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El desafío político de la felicidad

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En la última edición del “Índice del Planeta Feliz” (en inglés: Happy Planet Index, HPI), elaborado periódicamente cada tres años por la New Economics Foundation (NEF), el país ocupa el puesto 19. Para los analistas del oficialismo era un triunfo haber escalado 27 posiciones respecto al anterior estudio, divulgado el 2009.

El 1 de agosto de 1900, Enrique Mac Iver escribió: “Me parece que no somos felices; se nota un malestar que no es de cierta clase de personas ni de ciertas regiones del país, sino de todo el país y de la generalidad de los que lo habitan”. Su “Discurso de la crisis moral de la República” pareciera mantener una cruel actualidad cuando han pasado ya casi 113 años de su escritura, sobre todo luego que habíamos llegado a la convicción de que habíamos logrado niveles de crecimiento que nos acercaban al Primer Mundo y que estábamos a las puertas de la felicidad.

En la última edición del “Índice del Planeta Feliz” (en inglés: Happy Planet Index, HPI), elaborado periódicamente cada tres años por la New Economics Foundation (NEF), el país ocupa el puesto 19. Para los analistas del oficialismo era un triunfo haber escalado 27 posiciones respecto al anterior estudio, divulgado el 2009.

Sin embargo, esta situación no parece tan auspiciosa cuando se examinan los datos del HPI en su conjunto. A lo menos, se constatan los límites del proceso de desarrollo que ha experimentado nuestra sociedad en las últimas décadas.

En primer término, Chile no figura entre los diez países que encabezan el listado de las 151 naciones que fueron estudiadas, lo que es significativo considerando que nueve de las 10 corresponden a América Latina y El Caribe, y se trata de países que, desde una mirada de prejuicio, registrarían niveles de desarrollo menores a Chile. Además, en una cantidad significativa de ellos existen Gobiernos que sostienen modelos diferentes al paradigma neoliberal. El primer lugar es ocupado por Costa Rica, luego figura Vietnam, y desde el tercer al décimo lugar están Colombia, Belize, El Salvador, Jamaica, Panamá, Nicaragua, Venezuela y Guatemala.

Entre las posiciones 11 al 20, Chile es superado por tres países latinoamericanos: Cuba (12), Honduras (13) y Argentina (17). También se encuentran en posiciones por encima de Chile las siguientes naciones: Bangladesh, Indonesia, Israel, Pakistán y Albania. Por muy escaso puntaje, bajo Chile figuran México (21), Brasil (22) y Ecuador (23).

Por otra parte, resulta significativa la baja posición de países que podrían considerarse los modelos por excelencia de un desarrollo avanzado. Por ejemplo: Reino Unido (41), Japón (45), Alemania (46) y Estados Unidos (105).

La explicación de esos resultados, que pueden resultar sorprendentes, es que el Índice, para medir el nivel del bienestar social, articula una complejidad de variables, más allá del puro crecimiento económico y material. En primer término, la esperanza de vida al nacer, a partir de datos proporcionados por los Informes de Desarrollo Humano.

Luego, la “satisfacción en la vida”, relacionada con el “bienestar subjetivo”, que incluye oportunidades para emprender actividades con significado que confieran sentimientos de capacidad y de autonomía, y el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Todo ello está asociado con la existencia de redes sociales, los niveles de educación y con las capacidades de las personas, en estrecha vinculación con el nivel de capital social, los estándares de vida y la participación ciudadana. Ello se sustenta en encuestas que son aplicadas por Gallup y World Values Survey (WVS).

Finalmente, se mide la “Huella Ecológica”, que parte de la premisa de que la naturaleza sólo puede acompañar el desarrollo si la actividad económica no supera la capacidad regenerativa de la biosfera. Si la producción de los bienes y los servicios es mayor a la capacidad de regeneración de los recursos naturales que en ello se usan, se obtiene un resultado negativo para la calidad de vida. Es un indicador clave para la sostenibilidad.

Al examinar estas variables por separado en esa última versión del Índice, se obtienen resultados más sorprendentes.

En lo que se refiere a la “satisfacción en la vida”, Venezuela ocupa el primer lugar en la región con 7,6 y la cuarta posición entre los 151 países, empatando con Suiza, Suecia y Países Bajos, siendo superados solo por Dinamarca (7,8), Canadá (7,7) y Noruega (7,6). En esta variable, Chile es superado por 28 países, compartiendo la posición Nº 29 (con 6,6) con Turkmenistán, Kuwait y Qatar. En América Latina, Chile es superado, aparte del caso venezolano, por Panamá y Costa Rica (ambos con 7,3), México y Brasil (con 6,8) y El Salvador (6,7). Belice (6,5) Argentina y Colombia (6,4) están muy próximos.

En la esperanza de vida al nacer, Chile no aparece mal ubicado: comparte el segundo lugar con Cuba (79,1), siendo levemente superado por Costa Rica (79,3), aunque debe tenerse en cuenta que la mayoría de los países de la región figura con rangos similares: México (77), Panamá y Belize (76.1), Argentina (75,9), Venezuela (74,4), Nicaragua (74), Colombia (73.7), Ecuador (75,6), Perú (74) y Brasil (73,5). No obstante un número significativo de países, sobre todo europeos, superan la marca.

Algo similar ocurre con la huella ecológica, en que Chile aparece en el primer lugar de la región con 3.2, siendo seguido por Paraguay, Panamá y Venezuela (3.0), Brasil (2.9), Argentina (2.7), Bolivia (2.6), Costa Rica (2.5) y Ecuador (2.4). Y también gran cantidad de países de otras latitudes, particularmente del Viejo Continente, se imponen.

Los datos del “Índice del Planeta Feliz” muestran la importancia de una redefinición de la concepción del desarrollo que ha predominado en Chile, incorporando las variables de la satisfacción con la vida, que se correlaciona sobre todo con el acceso a la salud, la educación y bienes sociales como el agua; la protección del medio ambiente; y sobre todo con la promoción de la identidad y los valores comunitarios; y con la extensión de la democracia y la participación ciudadana. Se trata de un enfoque que pone énfasis en la calidad de las relaciones sociales así como en el desarrollo integral de las personas, en línea con la aproximación de las capacidades (capability approach) planteada por la Premio Nobel de Economía Amartya Sen. Esta nueva perspectiva es clave para elaborar políticas públicas orientadas a influir en el “bienestar subjetivo” (es decir, la felicidad) de la población. En definitiva, para que el Estado asuma que su rol es posibilitar la felicidad de las personas.

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11 de agosto

Esta buena tu columna, Rodrigo.
Saludos desde Arica,
G

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