momentos en que nos afanamos por encontrar explicaciones al bajo interés y participación ciudadana en asuntos políticos, vale la pena detenerse a examinar la progresiva pérdida de “margen de maniobra” de este Estado-Nación y, con ello, la pérdida de influencia de la propia política en nuestra vida cotidiana.

¿Sabía usted que las ventas anuales de General Motors equivalen al PIB de Argentina? ¿Qué Shell vende en un año el equivalente a tres veces el PIB de Chile? ¿O que Wal Mart, el gigante estadounidense del retail, tiene ventas anuales superiores al PIB de 160 de los 193 países que conforman la ONU? En términos más generales, y si tomamos a empresas y países como “unidades económicas”, más de 60 de las 100 principales “unidades económicas” del mundo son empresas, no países. ¿Es esto malo per se?  Tal vez no, pero concordará usted conmigo en lo complicado que puede llegar a ser para muchos países contraponer los intereses ciudadanos a los de empresas que tienen un peso tan brutal en la economía, o en la dificultad de diseñar estrategias de desarrollo que no estén en línea con lo que postulan estos verdaderos monstruos a escala mundial.

No solo los jugadores globales han mermado la capacidad del Estado-Nación para conducir el desarrollo de los países.  Basta para observar la realidad de nuestro Chile y ver la preponderancia que en la vida pública, que es el espacio natural de la política, han adquirido los grandes grupos económicos.

Los grupos armados ligados a las guerrillas al crimen organizado son otros actores que disputan el espacio de acción del Estado. Quizás el ejemplo más contundente para graficar esto, por la cercanía geográfica y temporal, sean las FARC. Financiadas principalmente por sus operaciones ligadas al narcotráfico, robo de ganado y cobro de rescates por secuestro, se estima que llegaron a tener entre 15.000 y 20.000 hombres en armas, permitiéndose en la práctica gobernar en amplias zonas geográficas de Colombia. Si bien nunca tuvieron el control de grandes centros urbanos, sí tuvieron presencia e influencia en 24 de los 32 departamentos del país, y su poder fue tal que forzaron al gobierno de Andrés Pastrana a la creación de una “zona desmilitarizada” de cerca de 40.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale aproximadamente al tamaño de Dinamarca, en la que el Estado, sencillamente, no tenía nada que hacer.

La triste realidad que hoy vive México, con un Estado absolutamente sobrepasado por grupos que muchas veces están mejor entrenados y armados que las propias policías, es otro ejemplo más de aquello, y el reciente reportaje que hizo CIPER sobre las poblaciones tomadas por narcotraficantes en Chile nos recuerda que es también una realidad bastante más cercana de lo que nos gusta creer.

Sobre la “Crisis del Estado-Nación”, concepto que pese a todo lo anterior no comparto, se ha escrito y discutido mucho.  Pero la óptica de la gobernanza global que ha permeado dicho debate no pone el suficiente énfasis en la pérdida de legitimidad que, frente a la ciudadanía y producto de su mermado impacto, sufre la institucionalidad política.

Fue el racionalismo el que creó el concepto moderno de ciudadano, y es este ciudadano el que luego de largas y sucesivas luchas lega a la humanidad el Estado-Nación y le otorga la potestad para actuaren función del beneficio y bienestar comunes o, como dice la Constitución de los EE.UU. “establecer justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad”.

Cuando pocas generaciones más tarde hay quienes, condenados a la esperanza, sobreviven en poblaciones tomadas por narcotraficantes a las que ni siquiera la policía entra; cuando los grupos económicos direccionan casi sin contrapeso el destino de nuestro país y con ello de nuestras propias vidas; cuando la corrupción escala hacia esferas cada vez más altas; cuando vemos como el Estado es cada vez más incapaz de cumplir con el rol para el que fue consagrado, nadie en su sano juicio nos puede pedir que concurramos prestos a las urnas.

Por desgracia el debate es estrecho.  No es nuestra clase política, no es la educación cívica ni tampoco nuestro sistema electoral lo que nos va a permitir salir de este estado de disociación socio-cultural que Durkheim y Merton denominaron anomia.  Lo que necesitamos es volver a pensar la sociedad que queremos, volver preguntarnos sobre los fines y esperanzas de los miembros de nuestra sociedad, y volver a definir las normas y los medios que nos permitan alcanzar esos fines.  Y reconstruir nuestro Estado.

——-

Foto: Truthout.org / Licencia CC

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Comentarios

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Carlos Huerta

16 de noviembre

Excelente columna.
En muchos países la política es pragmática e incluso cumple un papel irrelevante en los problemas sociales. Tomando uno de los ejemplos que mencionaste: Conozco muy de cerca el caso de una chica que tuvo que escapar de México porque fue amenazada con ser raptada y violada en frente de su familia. Ahora ella vive aquí en Alemania y aún teme por su familia. El estado no tiene ningún plan de control, todo lo contrario, las bandas organizadas controlan a la policía a cambio de no atacarlos por las noches. Es un tema difícil que no pasa ni por motivación ni por vocación de servicio, va definitivamente mucho más allá del control político actual.

19 de noviembre

Hay una serie de cuestiones estructurales, que tienen que ver con el propio concepto y rol del Estado, que hay que revisar, creo yo. Tiene razón usted en que es un tema muy complejo.

Saludos

@Sergio_Gunner23

16 de noviembre

Excelente post y una realidad que ciertamente es triste y de la cual y peor aún no se ve salida.

19 de noviembre

Yo creo que la salida es ponerse a discutir en serio sobre una nueva Constitución.

Saludos

Juan Eduardo Romero Espinoza

16 de noviembre

Formidable tu análisis!!…lo difundiré!!…

19 de noviembre

Difundir la palabra debes

cristobal nuñez

16 de noviembre

y que se supone que hay que hacer? que el estado expropie todas las empresas? eso ya lo hicieron los comunistas y fue un FRACASO!

19 de noviembre

Ok

16 de noviembre

La gente se olvida de que no existe más ley natural que la ley de la selva. Lo que para nosotros es común y corriente (el Estado de Derecho) es todavía una endeble conquista que sufre los embates de intereses de la más diversa índole. Preclara nota don @HEMO_REUTERS

19 de noviembre

Lo irónico es que tenemos un Estado precisamente para que no prime le ley de la selva. Es una cuestión importante esta pérdida de influencia del estado y la política a la hora de entender las razones más profundas detrás de la poca confianza y participación de las personas en asuntos políticos, creo yo.

Saludos

Johanna gamboa

17 de noviembre

Politica un tema complejo que me interesa poco, sin embargo puedo decir que la abstención en estos tiempos no deberia existir, simplemente porque eso solo lleva a que los pocos que asisten a las urnas decidan por nosotros. Yo creo que hay pocos que realmente quieran ayudar al pueblo o mejorar un estado, se rigen más por los intereses propios o de su partido que por lo que de verdad han prometido durante su campaña electoral, sino miren lo que paso con españa, es un buen ejemplo de aquello. estamos sumidos en una crisis social importante, donde se ven dramas tremendos, 156 desahucios diarios, mas de cinco millones de parados. Y al gobierno solo se le ocurre una cosa, apretar más el cinturón a los que menos tienen. Tal vez lo merecemos pero este país es asi, escogieron a los socialistas cuando la guerra de irak porque PP mentia a los ciudadanos, ahora cambiaron a los populares porque los otros lo hicieron muy mal, ahora todos se echan a la calle para tratar de remediar sus decisiones, ya no hay vuelta atrás. El pueblo elige. Para bien o para mal, no se puede obligar al presidente y su gabinete a que cumplan sus premisas.

19 de noviembre

La política es una actividad bien noble, el único problema es que está llena de políticos.

Saludos

17 de noviembre

Muy buena columna. Muy impresionantes los datos:
Incluso cuesta creerlos, ya que, de ser ciertos, (o cercanos a la realidad) presentan un panorama muy extremo y peligroso. No dudo para nada del columnista, pero para poder discutirlos con mayor seguridad, me gustaría conocer la fuente de los mismos.
Cito:
“De las 100 mayores economías del mundo, 60 no son países: son empresas privadas”.

El autor indica que esto no necesariamente es malo per se. Pero, yo opino que si es malo, per se, (es decir por los propios defectos de su naturaleza), y no solo malo, sino que muy malo.
La razón es que los recursos naturales y económicos disponibles en determinado momento en cualquier parte del mundo son siempre limitados y es evidente que si, más de la mitad de las mayores economías del mundo son empresas privadas, existe una competencia directa por los recursos del mundo entre las naciones y las corporaciones y estas no son buenas noticias para los ciudadanos de las naciones del mundo.
No son buenas noticias, porque los objetivos y la disposición de los recursos son muy diferentes en una nación que en una corporación.
De hecho son radicalmente opuestos.

El objetivo de una nación es el bien común. Esto implica el reparto de los bienes y de las oportunidades de la manera más equitativa posible, con especial preocupación a que no se queda nadie afuera del “reparto de la torta”.

El objetivo de una corporación es el bien privado del individuo, o grupos de individuos que son sueños de dicha corporación. Esto implica que su primerísimo objetivo es maximizar las ganancias, acaparando la mayor cantidad posible de recursos naturales o económicos bajo su propiedad privada (es decir: fuera del alcance del resto de los ciudadanos) Esto lleva inevitablemente a una especial preocupación en repartir LO MENOS POSIBLE de “la torta” con nadie más. Y a ello destinan la totalidad de sus recursos.

Como los recursos disponibles son siempre limitados, estos dos objetivos están siempre en conflicto. Esto es evidente e innegable.
Es muy simple: A más recursos del mundo acaparados por las corporaciones; menos recursos disponibles para los estados y por lo tanto para sus habitantes.
Si a esto le sumamos 2 hechos:
A) Que la inmensa mayoría de los habitantes del planeta son ciudadanos de una nación y la inmensa minoría son dueños de una corporación y..
B) Que las naciones están circunscritas a sus fronteras puntuales y los recursos que estas contengan, amarrando así su destino al cuidado de dichos recursos, mientras que las corporaciones no tienen patria (más que nominal) y no están circunscritas a fronteras, de manera que al agotar los recursos disponibles en un punto del planeta simplemente se mueven a otro punto, sin sufrir las consecuencias de dicho agotamiento de recursos.

Tenemos un panorama de pésimo pronóstico para el provenir de la gran mayoría de los habitantes del planeta, si es que no logramos someter a las corporaciones a las mismas reglas básicas de bien común que rigen a todos los habitantes del planeta.

Y esa es, en muchos casos, la razón de que las naciones no puedan cumplir su promesa de bienestar a sus ciudadanos. Que las corporaciones extraen inmensas cantidades de recursos y devuelven siempre lo menos posible. Tienen ejércitos de abogados especializados en disminuir el pago de impuestos, tanto como sea posible ( y si es posible disminuirlos a cero)
Y por eso es muy comprensible, que en el caso de Chile, la población al percibir que básicamente solo puede optar por 2 coaliciones, pero que no importa cual ocupe la moneda o la alcaldía, de todas maneras siguen mandando los grandes empresarios, la población reaccione desvalorizando un derecho al “show del voto” que en realidad no le permite influir casi para nada en la marcha del país.

Sin embargo esa debe ser solo nuestra primera reacción. No podemos quedarnos solo con ella, porque es evidente que el rechazo al voto, por si solo, tampoco nos va a permitir cambiar la situación. Debemos encontrar cauces que nos permitan influir en nuestro destino.

Y los hay.
Siempre los hay.

La situación actual NO ES BUENA. Es el mismo caso que se da en el cuerpo humano cuando un pequeño grupo de células deja de comportarse en función del interés común de todo el cuerpo y comienzan a crecer sin control, ocupando el espacio y agotando los recursos que estaban destinados a soportar la vida de todo el cuerpo.

Esa enfermedad se llama CANCER.
Y si no se controla a tiempo, sabemos como termina.

Eduardo Erlandsen

19 de noviembre

Bueno, entiendo perfectamente su malestar y preocupación. El objetivo de mostrar una realidad así no es teorizar sobre la conspiración ni mostrar al mundo al borde de un profundo abismo, pero es evidente que, a estas alturas, hay que revisar el propio concepto de sociedad que queremos.

El de Estado, o incluso su propia naturaleza, es un tema entre otros que requieren de concensos amplios y estables en el tiempo, ok, pero es no significa que sean inmóviles , estáticos ni, que yo sepa, que alguien o algo los sacralizara y diera el debate sobre ellos cerrado para siempre.

Hay que atreverse a revisar otras varias cuestiones bien profundas y casi intocables en nuestra sociedad como, por ejemplo, el concepto de propiedad, su función social, en particular lo referente a dos temáticas bien peliagudas, como la propiedad de la tierra y la vieja discusión sobre capital y trabajo.

Lejos lo que más me gustó de las movilizaciones por la educación es que se trataba, precisamente, de un debate ideológico, que enfrentaba conceptos de sociedad distintos, y no solo es bueno, sino que es necesario y urgente que seamos capaces de discutir y hacer nuevos tratos sobre lo que los miembros de esta sociedad queremos como tales, sobre nuestros anhelos, sobre las normas y medios que queremos para cumplirlos. Y, entre otras cosas, necesitamos una nueva Constitución.

Saludos

21 de noviembre

Bastante interesante y completo el análisis Jorge. Creo que la concentración de mercado y de la propiedad de las empresas que dominan estos mercados concentrados es al menos desmotivante. Si uno observa lo propio en politica, con apellidos reiterados, tambien lo es.

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