#Política

El fraude por la paz, las polillas y la hipermetropía

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Desde que han volado en la Tierra, las polillas utilizan la luz de la Luna como un punto de referencia a partir del cual se desplazan de un lugar a otro, así lo entiende la ciencia, hasta ahora. La luz producida artificialmente actúa sobre las polillas como si de la luna se tratase. Vuelan hacia ella, pueden morir quemadas, atrapadas en una tela de araña o simplemente perderse hasta el alba en un vuelo sin sentido al rededor del foco. Gran parte de la clase política son como las polillas. Corren directo al flash de las cámaras, se dan vueltas y pierden el sentido de la orientación, la luz que irradia el poder distorsiona la realidad. Un claro ejemplo de esto es Gabriel Boric quien no dudó en lanzarse al “Acuerdo por la paz”, a los ojos de los televidentes y los flashes de las cámaras, porque podía tratarse de algo “histórico”, o de un “triunfo histórico” de la revuelta chilena que inició hace poco más de un mes. Adelanto desde ahora que eso no es así.


“¿Qué es lo realmente histórico? La revuelta de Octubre chilena que ha cambiado irrevocablemente el espíritu de la sociedad y que ha significado el inicio del fin del sistema neoliberal “nacido y criado” en Chile.”

Si uno parte de la idea de que la Historia es todo lo que somos, es decir, todo lo que ha ocurrido en el mundo (por ejemplo: la humanidad ha ocurrido y está siendo) se podría “estirar el chicle” hasta decir cosas tan raras pero obvias como “hoy me levanté cinco minutos más temprano, ¡es algo histórico!”, “en esta asamblea participaron 200 personas, ¡es algo histórico!”, “el acuerdo por la paz, ¡es algo histórico!”, etc. Lo bueno de lo anterior es que responde a una conciencia de la historia y lo malo es que no sirve para hacer análisis ni interpretaciones, ya que no son hechos que generalmente no ponen cause a la historia. Otra perspectiva es mirar ciertos hitos que suponen ser algo así como un mirador desde el cual uno puede observar un pasado y un futuro, en una línea temporal. Entonces un hecho histórico es algo así como una contracción de la Historia misma, un nudo, que lo cambia todo, aunque de pronto parezca no hacerlo. Por eso es, al menos, problemático aseverar que el fraudulento acuerdo por la paz es un hecho histórico. Desde otro punto de vista, tenemos en nuestra historia institucional situaciones donde la élite política se ha puesto de acuerdo en amplitud, precisamente con el objetivo de no perder el poder utilizando el conocido: hacer que todo cambie, para que al final, ciertamente, nada cambie realmente.

El acuerdo por la paz es un simple engaño, es dar a la mentira apariencia de verdad. En primer lugar se erige, por sus defensores, como un triunfo cuando de su letra hiperlaxa es posible desprender cualquier cosa, esto ya está ocurriendo.

En segundo lugar carece de legitimidad institucional y esto es poco pedir en un sistema donde las instituciones mismas están deslegitimadas. Ese piso mínimo de seriedad no existe ya que no fue un acuerdo formado en una instancia formal de un poder del estado, ni participaron todos los partidos políticos. Lo último pasando por alto la legitimidad social que no tiene los partidos, al ser elegidos, los parlamentarios, por menos de la mitad de los chilenos y chilenas. Así uno puede sumar y seguir con una larga lista de deficiencias institucionales.

En tercer lugar, es un acuerdo que “raya la cancha”, intenta poner límites, al poder constituyente antes que éste pueda ser ejercido.

En cuarto lugar, dispone un quórum de acuerdo que significa en términos prácticos que una minoría puede vetar las propuestas mayoritarias, lo que facilita alcanzar “grandes acuerdos” que en realidad llevan al gatopardismo y lo más grave es que el veto supondrá llegar a una instancia que ni siquiera será votada, el Congreso Constituyente, ya que donde no se logre el quórum la cuestión será pasada por la tramitación de una ley.

En quinto lugar, se trata de un acuerdo que busca la paz, efectivamente, pero para la clase política de élite. En palabras sencillas, los salva de la máquina que se sigue hundiendo, un sistema indolente y corrupto que llevó al real sufrimiento que se deriva de la miseria social, económica y espiritual en la que viven millones de ciudadanos en Chile. En sexto lugar es un acuerdo que busca alcanzar la paz sin justicia, sin reparación a las víctimas de la reprensión estatal y por último, es un acuerdo que busca la paz sin el pueblo, sin un dirigente vecinal, sin una dirigenta sindical, sin el empresariado, sin ningún actor de la así llamada sociedad civil.

¿Qué es lo realmente histórico? La revuelta de Octubre chilena que ha cambiado irrevocablemente el espíritu de la sociedad y que ha significado el inicio del fin del sistema neoliberal “nacido y criado” en Chile. Sobre este hito histórico el acuerdo “histórico” es una fotografía que muchos quisieran ver colgada en un cuadro en algún palacio institucional. No será así, esperemos que no sea así. Sin embargo la miopía política de algunos los vuelve tozudos en su fe para con el acuerdo. Aunque no corresponde al mismo campo semántico uno podría decir que se trata, más bien, de un déficit en apreciar lo que está cerca, no obstante poder ver el fondo del cuadro, es decir, una hipermetropía. Así el árbol no tapa el bosque pero algunos no pueden ver el árbol, ni sus hojas, ni el tronco, ni la corteza; no pueden ver la sutileza de lo que está próximo, en frente de sus ojos. Tal vez el destello televisivo, mediático y político del “acuerdo por la paz” hace lo que la luz artificial hace con las polillas, no solo con la clase política, sino con quienes anhelan un cambio auténtico. 

Después de todo, ha llegado una oportunidad de construir desde abajo y desde adentro. Este es el momento de aprender algo más que a oprimir y ser oprimido, de formarnos y discutir lo que queremos ser como país, de proponer y estudiar los contenidos de una futura constitución. Es el momento de construir una asamblea constituyente ciudadana con un procedimiento para formar acuerdos y que en caso de no lograrlo sea el pueblo quien dirima vía plebiscito. Ha llegado el momento de decir adiós a una vieja clase política, a sus costumbres, a sus monumentos, a su ideología y símbolos, que nos tienen en una deplorable y alarmante situación  espiritual. El desierto avanza. Avanza literalmente, pero también el desierto del alma ha estado matando toda la existencia de un pueblo crece/crecía. Ahora parece que ese avance se detuvo, en esta calurosa primavera. Ese es el sencillo, silencioso y más significativo triunfo.

TAGS: #EstoPasaEnChile #ProcesoConstituyente Acuerdos de Paz

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