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Gasto sudamericano en defensa: hacia más integración

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Hace unas semanas se dio a conocer en Quito el Registro Sudamericano de Gasto de Defensa (en su avance preliminar), elaborado por el Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa (CEED), organismo con sede en Buenos Aires y creado en el marco del Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) de UNASUR.

El Registro de Gasto de Defensa es un resultado del plan de acción 2009-2010 adoptado en la constitución del CDS, en marzo 2009 en Santiago, en la línea de incorporar transparencia en este tipo de información. Recordemos que el CDS (que funciona a nivel de Ministros de Defensa Nacional) se creó en plena crisis generada por el bombardeo de la base de la FARC en territorio de ecuatoriano y que tensionó las relaciones entre Colombia, Ecuador y Venezuela.

En mayo de 2010 el CDS acordó crear el grupo de trabajo que ha avanzado en los aspectos técnicos y en el diseño del sistema de “medición de los Gastos de Defensa en nuestros países sobre una base común y de aceptación general”. Este trabajo tenía un importante y muy útil antecedente en la metodología sobre gasto en defensa que CEPAL había elaborado, a petición de Argentina y Chile, cuyo informe se conoció en 2005.

En el marco del CDS se ha hecho un interesante y productivo trabajo de consensuar definiciones y generar una metodología, para arribar a algunos resultados preliminares de alto interés para la región. Es así como se ha acordado que se entiende por gastos en defensa a “todos los recursos asignados por el Estado, así como también la asistencia externa (monetaria y no monetaria), destinada al financiamiento de las actividades que comprenden la seguridad exterior de la Nación. Esto incluye el gasto de los Ministerios de Defensa, sus organismos dependientes, las FFAA y toda otra agencia del sector público cuya función prioritaria sea la Defensa del país frente a desafíos externos”. Las cifras que se consideran son las que reflejan el gasto efectivo final de los gobiernos y no los establecidos en los presupuestos o en otras fuentes.

Los años considerados en este primer informe son 2006 a 2010.

Estas estadísticas muestran un gasto total en sudamérica, en los 5 años considerados, de US$ 126 mil millones, correspondiendo casi el 44% al gasto de Brasil, un 17% a Colombia; 10,7% a Venezuela, 9% a Chile; 8,3% a Argentina; 4,5% a Ecuador y 4% a Perú. Los demás países figuran con un gasto en defensa equivalentes a 1 o menos % del total subregional.

A nivel global, el gasto se ha mantenido del orden del 0.91% del PIB, como promedio en los años considerados, con alteraciones que van de un 0.86% en 2007 y el 0.95% en 2009. Como porcentaje del PIB nacional, los que lideran estas estadísticas son Ecuador (2,74%); Colombia (1,89%); Surinam (1,49%); Bolivia (1,47%); Chile (1,40%);  y Uruguay (1,06%). Perú destina 0.89% de su PIB, mientras Brasil 0,77% y Argentina 0,74%. En cuanto al gasto fiscal de la región sudamericana, el promedio para los 5 años es de 4.14%; mientras el gasto en defensa por habitantes ha sido de US$ 67,4, alcanzando su peak el año 2010 con US$ 86,86 promedio regional anual.

Otro dato interesante que emerge de este primer estudio subregional es el “objeto del gasto”. Al respecto, para igual período, casi un 59% se ha destinado a personal; un 23.5% a operaciones; un 17,3% a inversiones y un 0,5% a investigaciones.  En el ítem “inversiones”, un 45,2% se destina a sistemas de armas; un 12,3% a infraestructura y 42,5% a otro equipamiento. Desde la perspectiva del aporte tecnológico de la industria de la defensa a la economía nacional y subregional, debiera preocuparnos lo poco que se invierte en “investigación”, la que constituye una posible área de cooperación futura, donde se debiera integrar a las universidades de la región. Recordemos que cuando se habla de investigación científica y tecnológica en las instituciones armadas, no se refiere sólo a temas de armamentos sino que a muchas áreas del saber.

Este primer esfuerzo es extraordinariamente importante. Aún cuando se pudiera pensar que hay insuficiencias de los datos usados y que se la requiere desagregada (lo que debiera conocerse pronto), el solo hecho que se haya iniciado este proceso es un salto cualitativo en el acceso a este tipo de información y será la base para avanzar sustantivamente en la creación de confianzas entre los países de la región sudamericana.

Aún persisten demasiadas suspicacias y distancias producto de diferencias en materias limítrofes entre algunos países. Esto generó la fundamentación para que haya existido un cierto secretismo en este tipo de información, fundamentado en los intereses nacionales. En efecto, la desconfianza y falta de espacios de acercamiento en materias de la defensa nacional han sido la tónica por mucho tiempo. Son conocidos los esfuerzos para crear esos espacios en el marco del TIAR, en Programas de Asistencia Militar; de los encuentros de Comandantes en Jefe de los Ejércitos, de Estados Mayores y de otras ramas y, más recientemente, de las reuniones regulares de Ministros de Defensa de las Américas. Todos estos escenarios han levantado suspicacias y críticas, fundadas o no, de algunos gobiernos de la región. En general, han sido consecuencias de la Guerra Fría. Lo cierto, es que no se han constituido en los espacios que faciliten la relación entre los gobiernos y sus FFAA en el ámbito regional. El CDS es el primer instrumento, de iniciativa de los países de la región, que está logrando constituirse en el escenario adecuado para tratar estas materias.

Por esto, el surgimiento del CDS ha sido un salto de carácter histórico. Cuando los Presidentes de UNASUR tomaron la decisión, en 2008, bajo la Presidencia pro témpore de Michelle Bachelet, estaban apuntando al corazón mismo de las reticencias en los procesos de integración. ¿Cómo podremos avanzar en la integración económica y comercial si hay dudas fundamentales en temas de los proyectos y de las proyecciones nacionales? ¿Cómo se va a progresar en integrarnos en materias energéticas y de infraestructura, si esos mismos sistemas integrados se pueden transformar en mecanismos estratégicos para darle curso a las eventuales desavenencias y conflictos con sus vecinos? En esto radica la enorme relevancia de este trabajo en el marco de UNASUR.

Se trata de cifras que podrán ser precisadas, corregidas y/o complementadas en un futuro. Pero es un excelente inicio de algo mayor: un paso fundamental en la creación de las confianzas mutuas en el área más compleja y sensible. No deja de ser llamativo que sea, justamente, en esta área donde se esté avanzando más. La creación de confianzas sobre la base de un mayor conocimiento mutuo en defensa, debería tener como objetivo reducir el gasto global y nacional destinado a este rubro.

Seguir avanzando en esta integración y medidas de transparencia y sinceramiento es el único camino correcto que facilitará la integración real entre nuestras naciones y nuestros pueblos. Ello demanda una fuerte convicción de la necesidad y beneficios estratégicos que reporta una región de paz y estabilidad, con democracias sólidas y concentradas en su desarrollo económico y social, en un marco de buenas relaciones vecinales. ¿Existe esa convicción en la alianza que gobierna al país? ¿Cuántos son los esfuerzos que se están dedicando a estos procesos? ¿No sigue predominando una mirada ideológica –y transitoria—de la integración? ¿Acaso aún se sigue pensando que Chile debe “alejarse” de América Latina, lo que nos lleva sólo a un aislacionismo en la región?

En el ámbito propio de su responsabilidad: ¿Está el ministerio de Defensa priorizando estas tareas? El Consejo de Defensa Sudamericano nos entrega una oportunidad extraordinaria  e inédita. Así como a Chile le correspondió asumir un liderazgo en su origen y constitución, esperemos que las actuales autoridades no abandonen estos espacios. Al contrario, pedimos que los amplíen y profundicen aún más.

Sólo si consolidamos estos logros y se progresa en medidas de fomento de las confianzas y de integración entre nuestros sistemas de seguridad externa (el mejor ejemplo vigente es la “Fuerza de Paz Cruz del Sur”, que hemos constituido con Argentina, o el trabajo en el marco de MINISTAH, la Fuerza de Paz en Haití), lograremos avanzar en los otros terrenos de la vida económica, política y social.

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Comentarios

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Claudio Zaror Zaror

18 de junio

Un excelente análisis de la realidad de los gastos militares en América Latina. Aporta una mirada hacia las políticas que nuestro país debe tener en relación con los países de la Región. Sin dudas, desnuda las peligrosas carencias en política internacional del actual gobierno. Ojalá los actuales dirigentes cambien el rumbo en estas materias, o de otra manera se seguirá incrementando el aislamiento en que hemos caido en los dos últimos años.

Mario Sanchez

24 de junio

Conociendo al autor no dudo de la rigurosidad de su analisis. Es interesante vislumbrar como una buena conducción de nuestras FF AA, responsabilidad del gobierno de turno, puede trascender lo bélico y resultar en propósitos de paz para America Latina. Felicitaciones por tan magna reflexión.

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