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Huelga de hambre en Punta Peuco: valores y justicia

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A propósito de la huelga de hambre que tiene sumidos en la incertidumbre a 34 mapuches, Andrés Chadwick daba señal de que “otros” podrían presionar al gobierno con estas medidas de fuerza. Entonces, supe que algo venía. Y claro, era cuestión de tiempo, de fechas apropiadas, de jugadas estratégicas. No en vano, su sector no ha dicho “esta boca es mía” en esta materia. Están dejando solo al Presidente.

Se declararon brevemente en huelga de hambre por “compromisos incumplidos”, los criminales de lesa humanidad de la Cárcel de Punta Peuco, construida ad hoc por el gobierno concertacionista para mitigar los “daños” de la justicia.

No me referiré, como los medios, de “militares” presos por violaciones a los Derechos Humanos. Yo hablo de CRIMINALES DE LESA HUMANIDAD FINANCIADOS POR EL ESTADO CHILENO. Y no hablo de militares, porque los uniformados activos tienen el derecho a no ser implicados en tan nefastos acontecimientos a manos de ex militares, de ex CNI, de ex DINA. Entonces, los criminales que alguna vez  vistieron uniforme, los que actuaron por órdenes superiores, tan criminales como los ejecutores de crímenes, para mí, dejaron hace rato de ser militares y pasaron a ser criminales. Lamentablemente, las instituciones armadas nunca los han degradado oficialmente, para cerrar un ciclo de limpieza interna.

Los mapuche, con cuya condición quieren homologarse los criminales de lesa humanidad financiados por el Estado (CLHFE, abreviaré) para sacar ventajas de su confinamiento, no pueden ser comparados con estos criminales, aunque hayan cometidos delitos, puesto que:

1.       Los hombres de la tierra jamás han sido usurpadores, sino usurpados.

2.       No se les puede entender como “despojadores”, sino como “recuperadores”, aunque sea mi tátara tátara abuelo la causa primaria de mi propiedad amenazada. Los despojadores reales actuaron con la anuencia estatal. El Estado debe reubicar a esos descendientes de usurpadores y devolver las cosas a su condición previa, natural, indemnización mediante, a quien y si correspondiese.

3.       Nunca se les ha comprobado financiamiento por parte del Estado o de organismos extranjeros, ONGs o Estados.

4.       Se ha pretendido buscar nexos justificativos de financiamiento para determinar el delito de asociación Ilícita, como tarea obcecada del Estado y no lo han podido demostrar (esto solo es suficiente para que NO opere la Ley Antiterrorista).

5.       Las acusaciones a detenidos NO mapuche, los winka, formalizados por razones tan diversas como etéreas, se han caído sostenida e irremediablemente, como en el caso de la documentalista Varela.

6.       El poeta vasco, aún detenido, no tiene comprobaciones demostrables de culpabilidad alguna y la Justicia se da plazos “curiosamente” amplísimos para demostrar aquello que en principio es asegurado por diversos sectores interesados.

7.       Hasta el pakistaní que olía a complot en su ropa ya no ocupa titulares en los medios ni ministros implacables y “certeros” en pantalla.

La enumeración podría ser enésima. Sin embargo la precitada ya es suficiente. No emitiré opinión acerca de la cuestión mapuche porque acá me ocupo de la cuestión Peuco.

El Presidente tiene una oportunidad histórica para firmar sus dichos de campaña y, ahora, los emitidos en ejercicio de la primera magistratura de la nación, ad portas del Bicentenario. Diría que, nuevamente el destino, el devenir, los hechos le ponen elementos en bandeja para salir airoso con una mano de justicia.

Desde la ética, desde el bagaje de valores morales (more, costumbre) que permiten a una persona determinar comportamientos apropiados, correctos (propios o ajenos), más allá de si son legales o ilegales, porque hay actos ilegales que son éticos y actos legales que se apartan de la ética o son inmorales. Desde esta perspectiva, le han regalado al Presidente una herramienta irrebatible para discriminar entre el bien y el mal; entre las acciones criminales desde el Estado y desde la Comunidades; entre quienes se asocian concertada, financiadamente para exterminar, matar, detener, desaparecer compatriotas, valiéndose de los aparatos del Estado y, oh, luego de detenidos, luego de neutralizados, luego de que no tienen maniobra posible, luego de que tenerlos preso era probablemente suficiente; compararlos digo, con quienes actúan en la forma ya conocida, con atentados contra la propiedad “usurpada”, o de sus “usurpadores”, y que ni siquiera están demostradas, tanto, que la Justicia ha debido “darse” tiempo amañando
una Ley Maldita que tampoco les dará la razón, en la mayoría de los hechos.

No puede, por ética, por moral, equipararse un “CLHFE” con un comunero confinado a tierras estériles como moneda de cambio, ante la usurpación amparada desde el Estado, desde siempre; porque fuimos los triunfadores, los dominadores. Como triunfadores nos dimos el marco legal, jurídico para hacer aparecer todo lo que pretendan los mapuche, como ilegal, ilegítimo. Pero claramente, no soportamos la ética, la moral.

El Presidente de la República tiene una oportunidad histórica, única; irrepetible. Tiene el momento preciso, apropiado, justo, contextualizado en el Bicentenario, para hacer lo que NADIE supo hacer, por falta de valor o porque se leería como daño económico proferido por quienes padecen frustración, envidia o promueven luchas de clases. Este Presidente no tiene ese peso, ese karma y tiene el poder desde la magistratura, desde la riqueza, desde la tenencia, demostrar que si se quiere, se puede.

Devolverles la vida a los 34 mapuche. Reestablecer la ética y la moral con los CLHFE. Poner fin, en el Bicentenario, al daño centenario que hemos infringido a los hombres de la tierra, hoy está una las manos voluntariosas del Presidente de la República, Sebastián Piñera, con este regalo patriótico que nace desde Punta Peuco.

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Foto: El rincón de los Canallas – martinsjonathan / Licencia CC

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15 de septiembre

Poco queda que agregar, clarísimo el punto, y claro es una tremenda oportunidad para un mandatario que le gusta lucirse, aunque genere anticuerpos en sus adherentes o UDI. Está difícil sí, porque sus partidarios siguen calificando de terroristas a los mapuches que reivindican tierras, todo por la defensa de la propiedad privada de empresas q generan riquezas en la Araucanía donde la mayoría vive en la pobreza.

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