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Cuando la derecha pierde su serenidad

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Inicia su monumental poema Vicente Huidobro, interrogando:

Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?
¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa
Con la espada en la mano?
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus
/ojos como el adorno de un dios?
¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser?”

La derecha chilena se encuentra en plena ofensiva. ¿Contra quién?: en su discurso -es decir, en las apariencias- sólo contra el gobierno y su presidenta.


Excluyéndose a sí mismos de una convivencia basada en el respeto a normas conscientemente pactadas, estos patrones se han equivocado de fundo y lo mejor que pueden hacer para despertar de sus anacronismos es preguntarse si son tan fuertes sus temores y sus fobias que no se ven compartiendo un escenario democrático y de justicia social.

Esa actitud, que no se le podría reprochar puesto que es lo propio de toda oposición, presenta, sin embargo, algunos rasgos distintivos.

Llaman la atención tanto el fondo como la forma en que se mueve la derecha, desde las dirigencias de sus partidos como desde sus parlamentarios y de sus medios de comunicación (que son, como bien se sabe y se sufre, casi todos…).

En cuanto al fondo de la ofensiva derechista, están por cierto las reformas impulsadas, y algunas de ellas ya en plena marcha, por el gobierno de la presidenta Bachelet. No hay que ser muy agudo de entendimiento para identificar el porqué de tan fiero activismo: sus intereses de clase y de casta.

El ideario derechista es bien conocido y ese “sector”, como gusta llamarse, ya ha perdido el decoro hasta el extremo de exhibir públicamente sus temores y sus fobias.

Como coautores de la Constitución pinochetista, parece natural que la defiendan y consideren “ilegítima” toda gestión derogatoria de tal engendro totalitario. En su soberbia de clase, se estiman los únicos investidos de la facultad de dictar las normas de convivencia para toda una sociedad.

Siendo el bolsillo el órgano más importante, el “vital”, de su anatomía, es inevitable que cuando algo lo hiera… chille.

Y lo hieren tanto la reforma tributaria -por incompleta y hasta permisiva que sea o al menos parezca- como la reforma educacional y, particularmente, la reforma laboral. ¡Suprema insolencia ésta de inmiscuirse en las relaciones del capital y el trabajo, habiéndose ya dictado e impuesto, incluso por el argumento de las armas, el sacrosanto Plan Laboral Pinochet-Piñera!

Y qué decir de la reforma que supuso la eliminación del astuto sistema binominal, diseñado para garantizar a quienes siempre serán minoría social y electoral una representación igual a la de las mayorías.

La derecha chilena, bien asistida por sus congéneres de otras y no menos selectas latitudes, ha optado por subir el tono. Insolentes y procaces, sus altavoces no se detienen ante nada ni ante nadie. Ofenden y agreden. Olvidados están sus legendarios buenos modales. Sintiéndose al borde de una catástrofe ante el ímpetu de las demandas y la voluntad del gobierno de honrar sus compromisos en la certeza de que los cambios aprobados por la ciudadanía son urgentes e indispensables, se debaten sin mucha lucidez entre lo lícito y lo delictual.

Perdedores en las urnas, buscan refugio en los restos aun vivos de la institucionalidad pinochetista, y cuando el Tribunal Constitucional no les otorga la protección a la que se estiman acreedores –por algo lo inventaron- elevan su protesta hasta los más altos decibeles.

Acusan de falta de representatividad al gobierno, omitiendo que ellos son aun más minoritarios, y que la marcada abstención en las urnas es en gran medida una consecuencia de su propio quehacer y deshacer en la conciencia ciudadana, a la que intervinieron –o privatizaron- con los mil recursos de su gestión totalitaria.

Excluyéndose a sí mismos de una convivencia basada en el respeto a normas conscientemente pactadas, estos patrones se han equivocado de fundo y lo mejor que pueden hacer para despertar de sus anacronismos es preguntarse si son tan fuertes sus temores y sus fobias que no se ven compartiendo un escenario democrático y de justicia social.

Y para ello, bien les vendría hacer callar a algunos de sus más desbocados exponentes que diariamente ensucian el inevitable e indispensable debate democrático.

TAGS: #Derecha

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Comentarios

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Rebeca Márquez Rojas

29 de mayo

Las acertadas ideas planteadas dan cuenta de lo que en verdad le duele a la derecha chilena, le duele ser cuestionados y sienten pánico porque ven en peligro sus privilegios, no quieren ver derrumbarse sus animitas levantadas con imágenes falsas del dictador, o sus fetiches como la nociva constitución pinochetista cuestionada, para ellos son objetos de culto, sagrados, porque consagra sus privilegios. les sirve el vandalismo porque así desvían la atención del pueblo, les sirve la desidia y la indolencia de algunos, les sirve “el lumpen desvandado”, que acusan a otros de ladrones porque ellos usan corbata. pero esto tiene que acabar, no hay pesadilla que dure mil años, ni pueblo informado que lo aguante.
Seguiremos avanzando, duela a quien le duela, porque el pueblo se cansó de su dolor.

Fernando Moran

04 de junio

Tipico discurso barato: Inventamos que el adversario dijo X, y luego ataca a X. Nada de reproducir justificadas criticas, nada de razonar, solo ataques al hombre. Patético

10 de julio

No “cuentee”, estimado. La derecha simplemente quiere sobrevivir a la catástrofe de la completa desconfianza que se ha apoderado de la sociedad chilena; sabe que tiene en su favor la ventaja de apenas un miserable peón en el tablero, y quiere usarla. Ventaja minúscula porque bien lo sabemos, todos los políticos están en el presente podridos, y que consiste simplemente en que en este momento estamos mal, y estando mal es la izquierda la que gobierna. La izquierda ha traicionado a la izquierda, porque ha mancillado con la corrupción el ambiente de sus deseadas y profundas reformas.

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