#Política

El desafío, también, es formar ciudadanos

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El fin de semana escuché un programa en radio Bío-bío en el que se preguntaba la opinión a los auditores sobre los despidos que se están llevando a cabo por el gobierno de Piñera.

Más que argumentaciones armadas en base a antecedentes fidedignos, fue un desfile de reacciones airadas las que protagonizaron el programa. Algunas de ellas fueron: “en la Concertación están llorando de mamones, que se dejen de llorar”; “esto está pasando porque la Concertación gobernó para la derecha”; “esto tiene que pasar cuando hay cambios de gobierno” y: “está bien que los despidan, para limpiar lo que está pudriendo nuestra sociedad”.

Esto último en alusión a que los profesionales del Estado son “todos” apitutados.

El peligro de cimentar sociedades reaccionarias es tentar a la irracionalidad para convertirse en actos oscuros, y como país eso ya lo hemos experimentado.

Es importante levantar edificios, promulgar leyes a favor de los derechos humanos, de los consumidores, construir carreteras, firmar tratados de libre comercio, ingresar a organismos internacionales, preocuparse del post-natal, del 7%, entre otros. Pero, más allá de esto, hay un eslabón determinante para que a partir de ello se construya una sociedad más humana y equilibrada, tanto en sus logros materiales como espirituales. Y éste es: formar ciudadanos.

A propósito de la entrada Kinesiología socialista de Oscar Landerretche, donde comparte sus ideas freak para renovar la política al interior del PS, se me ocurre que tal vez se puede incluir esta última en el itinerario socialista.

Por ejemplo: convocar e integrar a los ciudadanos no militantes a algunas jornadas de trabajo dentro del partido, haciéndolos parte de jornadas laborales que permitan construir puentes  para cimentar confianzas y cariños. Dar pie a la organización y articulación entre política y ciudadanía e invitar a los ciudadanos a que conozcan de qué forma se piensa un país, quiénes actúan en la construcción de él, cuáles son las responsabilidades, compromisos y desafíos que se deben asumir, y por sobre todo, cuál es el rol que debe cumplir un funcionario público, un legislador, un político, y un ciudadano, entre otros.

Si bien el tercer punto de las ideas freak que propone el autor, la acción social, establece que el partido esté abierto para entregar sus herramientas a los dirigentes sociales, tenemos que tomar en cuenta un factor relevante. Las circunstancias en las cuales se encuentra la política actualmente nos lleva a preguntarnos si la asistencia unilateral es el solitario camino que se debe volver a recorrer, o es el trabajo multilateral lo que permitirá reactivar la participación social solidaria y fraterna.

No cabe duda de que esos dirigentes sociales, y quienes no lo son,  tienen muchas herramientas que compartir y aportar a los que en algún tramo de la historia política olvidaron que son servidores públicos. También a aquellos que siguen manteniendo vivo ese espíritu.

Si abrazamos esa idea, la de complementar nuestros trabajos, saber qué sucede en los entornos por los cuales transitan nuestros proyectos, aspiraciones y anhelos, saber construir criterios u opiniones, tal vez las reacciones den paso a la idea, la propuesta, el argumento constructivo, la curiosidad por saber cómo está el otro, y por qué no, al afecto.

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