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Hora de definiciones para el nuevo ciclo político

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para los que nos sentimos de izquierda, la tarea es doble, primero convencernos entre nosotros de un camino de acción, más menos consensuado, dejando de lado tanto los minimalismos como los maximalismos.

El pasado 8 de julio, no fuimos pocos los sorprendidos con el ya mentado acuerdo tributario entre un sector de la Nueva Mayoría, la Concertación, y la Alianza representada por sus dos partidos más grandes RN y la Udi, la imagen del 2006 fue inevitable en la retina de muchos.

Luego, quedarnos en las pataletas circunstanciales por tal afrenta al sentido republicano y la democracia de poco y nada nos sirve, más aún si consideramos la historia de nuestro Chile Republicano, un país que desde antes y durante la República se ha caracterizado por el menosprecio de las clases dominantes a lo que en su momento llamaron el bajo pueblo, ese  mismo sector social que con el paso del tiempo hoy llaman simpáticamente clase media.

Para entrar en materia, y sólo para contextualizarnos históricamente, lo ocurrido con el Presidente Balmaceda y su suicidio en la embajada argentina después de perder la Guerra Civil de 1891, abre formalmente un nuevo ciclo político que culminará por allá en 1925, por dar una fecha hito, con la firma de la Constitución Política firmada por el Presidente Alessandri.

Recurro a éste ciclo político porque es durante éste periodo que liberales y conservadores otrora férreos oponentes, comienzan a encontrar puntos en común. Con la consolidación en la política nacional de nuevos referentes que optan por representar las capas medias y bajas de la sociedad. Y el consiguiente cambio de eje, de lo valórico a lo económico. Es en este periodo donde el Partido Radical se consolida y comienza a generar las armas que lo llevarán a encabezar el Gobierno en 1938, pero para llegar ahí falta algo de historia.

La consolidación del Partido Radical en el escenario político chileno, marca dos cosas. Primero, el encasillamiento de las fuerzas liberales junto a los conservadores en el ala derecha de la política nacional y, por otra parte, el surgimiento de Partidos políticos que buscaban representar los intereses de las clases más vulnerables. Dicho cuadro se manifiesta claramente después de la Gran depresión que sumergió a Chile en la Gran Crisis del 31 y 32, el segundo Gobierno de Alessandri y las fuerzas políticas que allí confluyeron.

Le dedico un párrafo al comportamiento errático del Partido Radical, centro político, en este período, entrando y saliendo del gobierno de Alessandri en reiteradas ocasiones, molesto por las medidas economicistas del ministro Ross, el cuál efectivamente logra sacar a Chile de la crisis pero a un costo social altísimo.

Dicho comportamiento económico, llevado adelante por liberales y conservadores durante ese periodo de la Historia de Chile, conlleva que el Partido Radical busque alianzas con los nacientes partidos de Izquierda, Socialista y Comunista, no sin antes una señal potente del mundo sindical con la creación de la CTCh en 1936, esto posibilitó una correlación propicia para que el centro político de ese entonces se acercará a la izquierda para generar lo conocido como el Frente Popular.

Como es sabido, el Programa de Gobierno de Pedro Aguirre Cerda, lejos de la Revolución Política, se centro en dos cometidos principales, a saber, fortalecer el sistema educativo y por otra parte el desarrollo de la industria nacional, lo último motivado por la experiencia reciente de la “Gran depresión” y los estragos que había generado en la economía nacional el alto grado de dependencia a las exportaciones.

El recuento histórico citado, carente de detalles y dobles interpretaciones, por cierto, destaca con un hecho puntual el comportamiento del centro político en Chile en un periodo particular de la historia, podríamos hacer el mismo análisis del 58 en adelante, pero la falta de visión histórica llevaría el debate a otras postrimerías, con todo y retomando, el comportamiento del centro ha sido titubeante y ha apostado por intentar encontrar un equilibrio, entre la caridad consciente y la resignación obsecuente, esto en la idea de buscar la paz social por medio de acuerdos sociales amplios, sin vulnerar la esencia de la política del capital. Los traumas desde 1851 a la fecha han sido suficientes como para saber que el poder económico reacciona cuando se siente amenazado y esto el centro lo tiene claro y ha actuado en consecuencia.

Por lo mismo, para los que nos sentimos de izquierda, la tarea es doble, primero convencernos entre nosotros de un camino de acción, más menos consensuado, dejando de lado tanto los minimalismos como los maximalismos, poniendo la praxis más que la verborrea y leyendo bien el escenario en el que nos corresponde desenvolvernos.

Luego tenemos una tarea hacia el centro, entendiendo la desconfianza histórica de los sectores de izquierda hacia este sector peculiar del espectro político, pero hay que ser objetivos, cuando la izquierda se ha quedado sola, las políticas impulsadas por este sector, sin importar quien lo represente, han sufrido serios retrocesos.

En lo primero, la ruta se ve compleja, desde comienzos de 1900 que las distintas facciones de la izquierda separaron aguas, nadie pretende hacer juicios comparativos de que técnica o método de acción ha sido más efectivo, por lo que simplemente me abocaré a destacar la necesidad del establecimiento de caminos comunes mínimos a la hora de llevar adelante tal o cual plan de acción. Esto es imprescindible para evitar que la acción de la derecha sobre el centro haga retroceder  sentidos comunes que parecían ganados, ejemplo fin al lucro.

Luego, si es que logramos conciliar posturas mínimas viene el establecimiento y demostración de una gran fuerza social, lo suficientemente atractiva para que el centro en su afán burócrata no huya a refugiarse en la derecha y lo suficientemente inteligente como para plantear y saber defender los puntos programáticos para seguir avanzando en un futuro gobierno.

En cuanto a la identificación del centro, me inclino a pensar que  se terminará fortaleciendo un centro político de características laicas, ahora debo reconocer que dicha inclinación está contaminada por una predilección personal. En lo real y tratando de dejar los deseos personales a un lado, creo que la DC al igual que la izquierda está en un momento histórico de definición, tiene la oportunidad de transformarse en el gran pivote de los cambios que este país necesita, emulando al PR del 1938, o se verá consumida por su alma máter, el conservadurismo criollo, esa es la  definición que les corresponde a ellos, no obstante creo que la DC después de lo vivido tiene claro que cuando se tranza con la derecha es la derecha la que  gana.

Como sea, es un periodo significativo, consolidamos una fuerza de izquierda capaz de avanzar paulatinamente hacia verdaderas transformaciones de nuestro país o simplemente nos sentamos a ver como esa vieja alianza entre liberales y conservadores, hoy disfrazados con otros nombres por cierto y cuyas redes llegan más allá de la propia Alianza, sigan dominando los destinados de esta larga y angosta faja de tierra.

TAGS: Nuevo ciclo político Política de los consensos Reformas

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