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El origen de la injusticia

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Si existe un punto en común en el discurso político transversal desde izquierdas a derechas, es el profundo sentido de injusticia que impera hoy en el país. La imagen de la puerta giratoria por donde entran y salen delincuentes (que en cada vuelta se perfeccionan), el cuadro de jueces otorgando penas ínfimas a grandes empresas y personajes influyentes por casos de cohecho, corrupción y hasta abuso, hacen que la acción de la justicia se transforme en responsable del eterno desborde delincuencial en el que supuestamente vivimos y, al mismo tiempo, en la constatación de la existencia de privilegiados a quienes no les cae el peso de la ley al transgredirla, reflejando que,  como diría Orwell, existen iguales más iguales que otros.

Estas imágenes impresas en la sociedad son, a mi juicio, el origen del sentido de injusticia que reina en la sociedad, ya que en ellas vienen aparejados prejuicios que, al margen de la ley y del conocimiento del debido proceso judicial, son el referente de justicia que creemos debe vivir detrás de cada sentencia.


La sociedad entonces juzga antes del fallo y lo hace no desde la ley y el debido proceso, lo hace desde la indignación, la impunidad, la sensación de inseguridad, la rabia y el resentimiento

Los dos casos donde este fenómeno se explica de mejor forma son los que se mencionan anteriormente: la corrupción y la seguridad. La opinión pública es lapidaria a la hora de fustigar fallos judiciales a empresarios y operadores políticos y, también  lo es al hablar con desprecio de jueces que mantienen en la calle a delincuentes comunes. En ambos casos quienes ostentan y aspiran a cargos públicos azuzan la indignación popular, ¿qué mejor forma de ganarse el favor público que desde el púlpito político apuntar con el dedo a jueces y fiscales corruptos e incompetentes?

La sociedad entonces juzga antes del fallo y lo hace no desde la ley y el debido proceso, lo hace desde la indignación, la impunidad, la sensación de inseguridad, la rabia y el resentimiento. Por más que existan legítimas razones que se podrían esgrimir para comprender la distancia entre la sociedad y el Poder Judicial, tal distancia, en parte provocada por la acción de los medios de comunicación de masas (incluidas las redes sociales), puede tener implicancias que podrían poner en riesgo la integridad del Estado de Derecho ya que la garantía de la separación de los poderes del Estado queda en entredicho.

En los años de la agitada Revolución Francesa, Maximiliano Robespierre, líder de la Revolución y furibundo jacobino, era conocido como el “Incorruptible” y desde su sitial de pureza revolucionaria, soñaba con juicios populares, donde la voluntad general se expresara en el pueblo vociferante que, en connivencia con el juez, dictara sentencia bajo el amparo de las leyes de la historia. Bajo esta idea de Justicia, quien pueda arrogarse ser la voz del pueblo se transforma en horizonte de justicia. Partidos políticos y líderes carismáticos han sido, en nombre del pueblo, responsables de la eliminación y represión de individuos que, por orden del partido o del líder de turno, se transformaron en criminales.

Durante los últimos años, detenciones ciudadanas han significado actos de violencia que, al margen de la ley, se transforman en castigos que generan apoyo en un sector de la población. El caso de los ecuatorianos torturados en la cárcel ha generado apoyo en un número no insignificante de ciudadanos. En estas actitudes se puede ver un camino que busca hacer justicia por la fuerza de la violencia, no de la ley. La justicia en este caso se divorcia del derecho y avanza hacia la conformación de un Estado Policial que, como “Batman” en “Ciudad Gótica”, aniquila a los malos (dejando al arbitrio del Estado Policial quien es el malo) y otorga seguridad a los buenos ciudadanos.

Por último, a mediados del siglo XIX Alexis de Tocqueville, destacaba a la institución del jurado (ciudadanos escogidos al azar y revestidos en forma momentánea del derecho de juzgar) como una importante alternativa al sentimiento de injusticia en la sociedad. El jurado, planteaba el francés, enseña al ciudadano acerca de la ley y el proceso judicial, otorga al gobernado la posibilidad de “imprimir su dirección a la sociedad” al hacer que deba aplicar la ley en un caso particular y, además, promueve el respeto por el derecho  y la cosa juzgada. Sin embargo, depositar la aplicación de la ley significa entregar la justicia a hombres y mujeres comunes y corrientes que no están inmunes a la influencia de los medios de comunicación y de la opinión pública. ¿Qué garantías podría ofrecer la justicia si quienes la imparten actúan en base a la indignación o la rabia en vez de hacerlo en base al análisis e interpretación de las leyes frente a un caso particular?

La sed de justicia es una arma efectiva a la hora de buscar el poder, quien se sume a los indignados debe saber que los réditos de esta estrategia son de corto plazo, pero que en una mirada más profunda, oscurecen y desprestigian al Estado de Derecho y por ende, amenazan las garantías que nos entrega la ley.  ¿Cómo podemos entonces hacernos cargo de la sensación de injusticia que carcome a las instituciones republicanas? Tres ejemplos se mencionaron en los párrafos anteriores, dos se basan en la obediencia y lealtad como virtudes ciudadanas, una tercera en la prudencia y la responsabilidad. ¿Cuál es el camino que se corresponde con nuestra sociedad?

TAGS: #Corrupción #Delitos #Democracia #Justicia Penal

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Comentarios

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Michaels schultzki

25 de Noviembre

La verdad es que la gente es un motor, genera dinero y los empresarios sin escrúpulos y los políticos y jueces colaboran a destruir nuestro país, mucho de nosotros sin cultura ellos empoderado del saber ,mi caso un juez Francesco carreta, hasta hace clases, nosotros permitimos esta lacra, un día alguien hará una justicia porque es demasiado el abusó ,quien los controla ,nadie, esta gente vive bien en Curauma la cumbre 260, los alimentamos y pagamos para que sean mejores ,pero son seres que están en otro planeta,no toman micro no caminan por nuestras calles y nos representan? Los poderes policiales, se juntan con las cedes sociales? Saben que pasa? No hay profesionalismo,solo alimentamos a sus hijos y sobrinos ,bueno es ser politico, un día la Honda les llegará y ellos lo hicieron, como un terremoto la gente acumuló energía y explotara más de una vez,no es ser profesional ver qué pasa.el poder se acaba si no lo cuidas.

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