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Iván Fuentes y el arte de infantilizar a los pobres

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Al conocerse el financiamiento irregular de la campaña de Iván Fuentes por medio de conversaciones que habría hecho Patricio Walker, quien es considerado como el “padrino político” del ex dirigente sindical, todos reclamaron poniendo el grito en el cielo. No se salvaba ninguno, gritaban enfurecidos, ni siquiera ese hombre al cual la pobreza y el hablar rústico lo hacían ver como un hombre bueno según los ojos de ese progresismo cada vez más derechista que habita en nuestras tierras.

Los medios se centraron solamente en Fuentes. Le pusieron una cámara en la oficina y prácticamente la impusieron la obligación de hablar. Al parecer su proveniencia de clase lo hacía más apto para ser material de ese incisivo periodismo que muy pocas veces se ha enfrentado al verdadero poder. Ese oficio que habitualmente trabaja más a favor del ego de los periodistas que de las noticias y hechos reales.


La política debe ser hecha por políticos, con virtudes y defectos, que sepan lo que están haciendo o que se equivoquen. Y Fuentes se equivocó, y gravemente.

¡Era un golpe noticioso! Exclamaban muchos. Nadie es tan puro, decían otros mientras reconocían que realmente nunca habían encontrado tan buen político a Iván. Era demasiado emotivo, muy llorón, y de los llorones siempre hay que desconfiar, aseveraban quienes creen que es mejor de desconfiar de todo y todos antes que ser un iluso ciudadano.

¿Y Patricio? Bien, gracias. Ahí está, trabajando en el Senado. ¿Pero él no tiene gran responsabilidad por lo que ha pasado? Sí, pero bueno, es Walker. Y muchas veces es mejor ser más duro con un Fuentes que con un Walker, ustedes entienden.

Y es que es cierto: Fuentes es más inexperto que Patricio Walker. Con esto no quiero exculpar a nadie, sino constatar una realidad, ya que la inexperiencia alimenta el oportunismo de otros. Sobre todo de quienes quieren ser superestrellas de lo que sea. Como por ejemplo el senador DC, quien vio la oportunidad y metió a un pescador artesanal al Congreso para así hoy restregárnoslo en nuestras caras cuando dudamos de los métodos por los que consiguió dinero para financiar su campaña.

Pero Iván no es tampoco tan santo, porque nadie tiene que serlo. Personalmente no quiero santos en el hemiciclo, porque no creo que deban hacer nada en un lugar en donde se hacen leyes y no textos sagrados (aunque convengamos que quienes escribieron estos últimos tampoco son fueron muy santos que digamos). Al contrario, la política debe ser hecha por políticos, con virtudes y defectos, que sepan lo que están haciendo o que se equivoquen. Y Fuentes se equivocó, y gravemente.

Tal vez lo molesto es que como sociedad prefiramos centrarnos en su equivocación y casi obviar el acto consciente de Walker. Es como si le diéramos más licencia a este último para actuar según el lugar en que nació. Como si fuera más autónomo que Iván porque todavía creemos que los verdaderos adultos son los que poseen influencia, clase y un cierto estatus que le dio la sangre que corre por sus venas. ¿Y los pobres? No, ellos son cabros chicos y como tales hay que regañarlos, hacer que se arrepientan de sus hechos ante todo el mundo para que así aprendan de la humillación. Pero no sólo eso. También hay que defenderlos como si no pudieran hacerlo solos ya que estamos seguros de que su condición los hace más frágiles y la mejor manera de asegurarnos de que sigan así de frágiles y no se “alcen”, es mirarlos con condescendencia.

Así somos, o por lo menos así es el relato oficial, ese que conduce el pensamiento ideológico y lo transforma en conductas o en el  “sentido común”, como le llaman algunos a sus ideologizadas posturas ante la vida.

¿Qué hacer? Lo más sensato es esperar que la justicia actúe y así establecer las verdaderas responsabilidades de los personajes involucrados. Pero, como sabemos, en estos días la sensatez no tiene muy buena prensa.

TAGS: Financiamiento de Campañas Iván Fuentes

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