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En vez de La Haya

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En toda Europa se conmemora por estos días el armisticio que puso fin a una guerra que es – hasta ahora- la más cruenta que registra la historia de la humanidad. Han pasado ya 70 años de esa catástrofe que incendió Europa por sus cuatro costados e involucró en el conflicto partes de Asia, América, África y Oceanía.


Es necesario cambiar el lenguaje, reconocer que nuestro vecino y hermano Bolivia ha perdido, a consecuencias de la lamentable guerra que nos enfrentó, una vasta región y un significativo trozo de costa al Pacífico

Resulta interesante observar, tras este período relativamente breve, cómo se ha desarrollado la vida en todo el continente. Hoy Europa es una sola. Moneda común y derecho de sus ciudadanos a trabajar en cualquier otro país son hoy una realidad. Las fronteras tan arduamente disputadas y con tanta sangre lavadas se cruzan sin siquiera detener el vehículo. En lugar de soldados armados de amenazantes armas automáticas, hay una seña de bienvenida del aburrido funcionario de fronteras y aduanas.

Estrasburgo, ciudad que conoció alternadamente la ciudadanía francesa y la alemana y que cada una de sus generaciones sostuvo una lucha fratricida, es hoy el asiento del parlamento europeo. Todas las lenguas de Europa se oyen en sus bellos cafés y restaurantes.

Problemas hay, obviamente. Los equilibrios económicos a veces son precarios, las disputas sobre las cuotas de producción y las barreras protectoras son causa de largas y ásperas discusiones en el parlamento. Hay miembros de la comunidad que se sienten postergados y otros amenazan abandonar el acuerdo. Es razonable afirmar que existen tensiones, negociaciones imperfectas, algún grado de injusticia.

Pero resulta evidente que ese es el camino. En ninguna mente europea actual asoma la idea de redibujar fronteras y protegerlas con la fuerza. Asimismo, resulta difícil imaginarse una tercera guerra mundial que germine en el viejo continente.

Más tiempo ha transcurrido desde el término de la Guerra del Pacífico. No queda ningún participante de ella vivo. El número de años que nos separa de ese conflicto del que fuimos protagonistas es casi el doble del caso europeo. ¿ Y cuál es nuestra situación?

Una vez más, atrincherados ante un tribunal internacional. Esta vez, llevados ahí por un país vecino y hermano, con el cual no tenemos ni siquiera relaciones diplomáticas. Discutiendo en idiomas extraños al nuestro sobre un derecho de acceso soberano al océano enorme que tranquilo nos baña, una docena de doctos y sabios jueces de toga y peluca escuchan con trabajosa paciencia los interminables alegatos. El juicio puede ser muy prolongado y costoso. Está claro que, cualquiera sea su resultado, no dejará contentos a ambas partes. Todo indica que sólo servirá para incubar el próximo brote de impaciencia a uno u otro lado de la frontera.

Yo sé que esto es políticamente incorrecto y que cualquier político que ose una columna como esta estaría expuesto al más estridente de los griteríos y alharacas patrióticas. No obtendría votos ni para ser concejal en la menor municipalidad del país. Lo tratarían de anti-patriota, de traidor, de vendido. El generoso diccionario nacional de improperios e insultos se haría insuficiente para enfrentar semejante acto miserable. Bueno, como yo no soy candidato a nada, me puedo permitir ese lujo.

Creo que es necesario enfrentar esto de otra manera. Cambiar el lenguaje, reconocer que nuestro vecino y hermano Bolivia ha perdido, a consecuencias de la lamentable guerra que nos enfrentó, una vasta región y un significativo trozo de costa al Pacífico.

No se trata de revisitar las causas de aquella guerra. Ni su desarrollo ni su resultado. El destino de los tres países involucrados quedó  sellado por acción de las armas y en 1904 se firmó un tratado de paz que los tres reconocen hasta el día de hoy.

¿Bien, pero qué impide avanzar a nuevos niveles de confraternidad y mutua conveniencia? ,¿por qué no miramos a Europa y reconocemos que ese es el camino? Una mayor cercanía entre los hermanos latinoamericanos, más intercambio, más colaboración, menos límites y trincheras. Eliminemos las restricciones al tránsito, las visas, los pasaportes entre nuestros países.

¿Es acaso descabellado construir un puerto tripartito, de soberanía compartida, dirigido por instancias igualitarias por una empresa en la que participen todos con los mismos derechos, por donde se puedan embarcar nuestros productos de manera expedita y económica? Puede ser difícil y complicado, pero parece absolutamente posible.

Los tres aportando por igual, administrando en conjunto y cosechando los frutos de nuestra hermandad. Las tres banderas izadas simultáneamente. La piedra angular de la comunidad latinoamericana. Tres países hermanos contemplando con legítimo orgullo las vías férreas, los caminos, los gaseoductos donde late nuestra sangre que nos alimentará y nos hará grandes.

Y si surge – como será inevitable- algún diferendo, jueces de las tres naciones, hablando nuestra lengua común, inmersos en nuestra tradición y cultura a cargo de dictar una resolución que también haremos nuestra. Sin pelucas ni talares. Con la fuerza de la razón, el respeto a la ley y un auténtico sentimiento de solidaridad entre hermanos.

A Chile le corresponde en esto dar el primer paso. Invitar a los demás a una conversación abierta, cara a sus pueblos, sobre la concepción de este proyecto. Tiempo, paciencia y medios serán necesarios porque esto debe quedar bien hecho. Debemos invitar también a los demás países de la región a participar activamente de nuestro proyecto y aportar a él.

Creo humildemente que ese es el desafío que nos espera. No, un nuevo espectáculo ante una corte de opereta.

 

TAGS: Bolivia conflicto marítimo fronteras

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Comentarios

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Juan Pedro

26 de septiembre

Interesante.

Donde propone que quede ese puerto? Quien debe financiarlo? Que leyes aplicarán en dicho puerto? Siendo hermanos, Boliva nos venderá gas? Nos dará aguas del Silala? Los trabajadores de ese puerto, vivirán donde? Donde se pagarán impuestos?

Cuando se sienta generoso con tierras que no le pertenecen, mejor que tenga esas respuestas primero, le parece??

26 de septiembre

“¿Es acaso descabellado construir un puerto tripartito, de soberanía compartida, dirigido por instancias igualitarias por una empresa en la que participen todos con los mismos derechos, por donde se puedan embarcar nuestros productos de manera expedita y económica? ”

SÍ, es descabellado.

Y lo es porque ¿sabe cuantos puertos tiene Bolivia a su disposicion?

– Antofagasta, Arica, Iquique en Chile.

– La zona franca industrial y económica en Ilo en Peru

– Paraguay concedió a Bolivia una zona portuaria en el municipio de Villeta.

– Argentina cedió a Bolivia beneficios portuarios en el puerto de Rosario.

– También Uruguay lo hizo en Nueva Palmira.

Digame ¿qué hizo Bolivia en ellos?

NADA

¿Entiende? NADA.

Nada de nada. No ha movido un dedo. Y estoy hablando que tiene todos esos puertos a su disposicion desde hace mas de 3 decadas. ¿Me entiende? 30 AÑOS. Y Bolivia no ha hecho NADA. EN MAS DE 30 AÑOS BOLIVIA NO HA MOVIDO UN DEDO.

¿Quiere negociar un puerto tripartito con semejante especimen de Estado? ¿Con uno que tal vez, solo tal vez en el 2050 tenga unas carreteras decentes? ¿Con un narco Estado? ¿Con un Estado que es el foco de transmision de esclavos? ¿Cree que se puede razonar con esa clase de Estado?

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