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Elecciones en los partidos: ¿De la irregularidad a las institucionalidad?

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Los principales partidos políticos chilenos están realizando o han realizado sendos procesos de renovación de  sus directivas, coherentemente con la nueva realidad política del país a contar de marzo 2010.

Estos procesos, cual más cual menos, han estado marcados por la opacidad, por las dificultades para llevar a cabo competencias civilizadas, por las irregularidades relativas a los padrones electorales, por las reiteradas postergaciones y cambios de fecha, por las demoras en los cómputos, por alegatos inconclusos o  mal resueltos ante las instancias de apelación, por la duda acerca de la real participación de los militantes. 

En síntesis, es evidente que la precariedad institucional y normativa en que se desarrollan las elecciones internas de los partidos en Chile es inversamente proporcional con la importancia que éstos tienen en nuestro sistema político. Muchas de las prácticas comunes en las elecciones de los partidos serían inaceptables en un club deportivo o en una junta de vecinos.

Sin embargo, a través de procesos electorales bastante irregulares y con órganos calificadores de dudosa independencia, capacidad y criterio jurídico se elige a los dirigentes y representantes de organizaciones que tienen un rol fundamental para la gobernabilidad democrática. De hecho, la Constitución y las leyes de partidos políticos y de votaciones populares otorgan a los partidos privilegios absolutos para asumir la representación popular, ejercer la soberanía y gobernar el país, lo que es consistente con la tradición republicana de Chile.

El problema radica, entonces, en las malas prácticas y en la incapacidad institucional de los partidos para enfrentarlas y corregirlas. Al final del día, termina imponiéndose la lógica de la fuerza por medio de negociaciones y arreglines que dejan a todos los incumbentes satisfechos. No por nada son las instituciones de menor prestigio en nuestra democracia.

Tal paradoja –es decir, la importancia de los partidos en la democracia contra sus prácticas reales poco democráticas- impone la necesidad de una reforma de los mismos.

A través de la ley de partidos políticos se podría establecer que, además de la obligación de realizar primarias para elegir los candidatos a ocupar cargos de representación popular, los procesos electorales  sean organizados y controlados por un servicio público independiente y que las elecciones sean calificadas por un tribunal competente. Dos pasos elementales para una mejorar la calidad de nuestra democracia.

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Foto: When winning means everything – Hikingartist

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22 de julio

Debemos tener claro que los partidos, tal como planteaban Ostrogorski y Michels, aún cuando pueden haber sido creados en base a altos principios, en la práctica –sean del sector que sean- tienden a degenerar en organizaciones donde prima el nepotismo, la oligarquía y el clientelismo.

Entonces ¿Pueden organizaciones de ese tipo, representar los intereses de los ciudadanos en una democracia? Claramente no.

24 de julio

Jorge, el problema es que -como decía Churchill- si bien la democracia es una pésima forma de gobierno, no se conoce otra mejor. Por eso, no nos queda más que tratar de mejorarla permanentemente, estando muy alertas a los vicios que tu denuncias. En el tema de los partidos, lo que habría que hacer es dar pasos para forzar a que sus procesos electorales internos y la selección de candidatos, se hagan conforme a ciertos estándares mínimos de transparencia y seriedad.

22 de julio

Hola Ricardo, de acuerdo con lo que planteas: la institucionalidad de los partidos no da el ancho ni para directiva de Club de huasos. Sin embargo, no hay que suponer tampoco que una reforma -fundamental- como la que planteas seria la solucion al desprestigio de los partidos, pues en realidad ademas de la turbiedad de sus practicas, los partidos se encuentran completamente desfasados de los espacios donde en Chile se genera la conversacion ciudadana. Son partidos analogicos en una sociedad que, sobre todo en estos temas, tiende a digitalizarse. Son partidos centralistas en una sociedad que tiende a descentralizarse. Son partidos «doctrinarios» en una sociedad en que los temas de movilizacion tienden a fragmentarse tematicamente. Son partidos de hombres viejos en una sociedad que se parece mas a las mujeres jovenes. En fin, para que seguir listando, no?

24 de julio

Muy de acuerdo, no sólo se trata de mejorar sus prácticas electorales, sino también su modo de relacionarse con la sociedad. Pero convengamos, que a pesar de todos sus defectos, son instituciones imprescindibles para la democracia. El discurso anti partidos siempre termina abonando el camino al autoritarismo o al populismo.

26 de julio

Hola Mica
That`s the whole point. Como son instituciones necesarias, y para desactivar el discurso anti-partidos (que me parece nefasto) los cambios no pueden ser solo normativos. Los cambios normativos solo son el piso para transformaciones mas de fondo.

26 de julio

No hay que confundir democracia con partidocracia. La primera es un gobierno de ciudadanos dialogantes, la segunda corresponde a un gobierno de corporaciones particulares que compiten con los intereses ciudadanos.

Los partidos políticos, cuyo origen se encuentra en simples facciones, no son la base de la democracia. Es decir, ésta y con ello la libertad política, no dependen de dichas organizaciones sino de los propios ciudadanos.

Creer que la democracia o la política dependen de los partidos políticos, fue el paso para el surgimiento del totalitarismo de principios del siglo XX en Europa.

Porque contrario a lo que algunos argumentan, la crítica que hacían los fascistas, nazis y marxistas a los partidos políticos, radicaba en que consideraban que sus propios partidos encarnaban los valores de la nación, la raza o la clase. En otras palabras, su criticaba a los partidos, se debía a que eran defensores del partido único y con ello enemigos de la política.

La democracia en su base no depende de los partidos políticos sino del actuar de cada ciudadano. Es decir, son los ciudadanos, que individualmente dialogan, los que se encuentran en el ágora para definir el bien común de la polis.

29 de julio

Francamente no veo cómo en una sociedad de masas cada ciudadano va a dialogar individualmente con los otros para definir el bien común. Los partidos justamente son la agrupación de ciudadanos que convergen en un proyecto o perspectiva común y la ponen en competencia con las otras perspectivas en el marco de las reglas de la democracia. Lo que propongo es instalar procedimientos democráticos al interior de los partidos para evitar que estos se conviertan en carteles.

26 de julio

Ricardo, ¿no será consecuencia (en parte) del tamaño de nuestros partidos la «precariedad» a la que te refieres. O sea, claro que una alternativa es que se «regule» para que sean mejores. Pero se podrá realmente con partidos tan chiquititos lograr una escala de funcionamiento que permita una calidad de funcionamiento adecuada. Después de todo si algo caracteriza al desarrollo institucional es que tiene costos fijos significativos y por ende, economías de escala.

29 de julio

Oscar, me parece interesante tu mirada de economista, puede ser una perspectiva válida, pero no veo en qué el mayor tamaño de los partidos puede inducir a mejorar sus prácticas. Por ejemplo, el peronismo, tiene un tamaño suficiente, pero….
Lo que si es cierto es que un buen tamaño de los partidos permitiría justificar mejor el costo que representaría para el fisco entrar a organizar sus procesos electorales a través de un servicio público. Digamos algo así como rentabilidad social.

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