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El PPD cambia o camina a la instrascendencia

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El PPD vive una crisis electoral, política, de identidad que amenaza su viabilidad y su futuro. Es una crisis de sentido que debe ser abordada refundando su misión, su ética pública, su colocación en la sociedad del siglo XXI y abordando, sin atajos, los errores y desaciertos que han hecho del partido, en el tiempo, una gran promesa incumplida.

El PPD nace, en lo político, para aglutinar fuerzas ideológicamente diversas, enfrentar y derrotar a la dictadura y reinstalar la democracia, las libertades, el respeto a los derechos humanos y construir una sociedad más justa, solidaria, de derechos para todos los chilenos.

El PPD nace en lo ideal, como un partido progresista capaz de contener en su seno desde ex comunistas y socialistas renovados a cristianos y liberales. Nace como una novedad en medio de la fractura del ideologismo de la guerra fría y a fines de un siglo que se cierra con la caída del muro de Berlín y de los socialismos reales. Nace con un espíritu autocrítico respecto de los errores cometidos durante el período de la Unidad Popular que crearon las condiciones de aislamiento social y político que permitió el golpe de estado que comprometió al conjunto de las FFAA y a la derecha política en el derrocamiento del presidente Allende.

Nace, por tanto, con la convicción de que grandes cambios requieren de grandes alianzas políticas y de una mayoría social que las respalde, de una democracia sin apellidos, del respeto a las libertades y a los derechos humanos en todo el mundo sin importar la ideología del régimen que las viole.


El PPD sociológicamente nunca fue un partido de clase, nace como un partido de capas medias ilustradas, tal como hoy lo es el Frente Amplio y por ello no me extraña que una parte de nuestra votación haya ido a las candidaturas de este conglomerado

Nace reconociendo el mercado como un motor de la economía pero, a la vez, proyectando la idea de terminar con el Estado subsidiario y trabajando en la transición política por la instalación de un Estado robusto capaz de aplicar políticas de control y de regulación de una economía marcada por la ideología y las instituciones neoliberales, un Estado interviniente en la aplicación de medidas sociales que permitieran reducir la pobreza, las desigualdades y generar mejores condiciones de vida y oportunidades para todos los chilenos.

Sin embargo, su novedad ideal, su diversidad frente al resto de la izquierda y del centro residió en que este partido fue más allá de la lucha por la igualdad social y colocó el ancla en aquello que Foucault llamó las “luchas colaterales”, es decir las luchas por los derechos y las libertades civiles, llevando la igualdad más allá del confín clásico de lo social a los derechos de género, del respeto a la diversidad sexual, al desarrollo económico sustentable ambientalmente, a las libertades como sinónimo de autonomía, de la elección de vida que resguarda la dignidad de los seres humanos.

Por ello, permítanme recordarlo, yo sostuve en el debate del Consejo Nacional del Canelo de Nos el profundo error que se cometía al transformar al PPD en un partido de izquierda, sin definir además teóricamente a que izquierda nos referíamos y relegando a un segundo plano su definición de partido progresista y ciudadano, porque desde sus orígenes el PPD se parecía y radicaba su diversidad mucho más a la lucha de los jóvenes del Mayo del 68 que escribían en los muros de París, Bruselas y Frankfurt “seamos realistas , pidamos lo imposible”, mucho más a los partidos por los derechos civiles y una nueva radicalidad democrática, mucho más a los movimientos ecologistas y feministas que llenaron un vacío dejado por la izquierda socialista y comunista marcados por el industrialismo a toda costa y por un profundo desprecio por las reivindicaciones de derechos de tercera y cuarta generación que estos movimientos representaban, que a los viejos partidos de clase tradicionales de la izquierda.

El PPD sociológicamente nunca fue un partido de clase, nace como un partido de capas medias ilustradas, tal como hoy lo es el Frente Amplio y por ello no me extraña que una parte de nuestra votación haya ido a las candidaturas de este conglomerado que socialmente y psicológicamente interpreta mejor que el PPD a las capas medias emergentes y a los jóvenes intelectuales de la sociedad actual.

Es cierto que el PPD contribuyó, en la sociedad civil y en el parlamento, a instalar los nuevos temas cuando estos eran incómodos para una compleja transición política y social y el embrión de mucho de lo que hoy existe , concretado durante este gobierno de la presidenta Bachelet, está en las luchas libradas por el PPD que en aquel momento se conectaba con los movimientos emergentes por los derechos de género y civiles, con la intelectualidad y la cultura que veían en el PPD una trinchera para colocar nuevas ideas.
Pero en la pérdida de esta identidad y en la incapacidad para representar los vertiginosos cambios de la sociedad del siglo XXI radica una de las mayores causas de nuestra crisis.

En el tiempo el PPD se tradicionalizó, se convirtió en un partido más, se vació de ideas y de densidad cultural , se transformó en una federación de caudillos que se disputan el poder interno y externo y que ha hecho que el PPD esté repleto de grupos y grupúsculos que se enfrentan sin dialogo posible en muchas regiones.

No escuchamos a Pepe Zalaquet cuando en un Consejo Nacional nos dijo que el prestigio de la política y del PPD se jugaba en el plano de la ética y hemos cometido muchas aberraciones morales, hemos relativizado cada vez la ética pública y ello nos ha conducido al descrédito ciudadano.

No hemos luchado contra los privilegios de los políticos y de las elites que controlan el poder político y económico y en nuestro propio partido toda una generación de jóvenes y prometedores líderes han caído en un profundo desprestigio por abusos de poder y faltas a la ética pública que provocan rabia en la ciudadanía que en un 55% no concurre a votar porque no confía en los políticos, en los partidos, en las instituciones públicas.

Aquí radica también un aspecto trascendente de nuestra crisis, como en las malas prácticas políticas faltas de transparencia que empobrecen la política, la muestran como algo sucio frente una ciudadanía que hoy goza no solo de mayor información sino de la capacidad de denuncia a través de las redes sociales.

Un aspecto fundamental de nuestra crisis tiene que ver con la decisión de transformar al PPD en un partido de izquierda y colocarlo en una desventajosa disputa en un sector ya superpoblado por el PS, el PC y ahora por el Frente Amplio. Ello ha conducido a una equivocada lectura respecto de la sociedad chilena de hoy.

No se ha entendido el que la complejidad subjetiva de la sociedad de hoy reside en que la movilidad social es percibida, por una parte importante de la sociedad, como algo individual y no colectivo como en el pasado. Apoyo a reformas, pero que no coloquen en riesgo lo logrado que es visto como un esfuerzo personal.

De allí que esa izquierdización del PPD haya conducido a abjurar de la experiencia de los gobiernos de la Concertación y de sus liderazgos, sin considerar las peculiaridades y los contextos de los procesos de la transición chilena.

Con ello hemos debilitado no solo nuestra memoria y patrimonio político sino también nuestra propia razón de ser como fuerza inscrita en una corriente de inspiración socialdemócrata, dejando de lado que los principales logros en materia de igualdad, libertades y democracia han sido construidos en el siglo XX por el Estado Benefactor de la socialdemocracia especialmente en los países nórdicos.

Nos hemos sumado o guardado silencio frente a las críticas comunistas contra todo a lo que huela a los cambios socialdemócratas sin entender que el PC aún se rige por el libro “La bancarrota de la segunda Internacional y el renegado Kaustky” de Lenin que veía en la socialdemocracia europea un enemigo principal a los principios de la revolución de Octubre y a la rusificación del marxismo que instaló el comunismo que se derrumbó y desapareció de la historia como una experiencia que nunca logró conjugar las libertades, la democracia con las conquistas sociales que esos regímenes implicaron.

La metáfora de la retroexcavadora, utilizada mañosamente por la derecha, persigue la imagen del PPD mas allá de las intenciones de quienes la formularon. Aquí hay un equívoco teórico importante. El neoliberalismo no es solo estructura económica es también una concepción ideológica que no se pueden enfrentar con una retroexcavadora sino con ideas para crear una nueva contra ideología progresista que derrumbe los mitos y las bases del neoliberalismo en la conciencia de los ciudadanos.

Pesa en esta crisis, por cierto, la ausencia de modelo distinto a nivel global. El ultimo La Tercera Vía de Tony Blair y Antony Gidenss si bien instala la política de las oportunidades desde la cuna, muere enterrado en la guerra de Irak.

La falta de un modelo alternativo afecta a la izquierda y a la DC. Hoy debe plantearse como ser socialcristiano y como ser socialdemócrata en una sociedad compleja, individualista, posmoderna.
Pesa la debilidad de la política dado que los partidos hacen política local y todo se mueve en el plano global.

Pesa el hecho de que en el estilo de conducción de la Presidenta Bachelet no haya nunca asumido el liderazgo de su coalición. Por ello es desmedido su comentario de que los responsables de la derrota son los partidos que se miran el ombligo. Es cierto que los partidos , acorralados por los cambios de época y sin renovación, tienden a la auto referencialidad. Pero la propia Presidenta Bachelet ha contribuido, en su falta de diálogo con los partidos, a una depreciación del rol de ellos ante la sociedad.

Por ello hay que repotenciar la política en diálogo permanente que escuche a los ciudadanos.
Para salir de esta crisis el PPD debe realizar una verdadera revolución copernicana o de lo contrario caminará inexorablemente al peor de los escenarios: el de la intrascendencia. Ya seremos intrascendentes, más allá de la calidad de nuestros diputados electos, en la Cámara. Lo somos en el movimiento estudiantil, en la cultura, en los sindicatos, en buena parte de la ciudadanía. El PPD debe reafirmarse como una fuerza progresista y ciudadana, debe hacer política a todo campo, debe dialogar con la DC ahora que el grupo dirigente del PS ha abandonado el rol del gran articulador de la alianza entre la izquierda y el centro, debe dialogar con el PR en tanto partido de centro laico.

Sueño con un PPD transformado en lo que hoy es el Partido Democrático Italiano.
Un PPD que se coloque a la cabeza de las transformaciones tecnológicas que como la revolución de la inteligencia artificial volverán a cambiar no solo el modelo capitalista global sino también la estructura laboral y la subjetividad de las personas. Debe ser vanguardia en las políticas migratorias, en la lucha por un estado plurinacional que reconozca plenamente los derechos políticos de los pueblos originarios y en particular del pueblo mapuche.

Debe conducir los procesos que den mayor valor agregado a la minería metálica y no metálica y crear una empresa nacional del litio que no exporte solo sal sino productos finales tecnológicos que cubran la enrome demanda del mercado mundial y la industria automotriz eléctrica que solo en China producirá 5 millones de automóviles.

Debe encabezar el debate sobre a democracia del siglo XXI porque tienen razón quienes sostienen que la democracia representativa nacida en el siglo XVIII se agota y porque hoy con la revolución digital existen todas las posibilidades para crear nuevas formas de horizontalidad de los procesos democráticos que involucren a los ciudadanos en las decisiones.

Debe ser líder en la creación de una nueva ética pública que re prestigie a las instituciones y en nuevas prácticas democráticas y transparentes en la política.

Un PPD que no tema con esquematismos ideológicos trasnochados al mercado y al crecimiento económico y oriente estos procesos a formas sostenibles ambientalmente, laboralmente con principios de regulación del estado que den garantías a todos los actores.

Es un enorme desafío para transformar la crisis en una oportunidad de cambio y ello parte por elegir una nueva conducción política en elecciones competitivas donde cada cual exponga ante el país, el partido que quiere y las alianzas que llevará a cabo.

Que además establezca un diálogo y acuerdos programáticos con el Frente Amplio no solo respecto de la elección de los gobernadores regionales sino respecto del tipo de oposición que llevará adelante.

Hay liderazgos, hay ideas, trabajemos con unidad en este momento difícil sin esconder nuestras diferencias, hagamos del PPD una nueva sede del pluralismo que articule en su interior, sin prejuicios, a diversas culturas. Si lo logramos podremos transformar esta derrota en victoria y ser protagonistas de un mejor porvenir para nuestro pueblo y nuestro país.

TAGS: #Centro-Izquierda #IzquierdaChilena PPD

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