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¿Crisis de la política o crisis en la política?

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Mientras, por un lado, el capital no tiene contrapeso político ni social, por otro, la esfera de la política y su institucionalidad se ha debilitado frente al poder económico. La debilidad de la política es la debilidad de los políticos; la debilidad del Estado es la fortaleza del mercado; la apatía de los ciudadanos es la ansiedad de los consumidores.

Las fiestas del 18 nuevamente dieron la impresión de que el país vive entranquilidad política y que las tensiones son de otra época o lugar. Las autoridades y los medios sólo estaban preocupados de que los ciudadanos y los consumidores lo pasaran bien y no subieran de peso. Imágenes, sin duda, del Chile que muchos quieren y que no existe.

El año pasado, la movilización social-ciudadana encontró en las fiestas patrias –y en el accidente de Juan Fernández- un punto de inflexión. Desde ese momento, todo fue debilidad y retroceso. No es casualidad, por tanto, que los estudiantes no quieran repetir la historia y hayan convocado a una nueva jornada de movilización.

Sin embargo, en este 2012, el espontaneo y casi natural “enfriamiento político” post 18 no se volverá a repetir. Y ello no sólo porque la iglesia –nuevamente atrasada- ha mencionado la crisis de confianza, porque los estudiantes no se van a desmovilizar, porque se vienen las municipales y el cambio de gabinete “anunciado”, por los eventos partidarios de fin de año y las definiciones presidenciales, sino también porque el malestar social –interpretado como escenario de crisis- está instalado en el centro de nuestra sociedad.

¿Qué explica el actual malestar social-ciudadano? ¿ha hecho crisis el modelo? ¿La crisis es política, económica, social, cultural?

Desde el año pasado se viene discutiendo sobre la profundidad de la crisis y del modelo. Se ha escrito mucho y desde todos los ángulos políticos, teóricos e ideológicos. Libros, seminarios, entrevistas de prensa, declaraciones, columnas y editoriales dan cuenta de un debate que no sólo no está cerrado ni enterrado, sino que sus diagnósticos y soluciones son parte de la misma situación de crisis. Las evidencias de la crisis son múltiples; y sus respuestas variadas e ineficientes. A veces, los analistas confunden la realidad con la ficción, la voluntad con posibilidad, la militancia con el análisis y la política con la ciencia.

Si los ciudadanos quieren más modelo o menos modelo es una pregunta que a la fecha encuentra respuestas políticamente diferentes. Pero, ¿de qué modelo hablan? Obviamente, para la mayoría se trata de neoliberalismo. En esa línea, ¿la gente quiere menos neoliberalismo o más neoliberalismo? También puede formularse como ¿más Estado o menos Estado? Incluso, ¿qué entienden por neoliberalismo? Las interrogantes son múltiples.

¿Es Chile una sociedad en crisis?

Si comparamos escenarios de crisis entre países o entre distintas época por las que ha pasado el país, la respuesta es no. Hay problemas, sin duda. Pero crisis como lo que se ve hoy en Siria, en Europa, o lo que fue la crisis del ’73 y la de los ochenta, no. A veces, da la impresión de que los políticos y los analistas nopueden vivir ni entender las dinámicas sociales sin crisis ni potenciales rupturas.

La actual situación no es una crisis “del modelo, sino en el modelo” y es triple; social, económica y política. No obstante, el movimiento está desplegado y, de no mediar respuestas de corto y mediano plazo la situación de ajuste, se va a transformar en estructural. Voy a poner atención en “lo político”.

¿Está en crisis la política o, si se quiere, el modelo político?

Me parece exagerado usar la palabra crisis para describir la coyuntura. Por ello, distingo entre crisis “de la política” de crisis “en la política”. Lo que se percibe como situación crítica y que amerita una Asamblea Constituyente es una “crisis en la política”; no, por ello, menos importante y urgente.

La crisis es de legitimidad,participación y representación. En términos generales, la crisis de “legitimidad en la política” se expresa en el desprestigio y en la falta de confianza; la crisis de “participación en la política” se manifiesta en que la gente –los ciudadanos- no les interesa la política ni formar parte de su institucionalidad. Y la crisis de “representación en la política” se expresa en que los políticos no tienen la capacidad de representar e intermediar los intereses de grupos y de clase.

Las razones que explican esta triple crisis son variadas. No obstante, quiero poneratención en un hecho que se encuentra en la raíz de la actual “crisis en la política”; y que, portanto, la explica en términos generales: la relación entre política y economía.

La explicación general se encuentra en la debilidad de la actividad política frente al capital y la economía. Mientras, por un lado, el capital no tiene contrapeso político ni social, por otro, la esfera de la política y su institucionalidad se ha debilitado frente al poder económico. La debilidad de la política es la debilidad de los políticos; la debilidad del Estado es la fortaleza del mercado; la apatía de los ciudadanos es la ansiedad de los consumidores.

La política y los políticos han perdido la confianza de los ciudadanos por el hecho de que la política ya no es vista como la instancia desde donde se construye el proyecto colectivo y se transforma la sociedad. Los políticos ya no son vistos como líderes que proponen, orientan y dirigen el proyecto; “el no sirven para nada” no es una frase que surja de la calle de modo gratuito.

El ciclo de movilización social que se abrió el año pasado le ha dado a la política y a los políticos la oportunidad de recuperar su rol y re-encantar a los ciudadanos; de romper su impotencia.

Este hecho nos lleva a otra mirada sobre las soluciones a la actual “crisis en la política”: se necesita un cambio de actitud –de los políticos de profesión y vocación- que ponga acento en las convicciones, ideas y proyectos; y no en la lógica del poder por elpoder. Este giro, por tanto, es más relevante que las reformas políticas que se están impulsando.

Hay que pasar de las agendas individuales–cargadas de narcisismo y hedonismo- a las agendas colectivas. El futuro de la política y la posibilidad de recuperar su capacidad de transformación dependede los ciudadanos y de los políticos. No hay que olvidar que, de todos modos, la última palabra la tiene la política.

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28 de Septiembre

Concuerdo en qué existe una variedad múltiple de respuesta ante el contexto actual que se vive en Chile. Aún cuando algunos buscan reducir esa pluralidad a una visión ideológica que irónicamente se torna común entre quienes se presumen antagonistas.

Por otro lado, parece que las personas no se oponen a la tarjeta de crédito sino al abuso que algunos cometen a costa de ésta. A partir de eso podríamos decir que la crisis no es del modelo sino en el modelo. Aunque el riesgo es pensar que eso es una situación rígida o caer en la pretensión de suprimir el antagonismo de la política.

Ahí entramos en el entramado de la Política. Discrepo en cuanto a que “La explicación general se encuentra en la debilidad de la actividad política frente al capital y la economía”.

Me parece que lo que ha ocurrido es que la política y con ello el Estado se han ligado demasiado con el capital y ha desvirtuado la economía y con ello a la Política. Eso genera la falta de contrapeso de las grandes corporaciones con respecto al poder político, lo que desvirtúa a la economía como actividad general y convierte al sistema económico en un mercantilismo. En ese sentido, el Estado, el poder político, ha sido la fortaleza de las corporaciones, en desmedro del libre mercado donde todos los ciudadanos operan.

Esa situación, donde el poder político se imbrica con las grandes corporaciones, reduce el espacio de la Política y su conflicto necesario, la vuelve agónica y convierte a los representantes en una clase ya no dirigente, sino dominante, en sí misma –y da lo mismo si se dicen de derecha o izquierda-.

Entonces, surge el proceso imperceptible hacia una posible crisis en la política, de representación y de legitimidad, que si no se aborda, pasa a una crisis de la política. Y surge el riesgo de la demagogia, la barbarie y la tiranía, que no es otra cosa que la supresión de la Política por medio de la fuerza.

Saludos y paz

Gonzalez llaguno

28 de Septiembre

esto me gusta…debate constructivo y a la altura

sld

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