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Cuestión de principios

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En materia de cumplir con sus proposiciones la Concertación tiene muy malos antecedentes. La actitud ambivalente que ha adoptado Bachelet en torno al debate sobre la nueva Constitución es ilustrativa de que las cosas no han cambiado mucho al respecto.

La Asamblea Constituyente pasó de quimera de algunos a tópico principal de la agenda política. Difícilmente estaríamos en esta situación sin la porfiada voluntad de quienes llevamos un buen tiempo insistiendo en su necesidad y urgencia.

Y aunque el párrafo anterior pueda sugerir lo contrario, el lector no encontrará aquí argumentos tipo “nosotros lo dijimos primero” ó “nosotros somos los legítimos impulsores de la iniciativa”. Y es que su servidor, aparte de considerar que la Asamblea Constituyente no es patrimonio particular o marca registrada, tampoco entiende la política como una actividad que se defina por orden de llegada o por criterios de propiedad intelectual.

La concreción de la Asamblea Constituyente no se juega en quién lo dijo primero o quién lo dijo después, sino en quién mantendrá ese compromiso hasta el final. Y en materia de cumplir con sus proposiciones la Concertación tiene muy malos antecedentes. La actitud ambivalente que ha adoptado Bachelet en torno al debate sobre la nueva Constitución es ilustrativa de que las cosas no han cambiado mucho al respecto.

La manera que la candidata encontró para insertarse en este debate sin asumir compromiso alguno es recibiendo de mano de sus expertos una propuesta con alternativas completamente disímiles. Uno de los caminos busca impulsar reformas constitucionales usando los mecanismos que durante veinte años han impedido superar la institucionalidad autoritaria, mientras que el otro mecanismo implica convocar a una Asamblea Constituyente reconociendo al pueblo como el único soberano y depositario del poder.

La indefinición, curiosamente, ha sido presentada como pluralismo y apertura al debate. Lo que subyace a semejante indefinición es que Michelle Bachelet no escapa a la tendencia que existe en el concertacionismo de concebir la política como apéndice del mercado. Lo que se busca es diversificar la “oferta” a fin de ampliar su base electoral, intentando contentar a quienes reclaman transformaciones profundas pero sin molestar en demasía a quienes se esmeran por mantener todo tal cual. Lo suyo es postergar las decisiones fundamentales y mantener a todos con la esperanza de que será su propia postura la que terminará por imponerse.

Para quienes entienden a los ciudadanos como consumidores, lo decisivo es ser capaz de manipular sus expectativas. Ni siquiera es necesario satisfacerlas, basta con desalentarlos o buscar un producto sustituto. Para lo primero, opera el discurso apocalíptico de Escalona, Longueira o Felipe Larraín. Para lo segundo; abundan quienes plantean reformitas parciales, comisiones bicamerales o comités de expertos.

En tanto, Michelle Bachelet expresa que lo importante no es la forma sino los criterios. En el debate del 10 de junio afirmó que lo central es que sea por vía institucional, pero que debe ser participativa, representativa y que incorpore la historia de la tradición de nuestro país (sic). Durante tres minutos, en que se dedicó a decir banalidades y darse vueltas en el aire, no mencionó una vez siquiera la Asamblea Constituyente y remató con una ecuación tan ambigua como imposible. Ayer, lunes 8 de julio, y por si no había quedado suficientemente claro (o suficientemente confuso), recalcó que jamás ha dicho que esté por una Asamblea Constituyente, sino que no está en contra de ninguna opción (o sea, como dice el chiste: “ni a favor ni en contra sino todo lo contrario”).

La práctica de Bachelet es francamente insólita. Sobre la educación pública se ha dado más de una voltereta, recordándonos que, si bien es de sabios cambiar de opinión, aquellos que cambian de opinión según la posición del sol reciben otros calificativos menos decorosos. Con las dos propuestas sobre Nueva Constitución, la candidata nos remite a una de las geniales frases de Groucho Marx: “Estos son mis prinicipios; si no le gustan tengo otros”.

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09 de julio

Perdona, pero sí creo que lo de «lo dijimos primero» importa y mucho. Porque la Asamblea Constituyente es una iniciativa ciudadana, es algo que muchos ciudadanos pedimos y exigimos desde hace harto tiempo, y que de pronto, ahora que les conviene, algunos politicos han decidido tomar. Y lo que me aterra, como ciudadana, es que hagan lo que siempre hacen: deformar la propuesta a su conveniencia.

La Asamblea Constituyente es una marca registrada por los ciudadanos que se han movilizado para que se concrete y de los que estamos apoyando esta iniciativa firmando campañas, reafirmando nuestra posicion en cuanto foro se nos de el espacio, etc. Y no puede admitir «dialogo» (odio oir la palabreja esa en los politicos, cuanto daño nos ha hecho el «dialogo» en tantas materias que no lo admiten) con un sector social, llamado «politicos» que nos han tratado como ignorantes, y luego se fian de «erpextos» que lo que hacen es que salgan cosas como la que permitio salir libres de polvo y paja a los coludidos de las farmacias.

Lo peor de la Constitucion de 1980 no es que haya sido aprobada en un plebiscito trucho, o que sea la «constitucion de la dictadura» (creo que casi todas nuestras constituciones tienen ese defectillo), o que sea contradictoria en sus articulos: lo peor es como se anula la participacion ciudadana, en pro de un presidencialismo excesivo. No es democratica, porque no hay una sola referencia a algo fundamental en cualquier Estado: la soberanía nacional reside en el pueblo. Y eso era visible hace 20 años, ¿y que se ha hecho? Nada. Porque a los partidos politicos les parece correcto que la iniciativa la tengan ellos, no los ciudadanos, y el presidente que salio de ellos, no de los ciudadanos, que solo somos un voto util cuando les conviene.

Lo de Bachelet muestra que es imprescindible no bajar la guardia: la Asamblea Constituyente no puede ser lo que los politicos quieran, nos han traicionado ya tantas veces que si volvemos a dejar en sus manos este tema luego pagaremos las consecuencias (otra vez) y varios tendremos que pedir asilo en Argentina, porque nos daria vergüenza llamarnos chilenos. Los politicos no estan escuchando, asi que hay que gritar mas fuerte, y no ceder en lo que queremos, o lo vamos a lamentar.

09 de julio

Que niñeria esto del la Asamblea Constituyente, !! que manera de exponer la imaduréz !!

Se supone que es para cambiar la constitución. ¿ a que constitución ? nadie sabe, ni siquiera se ha hecho !!! ¿ y para que la asamblea entonces ? ¿ para dar por aprobado algo que nadie conoce y ni siquiera se ha hecho ? ¿ que pendejada es esa ?

A mi tampoco me gusta la constitución actual porque no especifica claramente que las FFAA sean garantes de la institucionalidad, por lo tanto me sumaré a la AC para cambiar la constitución y que especifique que los militares sean los guardianes de la actividad politica.

¿ como no cachan que una cosa es que no nos guste la actual constitucion y otra muy distinta es que estamos de acuerdo en otra constitución ?

Ppropongan otra constitución al pais y si logran que el pais la apruebe, se aplica la nueva constitución y punto ¿ para que todo ese show de AC ?. Solo han demostrado que ni saben donde estan parados con este cuento.

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