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El verdadero significado del Pinochetismo

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Esta semana fuimos testigos del destape dentro de Renovación Nacional. La diputada Camila Flores se reconoció como “Pinochetista”, lo que le valió una ovación de quienes la escuchaban en el Congreso Nacional de su partido.

La indignación de muchos ciudadanos activos en política no se hizo esperar, y las críticas cayeron a caudales: Al gobierno, después de que Cecilia Pérez dijera que eso era parte de la “diversidad” de la coalición; al presidente de RN Mario Desbordes, por declarar que es perfectamente compatible ser Pinochetista y estar en contra de las violaciones a los DD.HH, también a Evópoli por tomar una postura muy suave al respecto.


Declararse "pinochetistas" significa defender a quienes no creyeron en la democracia y que no la practicaron nunca en sus 17 años con el poder en sus manos

En esta columna me interesa explicar otros aspectos negativos de ser Pinochetista, de manera que aquellos que están hoy en día identificados con esa postura entiendan que las críticas a su postura no sólo tienen relación al problema de las violaciones a los Derechos Humanos. Por el contrario, reivindicar el Golpe Militar, y los 17 años de gobierno de Pinochet, también es rescatar actitudes sumamente antidemocráticas. Espero, al concluir esta columna, que las personas que digan que Pinochet no era un dictador, reflexionen sobre estos temas de manera crítica. Si al final no cambian absolutamente en nada sus posturas, yo, al menos, habré cumplido con mi propósito de comunicar.

Incluso si hipotéticamente ignorásemos las violaciones a los Derechos Humanos cometidas por la dictadura, aún existen muchos hechos que constatan que ser pinochetista es ser antidemocrático (o prodictadura).

El primer hecho es que llegó al poder a través del uso de la fuerza. Aún si fuera justificable haber sacado a Salvador Allende de su gobierno debido a la situación social, políticas y económicas, la disrupción del poder a través de las armas es un hecho, y reivindicar eso como algo bueno, es, como mínimo, moral y políticamente reprochable.

El segundo hecho, es que eliminó la Constitución de 1925 y gobernó sin carta fundamental válida durante sus 17 años. Es cierto que creó una nueva Constitución (vigente hasta el día de hoy). Pero desde 1980 hasta 1990, el país continuó siendo gobernado a través de Decretos con Fuerza de Ley y sin las garantías constitucionales de libertad, derechos y responsabilidades que debiera asegurar una carta fundamental en un país libre y democrático.

El tercer hecho, es que gobernó sin oposición durante prácticamente todo su régimen. Primero, cerró el Congreso y luego prohibió la libertad de asociación. Los partidos políticos dejaron de existir, y los ciudadanos vieron eliminadas sus libertades al tener que someterse a toques de queda, controles de identidad y persecusiones políticas.

El cuarto hecho, es que durante la dictadura se detuvo a personas sin haber cometido delitos, se les encarceló sin derecho a un abogado, y se les juzgó a través de mecanismos fuera de la ley, o al menos muy cercanos al límite. Los jueces no tuvieron autonomía y muchas personas fueron condenadas sin la realización de un juicio público e imparcial.

El quinto hecho, es que se gobernó sin oposición. Cualquier pinochetista que cree que la dictadura hizo un trabajo efectivo al gobernar, o que hoy el presidente Sebastián Piñera no es lo suficientemente duro, y que le “hace el juego a la izquierda” debe recordar que no había nadie para hacerle contrapeso a Pinochet. Eso significó que se podía hacer todo lo que se quería hacer. No existían mecanismos para controlar el actuar del gobierno.

El sexto hecho, es que los poderes del estado no estaban separados. La Junta Militar concentró el poder ejecutivo y legislativo a la vez que manipulaba al poder judicial. Esto significó que los militares podían crear las leyes, aplicarlas y a la vez condenar a las personas, similar a la antigua forma de la Francia antes de la Revolución y los monarcas absolutos.

El séptimo hecho, y último (por ahora), es que gobernaron instalando militares en casi todas las oficinas del aparato burocrático estatal.

Declararse “pinochetistas” significa defender a quienes no creyeron en la democracia y que no la practicaron nunca en sus 17 años con el poder en sus manos. Todos los hechos mencionados anteriormente son los que hacen de Cuba y Venezuela dictaduras, no el hecho de que haya filas para comprar pan.

La ausencia de garantías mínimas democráticas durante la dictadura es lo que los “pinochetistas” no deben olvidar al considerar que no hay nada de malo en su forma de pensar. Pues sí lo hay, si es que son parte de Chile Vamos: el respeto por la democracia, sin reparos, la separación de los poderes del Estado y la protección de los derechos fundamentales de los seres humanos a través de una Constitución, entre otros aspectos, fueron ejes centrales del programa de esta coalición. Hago un llamado a todos aquellos de la coalición del gobierno de Sebastián Piñera: si creen que los valores de la democracia se pueden transar por orden y por tener una economía mejor, entonces creo que deberían considerar seriamente dónde están parados.

TAGS: #Democracia #DerechaChilena Pinochet

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Comentarios

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18 de Diciembre

Fe de erratas: Los hechos 3 y 5 son muy similares, pero apuntan a cuestiones distintas. El tercer hecho debería decir “es que gobernó reprimió las libertades políticas de las personas prácticamente todo su régimen. Primero, cerró el Congreso y luego prohibió la libertad de asociación. Los partidos políticos dejaron de existir, y los ciudadanos vieron eliminadas sus libertades al tener que someterse a toques de queda, controles de identidad y persecusiones políticas”.

19 de Diciembre

Muchas veces, en el afán de racionalizar las cosas, o finalmente de simplificarlas, se cae en errores de forma y fondo que cambian diametralmente las cosas.
El pinochetismo está compuesto por innumerables sensibilidades que fueron tocadas de distinta forma, en distintos minutos. Querer agruparlas y resumirlas en un par de conceptos es inútil y miope. Ojo, esto es igual con el comunismo u otras experiencias totalitarias: las cosas no son blanco o negro, se componen de hebras de colores, que le hacen mayor o menor sentido a las personas.
En el caso del pinochetismo, una gran “justificación” que ronda en el alma de estos, es que el Congreso en 1973 declaró ilegitimo al gobierno de Allende….o sea, no fue una cosa de cuarteles, sino que un pedido de otro poder del Estado, ante un evidente deterioro social y económico. Un error muy propio de las visiones actuales es querer juzgar los hechos del pasado con los ojos y valores actuales; pues bien, las decisiones se toman en un minuto con los antecedentes y lógicas de ese minuto, y en base a eso debieran ser juzgadas. Dado eso, el tema de los DDHH es bajado de perfil porque esos NO ERAN VALORES universales en el minuto (1973) (amen de la declaración de DDHH de la ONU, que nadie tomaba en cuenta)…de hecho eran las mismas huestes de la UP quienes impulsaban las armas como elemento de dominación, y el odio social como fundamento para usarlas.
Por lo tanto, un poco de prudencia para tratar de resumir las cosas con simplismo
Saludos

19 de Diciembre

Cierto, las cosas no son blanco y negro, y existen muchos colores entre medio. Pero el ejercicio histórico siempre actúa desde el presente, y tiene límites claros que la historiografía ha consensuado. A veces, hay muy pocas fuentes para conocer el pasado, otras veces hay demasiadas fuentes, tantas, que no se puede hacer una investigación.
Todo análisis del pasado es daltónico, incluso el realizado por testigos directos. El ejercicio que hago en esta columna se centra en los valores de quienes son pinochetistas, basándome en la justificación de las acciones que realizó el régimen. En este sentido, si bien la metodología analítica es imperfecta (nunca será perfecta por lo demás), es clara, es transparente, y tiene respaldo en hechos.

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