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Esa “izquierda” tan de derecha

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La comparación entre Hitler y Allende, hecha por José Piñera, ha hecho resurgir el viejo debate en torno a si el fascismo es una ideología de extrema derecha o extrema izquierda. En general, desde ambos lados del espectro se lanzan el muerto sin tener idea de nada.

Actualmente, muchas personas tienden a posicionarse en el espectro político, en torno a la división izquierda-derecha, pero sin tener claro qué implica ésto. Más aun si analizamos históricamente dichos conceptos.

Según Sheldom Richman, “Los términos al parecer se utilizaron por primera vez en la Asamblea Legislativa Francesa después de la revolución de 1789. En ese contexto, los que se sentaron en la parte derecha de la asamblea eran firmes partidarios de la destronada monarquía y de la aristocracia – el Antiguo Régimen – (y, por tanto, conservadores), mientras que aquellos que se sentaron a la izquierda se oponían a su reincorporación (y, por tanto, eran los radicales). Debería deducirse de esto que los libertarios, o liberales clásicos, se sentarían a la izquierda”.

Es decir, los izquierdistas, en su sentido original, se oponían al Antiguo Régimen y todo lo que éste significaba: concentración del poder y la riqueza, además de nepotismo basado en una estructura de privilegios sustentados en el Estado monárquico.

Por eso, contrario a lo que hoy se piensa, los izquierdistas no eran todos colectivistas, ni estatistas, autoritarios y menos aún marxistas (el marxismo, de hecho, aún no surgía como tal), sino también individualistas, libremercadistas del laissez-faire, socialistas y mutualistas. Entre ellos, estaban Bastiat y Proudhon.

Como el mismo Richman dice: "no importa cómo se mire, el libertarismo era de izquierda".

Karl Hess también explicaba que la política consta de una “línea recta (que) se extiende desde el extremo derecho donde (históricamente) encontramos la monarquía, las dictaduras absolutas, y otras formas de gobierno autoritario. En el extremo derecho, la ley y el orden significan la ley del gobernante y el orden, que sirve a los intereses del gobernante…La extrema izquierda, mientras más alejada esté de la derecha, representa, lógicamente, la tendencia opuesta y, de hecho, así ha sido a todo lo largo de la historia. La izquierda es el lado de la política y de la economía que se opone a la concentración del poder y de la riqueza y, por el contrario, aboga y trabaja por distribuir el poder en el máximo número de manos”.

El eje central entre los izquierdistas era su oposición a la estructura de privilegios que sustentaba el viejo orden y posteriormente comenzó a cimentarse en el naciente Capitalismo de Estado, mediante subsidios, aranceles, licencias y política de tierras para los terratenientes.

En este sentido, como explica Richman, “la izquierda históricamente ha entendido que el Estado es el más poderoso motor de explotación, a pesar de que las diversas facciones estaban en desacuerdo sobre la naturaleza exacta de la explotación y/o qué hacer sobre la materia”. En esa diferencia radica la posterior escisión entre Marx y Proudhon.

Como explica Rothbard, “mientras libertarios y marxistas se quejaban del poder de las elites ricas, no estaban de acuerdo en el remedio, porque no estaban de acuerdo sobre el origen del problema. Para los marxistas, la plutocracia era un producto del mercado, la clase dominante surgió a través del comercio, y sólo posteriormente tomó el control del Estado. (El propio Marx fue ambivalente sobre esta cuestión, pero Engels solidificó la posición marxista ortodoxa.)”.

No obstante, el paso desde el Antiguo Régimen al nuevo orden liberal –que en parte mantuvo parte de esa vetusta estructura de privilegios- implicó que el liberalismo radical perdiera fuerza y dejara de ser de izquierda, de luchar contra el Estado, y los restos del Antiguo Régimen, como el mismo Rothbard plantea. Ese debilitamiento produjo también la cooptación por parte de los conservadores de derecha, de ciertos principios liberales, lo que causó un vacío.

Rothbard explica: “en este vacío creado por el agotamiento del liberalismo radical, se acomodó un nuevo movimiento: el socialismo. Los libertarios de hoy están acostumbrados a pensar que el socialismo es el polo opuesto del credo libertario. Pero esto es un grave error, responsable de una severa desorientación ideológica de los libertarios del mundo actual. Como hemos visto, el conservatismo fue el polo opuesto a la libertad y el socialismo…”

La mayoría de los libertarios radicales que quedaban, comenzaron a oponer el nuevo Capitalismo de Estado (identificado con privilegios para los dueños del capital, en detrimento de los trabajadores) a Socialismo en sentido amplio. Posteriormente, y sobre todo debido a la imposición de la vía marxistas de Socialismo de Estado y el posterior surgimiento de la revolución bolchevique, se tendió a relacionar erróneamente socialismo con marxismo como una única y sola idea.

Rothbard es claro en decir que “el socialismo, como el liberalismo y contra el conservadurismo, aceptó el sistema productivo y en los objetivos liberales de la libertad, la razón, la movilidad, el progreso, mejores niveles de vida de las masas, y el fin de la teocracia y la guerra, pero se trató de lograr estos fines mediante el uso de medios conservadores incompatibles: el estatismo, la planificación central”.

Es decir, el socialismo perdió su posición izquierdista libertaria original, y se volvió a la derecha en el sentido autoritario, puesto que a diferencia de los izquierdistas como Tucker, los marxistas vieron en el autoritarismo y la dictadura la fórmula para cambiar el statu quo.

En ese proceso: “La mayoría de los Socialistas (fabianos, lassalleanos, incluso los marxistas) se volvió bruscamente hacia la derecha, abandonado completamente los viejos ideales y objetivos libertarios de la revolución y la extinción del Estado; y se convirtieron en conservadores permanentemente reconciliados con el Estado, el statu quo, y todo el aparato del neo-mercantilismo, el capitalismo monopolista de Estado, el imperialismo y la guerra”.

Eso en parte explica la influencia del marxismo entre los socialistas, en desmedro de otras corrientes libertarias como el anarquismo individualista de Tucker y el mutualismo de Proudhon, que fueron perseguidas en la URSS.

Comunismo y fascismo

Algunos libertarios comenzaron a ver con desconfianza los nuevos nexos entre el conservadurismo de derechas y algunos vulgos liberales (en respuesta al marxismo),  que estaban dando paso a una nueva plutocracia, al militarismo, el chauvinismo y el imperialismo. Así, Rothbard explica por ejemplo que: “En Inglaterra, los liberales clásicos comenzaron su giro desde el radicalismo al cuasi-conservadurismo en el siglo XIX” debido a la actitud británica hacia la lucha de liberación nacional en Irlanda.

Esas condiciones marcadas por el militarismo, el corporativismo, la reglamentación, el chovinismo nacionalista, una plutocracia populista en apariencia, la apelación a líderes fuertes (elementos a los que los liberales radicales se oponen), cimentaron el auge del autoritarismo de derecha e izquierda durante el siglo XX, reflejados en el surgimiento del comunismo en la URSS, el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania.

Por lo mismo, Murray Rothbard plantea que “el fascismo y el nazismo fueron la culminación lógica en los asuntos internos de la corriente moderna hacia el colectivismo de extrema derecha. Se ha hecho habitual entre los defensores de las libertades, considerar el fascismo y el comunismo como fundamentalmente idénticos. Pero si bien ambos sistemas fueron indudablemente colectivistas, diferían mucho en su contenido socio-económico” Rothbard.

Como dice Roderick Long “hay una diferencia en el énfasis y en la estrategia entre el fascismo y el comunismo. Cuando se enfrentan con las instituciones existentes que amenazan el poder del Estado – ya se trate de corporaciones, las iglesias, la familia, la tradición – el impulso comunista es por lo general a suprimir ellos, mientras que el impulso fascista es en gran medida a la absorción de ellos”.

Rothbard agrega que por lo mismo, “el fascismo fue un movimiento contra-revolucionario que congeló una serie de privilegios monopólicos en la sociedad, en suma, el fascismo era la apoteosis del capitalismo monopolista de Estado moderno. He aquí la razón por la que el fascismo fue más atractivo (que el comunismo, por supuesto, nunca lo hizo) a los intereses de las grandes empresas”.

Como explica Sheldom Richman, en ese contexto se profundizó la confusión entre mercado libre con el Capitalismo de Estado imperante, lo que terminó por diluir los viejos principios libertarios radicales a favor del conservadurismo autoritario vulgo liberal, y por eso indica que en la actualidad algunos seudo liberales “con demasiada frecuencia defienden acciones particulares de empresas privadas (empresas petroleras, por ejemplo), olvidando que las empresas de hoy son el producto de muchos años de corporativismo…El ejemplo clásico es Ayn Rand en su muy ridiculizado ensayo, "Las Minorías Perseguidas de América: las Grandes Empresas."

Por eso, para Karl Hess consideraba que: “Tanto Joseph Stalin como Adolf Hitler presidieron regímenes de derecha, políticamente, a pesar de las trampas socialistas con que ambos adornaron sus regímenes…”.  

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Foto: Left or right – TheTruthAbout…
 

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Comentarios

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27 de Junio

Interesante lectura.
Por otra parte, es también posible decir que ambos eran de izquierda. Stalin, partidario de un socialismo de corte internacional, de solidaridad entre clases de diversos países (aunque, finalmente, prefirió centrarse en la URSS, a diferencia de Trotsky). Por su parte, Hitler -no menos zorro y no menos paranoide- propugnaba un socialismo de corte nacional, esto es, libre de las injerencias de Moscú.
Todo depende del cristal con que se le mire

27 de Junio

Excelente artículo.
Es muy adecuado, en estos tiempos, cuestionar el “mote” de “facho” a liberales, y en si lograr una segunda dimensión del espectro político: teniendo una dimensión como la concentración económica, tener otra respecto a la concentración de poder político.
Ahí, en una matriz tipo cruz, tenemos un partido comunista que busca una hegemonía política y una desconcentración económica. Una UDI aparecería como (gremialismo) un poder político pequeño y una concentración económica alta.
Una buena muestra de esto es el peronismo argentino, donde dentro de un partido conviven las izquierdas y derechas, curiosamente.
Felicitaciones al autor.
Saludos

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