#Política

El voto, la representatividad y la democracia

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Ciper Chile ha publicado una interesante investigación sobre la crisis de representatividad a nivel parlamentario (diputados), que denota de manera empírica algo que muchos –me incluyo- estamos diciendo hace rato.

A principios del verano de 2010, en pleno debate en torno a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, escribí una reflexión acerca del voto y la democracia, donde partía diciendo: “Cualquiera que valora la democracia y lo que ésta implica, debería votar nulo el 17 de enero”.

Las críticas a tal afirmación –algunas con ad hominem incluido- no tardaron en aflorar, indicando que con ello se apoyaba a uno u otro candidato, o que eso era una posición contraria a la democracia, o que se era tal o cual apelativo.

El artículo de Ciper –un año después- me ha hecho republicar algunas ideas base y agregar otras, pues considero que quizás hoy, tomando en cuenta el contexto, no sólo nacional sino mundial, éstas tengan más sentido:

La política chilena, hoy es prisionera de dos coaliciones que se han repartido el poder, lo centralizan, lo concentran y han convertido a la democracia en un instrumento para los fines partidarios y personales de sus miembros –sobre todo más “selectos”-, dejando fuera de toda capacidad de acción a la ciudadanía.

Los sectores políticos que están fuera de éstas alianzas corporativas y los ciudadanos comunes y corrientes, sólo se limitan a ser simples vasallos y clientes políticos del despotismo blando que ambos sectores han construido. Eso no es democracia.

La democracia que se prometía reconstruir para y por los ciudadanos, fue sólo devuelta en parte, y ha sido reducida al acto del voto. Las regiones lo saben, los independientes también lo saben.

Ambas coaliciones y sus candidatos presidenciales, representan el poder sustentado en una institucionalidad impuesta por la fuerza y la coacción sobre los ciudadanos desarmados.

Ambos sectores han hecho usufructo de la estructura económica para aumentar sus arcas personales y el de sus empresas asociadas.

En definitiva, ambos representan el orden imperante y hegemónico, que ellos llaman democracia, pero que deja fuera del juego político a la mayor parte de los ciudadanos. Eso no es democracia.

Democracia no es sólo permitir a los ciudadanos ejercer el voto cada cuatro años para elegir candidatos. Es prepararlos para participar de ella, y lo que menos se hace hoy en las escuelas es eso.

Democracia no es elegir entre las opciones que las élites partidarias imponen a través de los medios de comunicación, sino que poder crear opciones propias, mostrarlas al resto y hacerlas competir de manera pacífica y libre.

Tampoco es democracia elegir a perpetuidad a los miembros de ciertas dinastías, como ocurre hoy día como si se tratara de una monarquía donde los cargos parecen hereditarios.

Democracia es ejercer la ciudadanía día a día, en todos los lugares, es defender el derecho a disentir, a debatir, es poder participar y competir de forma pacífica, dialogante, sin depender del partido, el dinero, el apellido o las horas de vasallaje que se tengan en el cuerpo.

Por eso, defender la democracia no significa ser oveja y someterse al despotismo blando de las élites –da lo mismo de donde sean-. Menos aún por miedo y temor al despotismo de otro grupo de élites.

Valorar la democracia es reconocer que la legitimidad del gobierno, sea cual sea, depende de los ciudadanos, y que si los gobernantes se alejan de éstos, entonces ya nada es legítimo.

Por eso, defender la democracia es tener conciencia de que ningún gobierno puede derivar en monarquía o dinastía eterna, ni ningún poder puede imponerse por amenaza o fuerza sobre los ciudadanos, sea económico o político.

Defender la democracia es tener claro que ninguna dinastía, dictadura o élite, es legítima para evitar la dinastía o la dictadura de otros. Lo sabemos.

La política y la democracia es diálogo, por eso cada representante debe convencer a sus electores con ideas y propuestas, si no es capaz de ello, entonces es incapaz políticamente.

Porque la política es diálogo y convencimiento, no dogma, mito y religiosidad, menos mera publicidad. Como ciudadanos, votamos según ideas y propuestas, no según afiches de pasta de diente.

Por nuestro derecho a pensar como queramos, por nuestro derecho a ejercer el voto libremente, y sobre todo porque respetamos y valoramos la democracia, “quizás” votamos nulo.

Los miembros de las coaliciones me hablan de democracia, me ofrecen democracia. Les exijo entonces, en un acto de consecuencia, que cedan parte de sus cupos parlamentarios a ciudadanos comunes, independientes, para que accedan a estos mediante sorteo. Como decía Montesquieu: “el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia; el sufragio por elección es el de la aristocracia”.

——–

Foto: Carlos Bautista / Licencia CC

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Comentarios

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peon

12 de septiembre

Para un ciudadano no hay diferencia alguna entre votar nulo o por alguien de derecha, o por alguien de centro o de izquierda. No se expresa apoyo a ninguna corriente política con un voto, ni menos se expresa rechazo al sistema político votando nulo, ya que el voto es simplemente una raya que si la quitas de la cuenta total de los votos, no afecta en nada…

Lo que digo pudiera ser discutible, sin embargo, también es defendible, porque ya sea que haya ganado la elección presidencial la derecha de la extrema derecha, o el centro de la derecha, o la izquierda de la derecha, hasta aquí no ha habido diferencia alguna respecto de los cambios que requiere el sistema político, basado en la democracia de la raya del voto y el sistema binominal, para interpretar a la gente y hacer realidad su voluntad, ya que quienes gobiernan lo hacen sin la gente, ya que no interpretan ni representan su voluntad.

‘Ceteris paribus’, o resto de lo factores constantes, lo único que tendría sentido respecto del voto y podría ser valorable, sería NO VOTAR, porque mientras haya personas que voten, habrá sufragios suficientes para validar una vez más el sistema político que ha gobernado hace tantos, tantos años, y así los cambios que pide la ciudadanía respecto de la democracia que quiere y las modificaciones que con ella le gustaría hacer, no pareciera que llegarán bajo ninguna circunstancia, si todo sigue el mismo rumbo que ha seguido hasta ahora la política…

camaraciudadana.cl

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