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El 21 de mayo y la política del vacío

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el gobierno no tiene programa político propio y en su lógica la política se subordina a la economía. En esa dirección, la política debe estar al servicio del crecimiento y el desarrollo y generar las condiciones institucionales y sociales para crecer de manera ilimitada. De ese modo, la política no debe interferir ni limitar los negocios. Hemos asistido en el “primer tiempo del gobierno” al derrumbe de este modelo. El vacio de su política ha terminado siendo su peor enemigo. Los expertos sin política debieron partir.

El discurso que va pronunciar Piñera este 21 de Mayo es el tercero de los cuatro que debe realizar. Los antecedentes indican que en esta ocasión se tratará de un discurso que pondrá atención en lo que se ha hecho –en “los logros”- y en lo que se va hacer en estos últimos meses. El enfoque será la agenda social y los albores de la oferta populista que tendrá por objetivo generar las condiciones para la continuidad de la derecha en el gobierno.

Desde el punto de vista político, no habrá novedad ni sorpresas. No puede haberla, simplemente porque el gobierno no tiene proyecto político ni voluntad de avanzar en reformas políticas de alto impacto.

El gobierno no tiene programa político propio y en su lógica la política se subordina a la economía. En esa dirección, la política debe estar al servicio del crecimiento, el desarrollo y generar las condiciones institucionales y sociales para crecer de manera ilimitada. La política no debe interferir ni limitar los negocios. Incluso –sobre todo, en los sectores más puristas- las decisiones deben ser técnicas y sin interferencia de mayorías inestables ni del reclamo de la calle. Hemos asistido en el “primer tiempo del gobierno” al derrumbe de este modelo. El vacio de su política ha terminado siendo su peor enemigo. Los expertos sin política debieron partir.

Hay dos circunstancias que explican el programa: el diseño y el diagnóstico. Lo primero se refiere a que construye sobre la base de ideas ajenas; y lo segundo, a lo que el país necesita desde el punto de vista político.

El diagnóstico. Hay tres referencias en las que podemos identificar el diagnóstico que el gobierno hace sobre nuestra democracia y sus instituciones; el programa de Gobierno y los dos primeros discursos del 21 de mayo. El elemento común es que “nuestra democracia debe ser perfeccionada y fortalecida”.

En el programa se lee que “nuestro compromiso es continuar mejorando nuestra democracia, aumentando la participación… y perfeccionando nuestras instituciones… Los partidos políticos y el propio Congreso han sufrido una enorme pérdida de prestigio… Las causas de este fenómeno radican en la carencia de reformas que faciliten la participación, la transparencia y la confianza en nuestras instituciones democráticas… Nuestro compromiso es con una democracia moderna, vital y participativa… no podemos permitir que la calidad de nuestra vida democrática siga deteriorándose”.

En los dos primeros discursos del 21 de mayo vemos un diagnóstico similar. Sin embargo, en esta ocasión hay una visión más pesimista al agregar que nuestra democracia “está enferma…está perdiendo fuerza y vigor y sufre los embates de enfermedades que la debilitan (manifestándose) en una ciudadanía cada día más distante de la política, en un envejecimiento progresivo de nuestro padrón electoral y en una muy mala evaluación de nuestras instituciones políticas”.

Sobre este diagnóstico, el programa político se orienta al “perfeccionamiento de nuestra democracia… debemos construir una democracia más vital, cercana, transparente y participativa”.

Las respuestas convertidas en proyecto político

Las propuestas que tiene para resolver esta debilidad o “enfermedad” democrática –que se desprenden del programa y de los discursos anteriores- se expresa en 8 medidas: 1) Inscripción automática y voto voluntario, 2) Voto de los chilenos que residen en el extranjero, 3) cambio fecha elecciones presidenciales, 4) partidos políticos y primarias, 5) elección directa de los consejeros regionales 6) iniciativa popular de ley, 7) plebiscitos comunales y 8) Ley de probidad y “fideicomiso ciego”.

Podemos constatar que solo dos de ellas se han cumplido; la inscripción automática y voto voluntario y el cambio de la fecha de elecciones presidenciales. Por tanto, sólo el 25% de su programa político se ha cumplido.

El programa político del gobierno es ajeno y de bajo impacto; ajeno porque en su mayoría son propuestas planteadas por la Concertación. Y de bajo impacto porque no avanzan en la profundización democrática del país ni resuelven la crisis de “legitimidad ni de representación”.

El énfasis ha sido puesto en la participación. Sin embargo, se ha optado por la cantidad y no en la calidad. La cantidad se vincula con las primeras cuatro medidas mencionas. Con la calidad de la participación las últimas cuatro. En definitiva, el gobierno ha tratado de “revitalizar” la democracia chilena por medio de la participación centrada en la cantidad.

¿Cómo se va resolver la crisis de legitimidad y representación? Para ello, hay que avanzar en reformas políticas duras de alto impacto. En esa dirección encontramos –a lo menos- una reforma constitucional que garantice mínimos de bienestar, que termine con el rol subsidiario del Estado y recupere riquezas básicas; la reforma al binominal que termine con el empate ficticio; la elección de los Intendentes; el limite a la reelección de los parlamentarios que ponga fin a las oligarquías políticas, limitar el presidencialismo para entregar poder al parlamento y mecanismos para fortalecer la sociedad civil.

Todas reformas, sin duda, que serán parte del debate de la próxima campaña presidencial. Por ahora, el gobierno ya agoto su oferta política. Nada más queda por hacer. Nada más debemos esperar.

——

Foto: guindadelatorta.com

 

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llaguno

21 de mayo

Y NO HABÍA NADA Q MOSTRAR NI ESPERAR… SE FORTALECE LA POLÍTICA DEL VACÍO

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