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El temor de la derecha

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El cambio en el equilibrio en las relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad civil impulsado por las movilizaciones sociales lideradas por los estudiantes, han permitido la izquierdización de la agenda pública y el cuestionamiento a las bases neoliberales, que ya ni el propio gobierno de derecha reivindica. Es la “derecha avergonzada”, en palabras de Novoa, la que –según él- se ubica en el segundo piso de La Moneda e intenta camuflarse en la Concertación, en lo que algunos han llamado un quinto gobierno de dicha coalición.

La renuncia del coronel de la UDI, Jovino Novoa a un cupo en la plantilla parlamentaria de su partido por la reelección en Santiago Poniente y la posterior declinación de la aspiración senatorial del Presidente gremialista, Patricio Melero, por esa misma circunscripción dan cuenta de que, además de apostar por candidatos más competitivos  –como sería el derrotado ex alcalde Zalaquett-, el gremialismo y sus jerarcas intuyen que parte del ideario que les dio victorias en el mundo popular en el pasado, se está agotando y los resultados electorales así probablemente lo confirmen.

No es casualidad que el propio Novoa haya generado una discusión en su sector sobre la ausencia de las ideas tradicionales de la derecha en el gobierno del cual su partido forma parte.

Parafraseando el título de su libro, en el nuevo ciclo político que ha sorprendido a la clase política de manera transversal, “la fuerza de la libertad” del fundamento neoliberal pesa cada vez menos frente a la crítica ciudadana del modelo económico y político impuesto por la dictadura. En cambio lo que ha avanzado son las demandas por mayores libertades en el ámbito valórico, área en que la derecha tradicional no es precisamente liberal.

Su creencia en la “renovación política” –argumento esgrimido por Novoa para no repostular- sin duda habría pesado menos si los números estuvieran a su favor. No renuncia a la política, ni siquiera a una circunscripción específica, sino que deja el cupo, consciente de que en el nuevo escenario sus posibilidades no son las mejores, en un clima de creciente polarización política y cuestionamiento a los personeros civiles que participaron en la dictadura militar.

Tampoco lo son para Melero, cuya doble militancia entre la presidencia del partido y sus propias aspiraciones senatoriales volvía impresentable su candidatura, en un contexto de crítica a la clase política y su interés por mantener su cuota de poder, incluso en contra de los deseos de la ciudadanía a la que representan.

Tradicionalmente ha representado posiciones extremas en el espectro político y en este nuevo ciclo la UDI definitivamente va camino al aislamiento, tras haberse evidenciado fuertemente su taponeo una y otra vez (contando con un sobrerrepresentado tercio en la Cámara de Diputados, por ejemplo, gracias al binominal) a los intentos de terminar con los resabios dictatoriales que persisten en el sistema político.

La UDI se ha quedado fuera de un discurso político de ampliación de derechos ciudadanos, demanda de la sociedad civil que –en algunos aspectos- el propio gobierno ha hecho suyo en su obsesión por aumentar su popularidad y no necesariamente por convicción programática de su sector.

La libertad (económica), el emprendimiento, el respeto al orden y a la propiedad privada son los principios de la derecha clásica que Novoa echa de menos en su gobierno y acusa que la “Nueva derecha” –aunque estima que no tendrá trascendencia- habría posibilitado el avance de las ideas de izquierda y de la “corriente estatista”.

El cambio en el equilibrio en las relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad civil impulsado por las movilizaciones sociales lideradas por los estudiantes, han permitido la izquierdización de la agenda pública y el cuestionamiento a las bases neoliberales, que ya ni el propio gobierno de derecha reivindica. Es la “derecha avergonzada”, en palabras de Novoa, la que –según él- se ubica en el segundo piso de La Moneda e intenta camuflarse en la Concertación, en lo que algunos han llamado un quinto gobierno de dicha coalición.

Aunque históricamente es el centro político quien define las presidenciales, pareciera que el progresismo ha ganado terreno frente a la moderación y que el centro se ha corrido a la izquierda. Lo anterior quedará seguramente evidenciado en el debate presidencial, que apostará a reformas de fondo en el sistema previsional, de salud, educación, laboral, tributario y, especialmente, político, que conforman el corazón de las reformas estructurales que impusieron el modelo en los ochenta.

La derecha teme que, tal como ocurrió en las municipales del 2012, la baja popularidad del gobierno arrastre a los candidatos de la Alianza por el Cambio en las elecciones parlamentarias. Contrariamente a lo imaginado, el voto voluntario inaugurado en las municipales del año pasado, pareciera haber afectado más a la derecha, cuyos votantes estuvieron menos dispuestos a movilizarse para ejercer su derecho a voto.

Es así que el timonel de Renovación Nacional, Carlos Larraín, ya avizoró en un informe entregado al gobierno varios doblajes de la Concertación. Los pesos pesados de la derecha en el Senado, que dejaron el Parlamento por apoyar a Piñera en su gobierno –Allamand, Longueira, Chadwick, Matthei y el propio Novoa con su decisión de no repostular- hacen temer al sector quedar en minoría en el Senado en un próximo gobierno. Todo ello, a pesar del sistema electoral binominal que les ha dado sobrerrepresentación todos estos años.

La derecha y sus viejos jerarcas teme, y con razón.

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