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De hamburguesas y democracia

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Probablemente, el tema que inclinó la balanza en el último proceso electoral y abrió las puertas al triunfo del actual gobierno es el de la delincuencia. Desde el punto de vista del marketing político, un acierto. Se detecta el miedo y se explota hábilmente con el diseño de una campaña enfocada en este tema. Estoy hablando del aspecto técnico, no de su (in)moralidad. Este último juicio corresponde, en última instancia, al criterio de la ciudadanía.

No puede haber una campaña que no esté basada en una motivación fuerte, percibida, medida por instrumentos estadísticos y estimulada para que se transforme en un tema de alta prioridad. Es en el fondo, la misma técnica con que se vende pasta dentífrica o mayonesa light, sólo que, en este caso el daño  es incluso para personas que no han comprado el producto. Si usted, querido lector, decide envenenarse con hamburguesas que a corto plazo lo harán ingresar a las filas de los obesos mórbidos, no le hace un daño directo a nadie, salvo a su familia. Espero que muy pronto veremos la primera querella criminal por  publicidad engañosa y/o expendio de productos alimenticios que sin duda alguna causan un daño severo. Basta ver el aumento explosivo de obesidad en los chilenos que usted puede verificar a simple vista en las calles.

En cambio, si usted creyó en la publicidad de  cierta campaña, de fiestas que se acaban, de patéticos llamados a no votar por  mí, de candados que sellarían las puertas giratorias, Usted, estimado ciudadano, con su acto ha causado un daño a toda la ciudadanía. Pero no tema, nadie presentará una querella, nadie le pedirá indemnización, nadie lo acusará de algo  más grave que de ingenuidad.

Ahora resulta evidente que el problema se infló. Nuestras cifras anteriores de delincuencia correspondían a nuestro estado de desarrollo y eran plenamente coherentes con las de la región. Pero se machacó durante meses en los medios un supuesto incremento de la violencia en los actos delictuales destinada a crear pánico. Luego – como indica la técnica publicitaria- se proponían soluciones vistosas que ya están mencionadas. Por último, vimos su resultado: un porcentaje decisivo de ciudadanos “compró” el mensaje y votó por quien prometía una solución final al problema. Las advertencias críticas desde luego surgieron, pero no fueron oídas , apagadas por el estruendo de la campaña.

No estoy intentando esquivar otras causas de la caída de la concertación. Existen numerosas, son verdaderas y se suman a aquellas que , como la delincuencia, se prestaban para la publicidad. Cada una de ellas merece un detenido análisis que escapa del marco de una simple columna. Se ha iniciado de manera seria la reflexión sobre ellas y quiero pensar que registra un razonable grado de avance. Dicho eso, pienso que el porcentaje de votos logrados mediante este ardid fue en sí suficiente para inclinar la balanza. No tengo antecedentes que me permitan ponderar este efecto, pero creo no errar por mucho al hablar de un 5%, como mínimo. Y esta cifra es mayor que la diferencia final. O sea, hablamos de una misión cumplida y exitosa.

Juzgue usted  en su conciencia si ello es legítimo o no. Pero es un hecho concreto de la causa. No quiero estimular la indignación moral de nadie. Me temo que en las democracias, hay que jugar como si todo fuera válido. La idea central de una democracia moderna es que, precisamente, la ciudadanía se exprese de manera informada y haya hecho previamente el trabajo de separar el grano de la paja.

Más y antes que perseguir a los autores de una campaña por su publicidad engañosa, hay que estimular a la ciudadanía para que se informe, para que discuta en el seno de su familia, su vecindario, colegas de trabajo y compañeros de estudio lo que está en juego. Es necesario el análisis crítico, el distinguir verdad de mentira, de sopesar la validez y el alcance de las soluciones mágicas que un candidato ofrece. Esto, desde luego es válido para todos los candidatos y todas las tendencias políticas. Lo ocurrido en este caso, si bien obviamente se refiere a una determinada campaña, no significa que en la(s) otra(s) no hayan existido tentaciones similares. Con poco esfuerzo, se encuentran también sus elementos en otras latitudes políticas.

Ahora es el momento de la verdad. En el caso de la delincuencia, un fracaso rotundo. Las cifras, en lugar de disminuir, crecen. La violencia desplegada se hace más intensa. Presenciamos un fuego cruzado de acusaciones  estridentes y destempladas, excusas carentes de sentido y explicaciones inverosímiles. El ministro acusa a los jueces y fiscales, la policía se declara sobrepasada por las manifestaciones, el poder judicial se  siente amenazado. El estado de derecho es visto por algunos como atropellado y la separación de los poderes del Estado, puesta en cuestión.

No es posible aventurar cómo van a terminar todos estos enredos. Qué será de nuestra aporreada educación, qué desenlace tendrá el conflicto estudiantil, qué nos depara el destino en materia de seguridad. Tampoco resulta fácil hacer un pronóstico sobre nuestro sistema político y constitucional. Pero sí, es posible hacer una recomendación:

Ciudadano, inscríbete ya en los registros. Cumple con los eventuales requisitos adicionales que requerirá una  hipotética y dudosa inscripción automática.

Luego, siéntate a pensar tu voto. Imagina la sociedad que tú deseas dejar a tus hijos y nietos. Trata de discutir con otros de manera objetiva. Escucha otras opiniones con atención. Inicia un diálogo respetuoso si surgen diferencias. No pierdas el tiempo en empecinados, dedícalo a quienes son capaces de escuchar y participar en un diálogo provechoso. Respeta la opinión ajena aunque te cueste. No trates de convencer a todo costo. El otro también tiene derecho a equivocarse, intenta no hacerlo tú.

El día de las elecciones, levántate temprano, toma un buen desayuno y dirígete a tu local de votación con orgullo de ser ciudadano. Saluda amablemente a los vocales, cumple los trámites previos y dirígete a la cámara secreta. Respira profundo y marca tu preferencia , cualquiera que ella sea, convencido de que esta vez no te engañaron.

———

Foto: Purkinje17 / Licencia CC

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Comentarios

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14 de Noviembre

Varios elementos:

1) El marketing en política lo usan todos los candidatos, algunos usan el recurso del miedo a algo o a alguien, otros usan las expectativas más básicas o las más sublimes. Pero el marketing se usa y mucho. Incluso esas declaraciones de principios, que parecen profundas, son slogan, son marketing.

¿Moral o inmoral? Inmoral si la oferta se hace a alguien incapaz de discernir. Pero se supone que el elector sin distinción alguna, es un ente racional. Ergo, puede discernir.

2) No sé si la delincuencia aumento o no durante este gobierno. Porque de hecho, la delincuencia es una magnitud difícil de medir en términos reales.

Lo que se mide es el número de denuncias o la sensación de inseguridad.

En cuanto a lo primero, sí aumentan las denuncias, eso puede implicar que la gente está denunciando más –y confía más en el actuar de las entidades encargadas- y no necesariamente un aumento del delito. Sí denuncia menos, puede indicar una baja en la confianza en la aplicación de Justicia.

La sensación de inseguridad también puede ir ligada a lo primero, pues si la gente no confía en la institucionalidad destinada a la seguridad o el respeto a la persona y la propiedad, la sensación puede ser mayor, aún cuando el delito mantiene sus tasas estables.

3) No sé si se puede hablar de responsabilidad del elector por elegir a alguien, que luego comete faltas o no cumple sus promesas políticas, como si por su elección produjo un daño.

Bajo ese criterio, se debería juzgar a los electores por las fallas de los gobiernos, pero eso es irrisorio. La gente elige representantes, no supervisa el actuar de éstos.

Ante las dudas, mejor sería votar siempre nulo.

Saludos

17 de Noviembre

Entiendo tus reflexiones y dudas, que son legítimas y cuyo fondo, mi artículo no elude.
En lo que no puedo estar de acuerdo es en la oración final.
Votar nulo es rehusar una responsabilidad, es evadirse, desligarse de la calidad de ciudadano pensante y apto para decidir. Siempre habrá errores,y el error en sí , cuando es bien procesado, contribuye a la sabiduría.
Votar nulo, en cambio, es renunciar al derecho de participar en la elección de un gobierno. Mientras el ser humano no encuentre un sistema más perfecto, la democracia, con todas sus falencias, sus problemas e incertidumbres, es lo mejor de que disponemos.
El ser humano ha ensayado muchos modelos: la monarquía, la dictadura y otros sistemas autoritarios entre ellos. Yo prefiero vivir en democracia y trabajar activamente en la tarea de perfeccionarla, de hacerla más cercana, mejor informada, con una clara definición de derechos y obligaciones.a una existencia vegetal, sometida a los arbitrios de otros.
Agradezco tu interés y estoy disponible para continuar nuestro debate en amistad y mutuo respeto.
Pedro
.

17 de Noviembre

Estimado Pedro:
No sé si juzgar a quien vota nulo como alguien que se desliga de su condición de ciudadano pensante, puesto que el voto nulo también implica una reflexión, puede ser profunda como es mi caso, o quizás superficial, pero además, refleja una opción que es no tener opción.

La lógica del mal menor suena bien, mucho más “comprometida” pero no es necesariamente más razonada u honesta. También podría ser juzgada como elegir por elegir.

Por otro lado, votar nulo no implica una no valoración de la Democracia, sino al contrario, una valoración alta de la misma, pues la Democracia debe incluir el disenso, incluso con las opciones dadas en una elección.

Una forma de expresar opinión política es el voto nulo. Otra cosa es que los agentes políticos quieran que siempre los voten.

Pero el voto nulo o blanco, e incluso la abstención deberían ser alertas para que las castas políticas vean que la ciudadanía espera más de ellas y por tanto, valoran la Democracia.

El problema es cuando esas castas, no ven en eso una señal o alerta por parte de los ciudadanos, sino una falta de disciplina de los ciudadanos. Y claro, terminan culpando a los ciudadanos de los problemas de la Democracia, sin asumir sus propias culpas, que son absolutamente mayores.

Y entonces, como no ven eso, terminan tratando a los ciudadanos como ovejas.

Saludos cordiales.

17 de Noviembre

Entiendo lo que dices, amigo, y me parece razonable tu posición. Creo, sí, que dentro de la multitud de votos blancos, abstenciones y no inscripción, hay pocos ciudadanos que, como tu, ven en el voto blanco una forma de expresión.
Largo y complicado debate del que, tal vez se pueda llegar a una conclusión: Voto razonado, discutido, pensado y comprometido. A eso debemos llegar. Por mientras, respeto tu voto blanco.
Sasludos

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