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El Contrato Social de Jean Jacques Rousseau, según Bertrand Russell

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Este artículo nace producto del confinamiento provocado por la pandemia del Covid-19 y la obligada necesidad que nos impuso por  intentar hacer algo útil e interesante para mejor sobrellevarlo. Eso me llevó a reencontrarme con un libro, titulado Historia de la filosofía, (1) una fabulosa obra de arte del pensamiento, cuyo autor es Bertrand Russell.

El autor


El mérito de Jean Jacques Rousseau, por su parte, es haber contribuido, varios siglos antes, a dar forma a la doctrina del Contrato Social como origen del gobierno, aunque de hecho, en la visión Russeliana “es la igualdad lo que él trata de asegurar, incluso a expensas de la libertad”.

La obra en cuestión, nos proporciona la gran ventaja de entregarnos miles de años de historia de nuestra civilización,  interpretada y escrita  por un filósofo y matemático  británico prestigioso como Bertrand Russell, (1872-1970), premio Nobel de Literatura. Pero por sobre todo  un humanista, un hombre opuesto a la brutalidad  y el dogmatismo, partidario entusiasta de la igualdad de derechos de la mujer, empezando por el derecho a voto. Cuando estalló la primera guerra mundial, entre otras acciones de la vida más mundana, se manifestó con energía en contra de ésta desde el primer momento.

El libro

El libro, de 892 páginas, está organizado a su vez en tres libros. Luego, cada uno de ellos está clasificado por épocas, como por ejemplo, La Filosofía Antigua, que consta de tres partes: Los Presocráticos, primera parte; Sócrates, Platón y Aristóteles, segunda; Filosofía Antigua Posterior a Aristóteles y así sucesivamente hasta llegar al libro tercero que lleva por título La Filosofía Moderna, que es, sin siquiera pretender desestimar las otras, la parte que mayor interés despertó en mí.

Así es como, luego de fijar las bases filosóficas de las épocas pretéritas de nuestra civilización, Russell pasa de lleno a la Filosofía Moderna, aunque en opinión del autor del prólogo, la que comparto, dedica más del tiempo necesario al tratamiento de la Filosofía antigua. Aun así, la parte moderna  sigue  la misma lógica de las secciones anteriores, es decir, la división en dos partes. Una primera, que va desde el Renacimiento italiano hasta Hume, pasando por  Maquiavelo, el Auge de la ciencia, Francisco Bacon, el Leviatán de Hobbes, Descartes, el Liberalismo filosófico, teoría del conocimiento de Locke y su influencia, entre otros.

Una segunda parte, desde Rousseau hasta la filosofía del análisis lógico, pasando por el movimiento romántico italiano, Rousseau, Kant, Hegel, Byron, Schopenhauer, Nietzsche, (que será, junto a la obra de Rousseau, objeto de nuestro comentario), Marx, Bergson hasta llegar a William James, para cerrar su trabajo con el filósofo y educador norteamericano, John Dewey.

A lo largo de su obra, el autor va tratando de un modo minucioso pero a la vez entretenido  las complejidades del pensamiento abstracto, para hacerlo lo más digerible posible para personas no expertas como yo, pero que sienten curiosidad por adentrarse en las complejidades del ser humano y las sociedades que este ha construido a lo largo de su existencia sobre este planeta que llamamos Tierra.

Motivación

En este artículo, haré un esfuerzo por centrarme en el pensamiento de  Rousseau  y Nietzsche, expuesto por Bertrand Russell, como ya se ha dicho. Es un esfuerzo intelectual,  porque no es fácil en general seguir las líneas de pensamiento de los filósofos, siéndoles difícil incluso seguirse entre ellos. En lo particular, porque si bien  los grandes pensadores han contribuido a modelar -para bien o para mal, la civilización que habitamos, lo han hecho, estimo yo, a partir de los mundos concretos que a ellos les tocó vivir, con sus códigos, costumbres, creencias, ideologías e influencias que ellos mismos recibieron del medio que habitaron y de otros pensadores, pero que lo trascendieron desde su propio pensamiento. Pero lograron trascender a su época, siendo personas, seres humanos de carne y hueso, que vivieron la vida seguramente con frustraciones y contradicciones que a todo humano nos plantea la vida, siendo además hijos, padres, hermanos y esposos.

Quiero decir con esto que no fueron máquinas pensantes, pétreas, sin contradicciones  y sin dinámica, desprovistas de emociones y sentimientos. En esa línea argumental ubico al rector Carlos Peña, cuyo racionalismo exagerado, dogmático y arrogante, más bien da la impresión que se sirve de los clásicos del pensamiento filosófico, para hacer apología de la modernización capitalista en Chile, incluso solo  una forma de esta modernización, cual es la dimensión consumista pero elevada a un fin en sí mismo. Eso lo lleva a eludir los abusos cometidos por las elites y a ningunear la protesta social y en especial a los jóvenes y a decir poco o nada sobre el uso excesivo de la fuerza por parte del Estado, que ha mutilado la visión de centenares de ellos.

La buena lectura ayuda y mucho a desarrollar el pensamiento, mucho mejor si ese pensamiento es crítico, con altura, tolerante y no excluyente. Sin embargo el conocimiento explícito y textual, es solo una expresión más de él y no el único. En los tiempos de la tecnología digital, señalar eso pareciera ser de  perogrullo. También cuenta el conocimiento experiencial, aquel que nace fuera del aula, pero que puede volver a ella y ser un aporte en los diferentes ámbitos de la vida, cuando se le abre camino para que exista y se exprese. Mientras en los países de la Unión Europea las agencias especializadas llevan algunos años definiendo institucionalidad para incorporarlo a las mallas curriculares y reconocerlo, el rector Peña lo reduce al parecer a su adhesión no declarada a un modelo de desarrollo que se agotó y que se ha vuelto un peligro para la convivencia pacífica en nuestro país.

¿Por qué entonces Rousseau  y Nietzsche? Por dos razones. Una primera razón, es el fundamento que entrega Russell en su libro  y que me gatilló la segunda. Textualmente Russell dice que entre las corrientes de pensamiento en el siglo XIX, que define como la época intelectualmente más desafiante con respecto a todas las épocas anteriores a la Filosofía moderna, habría  4 elementos que la explicarían:

1).- “mayor espacio actuante del hombre sobre los confines del planeta”,(aunque Russell no lo menciona, infiero que se refería a la conquista de América por la corona española y  la colonización de la India de parte del Imperio Británico), que habría  implicado  un mayor conocimiento de las filosofías indias, antiguas y modernas; 2).-“nuevas conquistas de la ciencia en geología, biología y química orgánica”; 3).- “alteración de la estructura social por la producción industrial” y el consiguiente mayor empoderamiento de los hombres con respecto a la naturaleza; y, 4).- “una rebelión filosófica y política contra los sistemas tradicionales de pensamiento en política y economía.”

Esta rebelión, continua, tuvo dos formas diferentes, una romántica “que  pasa de Byron, Schopenhauer y Nietzsche a Mussolini y Hitler”, mientras que la rebelión racionalista “comienza con los filósofos franceses de la Revolución, pasa luego, algo suavizada, a los radicales filosóficos de Inglaterra, adquiere después una forma más profunda en Marx y desemboca en la Rusia Soviética.” Página 774.

La segunda razón, que explica la motivación por escribir este texto, se debe a mi  interés por la política y la cosa pública más en general, los temas del poder y la democracia. Mi motivación política es mi  interés personal por la idea de la democracia en el pensamiento socialista, mi domicilio político. En efecto, la idea socialista que surge junto a los movimientos obreros nacidos a la par y como consecuencia de la Revolución industrial y a la brutalidad que implicó la acumulación primitiva del capital a costa de la fuerza de trabajo, es relativamente más clara de ubicar  en la Socialdemocracia alemana y rusa  de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, se deteriora con el estallido de la primera guerra mundial y la desintegración de la Socialdemocracia hasta allí conocida, para   luego entrar en un periodo de oscuridad a raíz del curso destructivo que vivieron estas sociedades, una bajo el nazismo, la otra bajo el estalinismo.

Sin embargo, la idea del socialismo democrático, aunque muchas veces invisibilizada por fuerzas ajenas y muchos  errores propios, cuando no aplastada y sumergida a veces por épocas, reaparece en Europa primero con Antonio Gramsci, Palmiro Togliati y el eurocomunismo de los 70 después, mientras que en  América Latina podemos destacar los aportes de Mariátegui en Perú y Salvador Allende en Chile. Al respecto, un interesante texto escrito por el exdiputado Antonio Leal, que se refiere al legado de Gramsci en el siglo XXI, permite ampliar esta línea de pensamiento. (2).

América Latina nunca estuvo al margen de los procesos políticos de alcance mundial y esta no será la excepción. Pero su evolución, o mejor dicho, el curso que tomen los acontecimientos intraregionales, dependerá mucho de si continúan cada uno de sus países actuando por separado, aislados unos de otros,  en conflictos subrepticios o abiertos  como durante el periodo de las dictaduras militares, o bien avanzan hacia la conformación de alianzas o pactos unitarios y de colaboración entre los distintos Estados, algo parecido a la Unión Europea, pero que recoja la esencia de los pueblos latinoamericanos en su devenir histórico.

En lo que a Chile respecta, luego de la derrota  del Gobierno de la UP, la continuidad de la idea democrática del socialismo que propició Allende fue retomada y por diversas razones abandonada  por la renovación socialista que comenzó a tomar forma tras los episodios trágicos del golpe de Estado en Chile, proceso que en algún momento tendrá que ser sometido al escrutinio crítico. Me reconozco de ese periodo, el que viví primero como joven partidario del Gobierno de Allende; luego, intensamente en el activismo político durante la dictadura  tras las banderas de la justicia social, la igualdad, la defensa de los derechos humanos, la reagrupación de fuerzas socialistas en la década de los 80s; y como actor en la lucha por la recuperación de la democracia y su profundización, tarea que sigue estando pendiente, de modo que algo podremos  decir al respecto.

Aun cuando, como la mayoría de las veces, no se exprese hoy políticamente con nitidez y se muestre más bien dispersa y atomizada, lo mismo que quienes adherimos a esa concepción de la política, la idea democrática del socialismo empieza a recobrar fuerza. Se trata de una concepción ideológica, que no se agota en expresiones orgánicas específicas, aunque por supuesto que, en muchos casos las incluye en el todo o en fragmentos, a veces uniendo teoría y práctica, otras muchas no tanto,  pero la idea en sí las trasciende. Eso es conveniente dejarlo en claro de entrada.

Las bases materiales que hacen a esta idea una opción de conducción política, las encontramos en la realidad caótica en la que se encuentra el mundo de hoy: concentración de la riqueza mundial, regional y nacional,  en pocas manos; desastres climáticos, que comprometen seriamente la sobrevivencia digna de las generaciones que nos sucederán; capacidad nuclear destructiva en manos de las grandes potencias mundiales y la emergencia de armamentismo nuclear en los alrededores del planeta; pandemia(s) gatilladas por el quiebre del ser humano con la naturaleza, alteración y destrucción del equilibrio de los ecosistemas; ineficacia de los organismos mundiales para gobernar la globalización que emergió al fin de la segunda guerra mundial, lo mismo que la incapacidad de los Estados nacionales para llamar al orden  al gran capital.

Una visión profunda y bien documentada al respecto, la encontramos en el  trabajo de investigación que ha venido haciendo el economista e investigador francés, Thomas Piketty, en sus dos libros: Uno, El capital en el siglo XXI y Capital e ideología, el otro. (3). Un muy buen resumen de este último trabajo, ha sido  hecho por el economista e investigador chileno, Eugenio Rivera, (4).

Pero por de pronto, vamos a intentar hacer un esfuerzo en el objeto de este texto, que es el análisis  Russelliano, de los dos filósofos mencionados, que tendrá que ir forzosamente en dos artículos separados.

Partamos por Jean- Jacques Rousseau (1712-78). Aunque Russell reconoce “su poderosa influencia en la filosofía, en la literatura, en el gusto, en las maneras y en la política”, su opinión sobre la persona de Rousseau, en términos de su comportamiento, no es nada de halagador, porque por ejemplo, relata varios episodios indecorosos y algunos otros simpáticos como cuando, luego de haber obtenido su primer éxito literario, “vendió su reloj, diciendo que ya no tenía ninguna necesidad de saber la hora”.

Su periodo intelectualmente más fecundo remonta a 1760, con su obra La nouvelle Heloise; Emile y el Contrato Social, en 1762. Por espacio y tiempo, quedan las anécdotas  apuntadas, pero lo que nos interesa es el Contrato Social, su obra principal, porque prefigura un cuerpo teórico sobre la democracia en oposición “el derecho divino de los reyes”, lo que le valió huir de Francia y ganarse la furia de todas las reacciones europeas.

Desde la óptica Russeliana, el Contrato se refiere a “ la enajenación total de cada asociado, junto con todos sus derechos, a toda la comunidad; pues, en primer lugar, como cada uno se da absolutamente, las condiciones son iguales para todos, y siendo esto así, nadie tiene ningún interés en hacerlas pesadas para los otros”. Y también la enajenación es sin reservas “Si los individuos conservasen ciertos derechos, como no habría ningún superior común que decidiera entre ellos y el público, cada uno, al ser en un punto su propio juez, pediría serlo en todos los puntos; el estado de naturaleza continuaría de este modo y la asociación se haría necesariamente inoperante o tiránica”. Página 750, las cursivas mías.

Ahora bien, en la concepción Russeliana, esa teoría política implica “una completa abrogación de la libertad y un completo repudio de la doctrina de los derechos del hombre.” Si bien más adelante Rousseau, en la apreciación de Russell, suaviza la anterior afirmación, al señalar que “…el soberano no puede imponer sobre sus súbditos ninguna traba inútil para la comunidad, ni puede desear tal cosa”, Russell cuestiona que el “soberano es el solo juez de lo que es útil o inútil para la comunidad”. Luego añade, “el soberano no es el gobierno, que, se reconoce, puede ser tiránico; el soberano es un ente más o menos metafísico, no incorporado del todo en ninguno de los órganos visibles del Estado”.

Luego se adentra en la doctrina de la voluntad general, lo que se complicaría a la hora de decidir cuáles serían las manifestaciones visibles de dicha voluntad. La complicación surgiría debido a que según Rousseau, “la voluntad general sería siempre recta y tiende siempre al bien público”, a lo que Russell añade que de ahí no se  sigue que “las deliberaciones del pueblo sean igualmente correctas…ya que con frecuencia” hay una gran “diferencia entre la voluntad de todos y la voluntad general”. Página 752.

Prosigue Russell :“decir que la voluntad general es siempre recta equivale a decir que, puesto que representa lo que es común entre los intereses propios de los diversos ciudadanos, tiene que representar la mayor satisfacción colectiva del interés propio posible para toda la comunidad”. Y aclara que, “lo que se interfiere en la práctica con la expresión de la voluntad general es la existencia de asociaciones subordinadas dentro del Estado”. ¿Qué significa todo esto?

Significa, de acuerdo con Russell, que el Estado “tendría que prohibir las iglesias (salvo una Iglesia estatal), los partidos políticos, los sindicatos y todas las demás organizaciones de los hombres con parecidos intereses económicos. El resultado es claramente el Estado totalitario, en el que el individuo no tiene poder”.

Más adelante añade que Rousseau tiende a darse cuenta de lo que su sistema acarrearía en la práctica, así, en la página 754, este sostiene que “mientras el gobierno de un Estado grande necesita ser más fuerte que el de un estado pequeño, hay también más necesidad de refrenar el gobierno por medio del soberano”.

De este modo, remata Russell diciendo que “a pesar de la infalibilidad de la voluntad general (el ejecutivo) que es siempre constante, inalterable y pura, todos los viejos problemas de eludir la tiranía quedan en pie.”

Así, con respecto a la democracia señala Rousseau que “si hubiera un pueblo de dioses, su gobierno sería democrático. Un gobierno tan perfecto no sería para hombres”. Pero el término moderno que hoy se conoce como democracia,  Rousseau la llama “aristocracia electiva” y la define como el mejor de todos los gobiernos, aun cuando no es conveniente para todos los países. Al respecto, “el clima tiene que ser ni muy caliente ni muy frio; la producción no debe exceder mucho de lo necesario, pues donde eso ocurre, el mal del lujo es inevitable, y es mejor que este mal esté limitado a un monarca y su corte y no que se halle difundido por toda la población”, ante cuya definición Russell afirma que estas limitaciones dejan un amplio campo para el gobierno despótico.

Opinión que, en todo caso, 262 años después de haber escrito esta obra, los herederos de las monarquías y sus cortes, que en nuestro lenguaje de hoy, serían las elites, se han especializado en acumular riqueza y privilegios a expensas de la población (y tendríamos que agregar que con su avaricia le han pasado por encima al medio ambiente, alterando los ecosistemas a nivel planetario). Todo ello acentuado en aquellas sociedades que, como la nuestra, no hayan sido capaces de distribuir el poder económico, político y social, que es en última instancia  la característica de un régimen democrático pleno.

Sé que este es un resumen forzosamente acotado. Sin embargo, algo podemos decir a modo de conclusión. En primer lugar, la inspiración de base del Contrato Social es la búsqueda de la igualdad y una teoría de gobierno en pro de la democracia, todo lo cual  le valió  a Rousseau la hostilidad implacable del gobierno francés de la época. En segundo lugar, como teoría de gobierno alcanzó enorme influencia en los líderes de la Revolución Francesa y las que le siguieron, algo difícil de soslayar por parte de quienes buscaban superar las monarquías, y que en sus búsquedas se encuentran con una pieza retórica digna de citar: “El hombre ha nacido libre y en todas partes está encadenado. Uno de ellos se cree dueño de los otros, pero sigue siendo más esclavo que los demás”.

Por otro lado, al decir de  Bertrand Russell, “por su doctrina de la voluntad general  hizo posible la identificación mística de un caudillo con su pueblo, la cual no tiene ninguna necesidad de ser confirmada”…por las urnas.

Bertrand Russell, que vivió hasta 1970, tuvo  la ventaja del tiempo y la posibilidad que éste brinda de ver los fenómenos filosóficos, políticos y sociales retrospectivamente. Él vivió y conoció de cerca la destrucción y los horrores provocados por las dos guerras mundiales; el auge y caída del nazismo, y si bien no conoció la caída del muro de Berlín y su profundo impacto en  la correlación de fuerzas mundiales, que significó, entre otros, un vacío de poder que pasó a  ocupar principalmente el capitalismo neoliberal, en la forma que conocemos hoy,  sí  conoció algunas de las invasiones soviéticas a los países que convirtió en sus satélites.

El mérito de Jean Jacques Rousseau, por su parte, es haber contribuido, varios siglos antes, a dar forma a la doctrina del Contrato Social como origen del gobierno, aunque de hecho, en la visión Russeliana “es la igualdad lo que él trata de asegurar, incluso a expensas de la libertad”.

Temas de los que próximamente nos seguiremos ocupando. Fin de la Primera Parte.

Referencias y Webgrafía.

  1. – Titulo original, History of the Western Philosophy, Russell, Bertrand. Edición cedida por Espasa Calpe, S.A., Madrid, España, 2008.

2.- Leal, Antonio: https://www.elquintopoder.cl/politica/a-130-anos-del-nacimiento-de-gramsci-que-queda-de-su-pensamiento-en-el-siglo-xxi/

3.- Piketty, Thomas. Dos libros del mismo autor: El Capital en el siglo XXI,  Fondo de Cultura Económica, Chile, 2014; y, Capital e Ideología, Editorial Planeta Chilena, S.A., 2019.

4.-Rivera, Eugenio: https://www.elmostrador.cl/mercados/2019/09/26/el-ultimo-libro-de-piketty-la-reivindicacion-del-socialismo-participativo/

 

TAGS: #Filosofía #Humanismo #PensamientoCrítico Contra

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