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Crisis de autoridad en Chile

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Durante los últimos meses hemos presenciado actos de violencia  contra distintos tipo de autoridad que han generado debate público y un esfuerzo mediático de un sector de la derecha y del gobierno por restaurar el respeto a la autoridad, respeto que, en un pasado añorado, era la base de la relación entre profesores y alumnos, carabineros y transeúntes y sacerdotes y feligreses.  Haca ya dieciocho años, en mi primer año de Universidad, don Jaime Moreno Garrido, profesor de Historia Antigua, me enseñó que autoridad, etimológicamente hablando, se relaciona con acrecentar, con hacer progresar y con fomentar la creación. En resumidas cuentas me enseño que la autoridad hace que quien se vincula en una relación con una autoridad, crece y progresa.

Hoy, el desafío a la autoridad se percibe en el ámbito político, social e incluso familiar y se puede reflejar en dos facetas diferentes. Por un lado, la violencia y por otro lado de desobediencia.


Se desobedece por ausencia de temor, las atribuciones del carabinero, el padre, el marido, el sacerdote o el Estado en cuando al poder de castigar, incluso con violencia, hacían gran parte de la obediencia que profesaban las pasadas generaciones que hoy se espantan ante la rebeldía juvenil.

La violencia es, sin duda, la faceta más mediática y excepcional del desaire a la autoridad que ha generado como principal implicancia  la creación de un discurso de la derecha chilena que, por aprovechar el impacto mediático en la población, apela a acrecentar la fuerza de la autoridad para poder reimponer el respeto perdido. Así, el gobierno no tardó en apoyar al carabinero que disparó en dos ocasiones a un chofer de Uber en rebeldía, José Antonio Kast, en la misma lógica, clama por aplicar el máximo rigor de la ley contra quienes actúan con violencia contra la autoridad buscando el aplauso de aquel sector social que no concibe el desacato que se ve entre adultos, jóvenes y niños de todo género y tendencia.  Este discurso se nutre de la celebración y apoyo a las medidas de fuerza de la autoridad, celebración que no se centra en congratularse por el buen funcionamiento del Estado de Derecho sino que en el hecho de que  tal expresión de fuerza es una victoria del orden frente a la anarquía. En esta lógica, la relación entre la autoridad y quien a ella se somete pasa por la imposición de la violencia transformando paulatinamente a la vida pública en un campo de batalla.

Existe además otra faceta del fenómeno de la falta de respeto a la autoridad  que es más cotidiana, que pasa más desapercibida pero que tiene un poder de erosión que, a fin de cuentas, tiene un mayor poder destructivo: la desobediencia.

Por cada profesor o profesora violentada por sus alumnos, existen treinta de ellos  que pasan por las salas de clases sin establecer vínculo alguno con las autoridades pedagógicas adultas. Niños y niñas que simplemente ignoran a sus profesores, “no los pescan” y, por cierto, no siguen tampoco los reglamentos del Colegio. Al mismo tiempo, muchos de los adultos que celebran los disparos del carabinero al chofer de Uber y la firmeza del Alcalde de Santiago al enfrentarse a los delincuentes que desafían el orden en los Liceos de Santiago, asumen, en su tangencial contacto con la autoridad al trasladarse de un lugar a otro, que transgredir la ley está bien en cuanto no seas sorprendido por un policía, a tanto llega el descaro que incluso existe una aplicación que avisa la ubicación de los representantes de la ley para poder evadir sanciones a su desacato a las normas. Incluso hoy, hemos visto el fin de largos procesos judiciales donde empresarios fueron acusados de delitos tributarios que, más allá de la sentencia, ponen a la luz pública que incluso aquellos prohombres que han recibido una educación de calidad y provienen de familias bien constituidas han mantenido por años una actitud de rebeldía frente a la autoridad de las leyes, actitud que denota la idea de que colarse en la fila, pasar con roja o usar información privilegiada (aun pagando multas) es para un gran sector social un acto legítimo en cuanto signifique beneficios.

¿Por qué se desobedece? ¿Por qué no se acata a la autoridad de la ley, sea en una sala, una carretera o la emisión de una boleta?

Se desobedece por ausencia de temor, las atribuciones del carabinero, el padre, el marido, el sacerdote o el Estado en cuando al poder de castigar, incluso con violencia, hacían gran parte de la obediencia que profesaban las pasadas generaciones que hoy se espantan ante la rebeldía juvenil.

Se desobedece porque obedecer no me significa beneficio alguno. Aprender, sacarse buenas notas para ingresar a la Universidad, son recompensas a la obediencia de alumnos que escuchan y hacen caso a las indicaciones de profesores. Obedecer las normas de tránsito porque de esa forma colaboro con la reducción del riesgo en carreteras y autopistas. Pagar impuestos porque la acción del Estado financiado con ese dinero irá en beneficio de mi calidad de vida.  Hoy, alumnos de Liceos y Colegios particulares ven que su rendimiento académico y su pasar por el Colegio no tiene mayor relación con sus oportunidades en el futuro, del mismo modo quien intenta evadir el pago de impuestos lo hace porque no siente con ello ningún tipo de beneficio, al contrario si desobedezco aumento mi riqueza, principal interés de quienes hoy pasan por tribunales por emitir boletas falsas.

Hoy, la sociedad no muestra el temor a la autoridad y la posibilidad de exigir obediencia por la fuerza tiene un precio muy alto que ningún gobernante está dispuesto a pagar. Asumir los costos de un espiral de violencia es asumir costos políticos que solo dictaduras pueden costear. Por otro lado, convencer a la gente de la utilidad de obedecer a la autoridad es una tarea de largo aliento e incierto resultado (de la misma forma que hacerle entender a un alumno que estudiar y obedecer es “por su bien”), tarea que si bien es necesaria, no generará resultados en el corto o mediano plazo.

En este escenario, la pregunta es cómo hacer frente a la violencia y desobediencia a la autoridad ahora, propiciando el cambio cultural al que se hacía mención en el párrafo anterior y evitando la lógica perversa  que conlleva el uso de la fuerza y su combinación con la apología a la violencia.

Hace más de 150 años, Alexis de Tocqueville pensador francés, entendía que frente a la democracia que se cernía sobre el mundo occidental (y que diluía la autoridad propia de las jerarquías de la sociedad estamental) la única forma de obedecer la ley sin caer en la pura coacción es haciendo que el ciudadano mire la ley como obra suya. Lo anterior implica la necesidad de que la sociedad se manifieste, se asocie en organizaciones políticas capaces de actuar para denunciar leyes injustas  y promover leyes que se ajusten a su significado de justicia. También se necesita promover la organización de asociaciones que otorguen la experiencia de la administración, llámese Juntas de Vecinos, Clubes deportivos e incluso Colegios profesionales. De esa forma el arte de gobernar, y en último término de ostentar autoridad, deja de ser un misterio reservado a expertos y pasa a ser una actividad que puede ser valorada en su propio peso por la sociedad. De esa forma, la ley se trasforma en el resultado de la deliberación pública, ganando legitimidad y el ejercicio de la autoridad se convierte en fuente de respeto al ser una actividad conocida y valorada por la sociedad (siempre en cuanto haya un buen desempeño del cargo).

¿Cómo orientar políticas de Estado que vayan en la dirección que planteaba Tocqueville sin poner en riesgo la estabilidad política, el Estado de Derecho?

A partir de la actual contingencia política habría que preguntarse si existe en la sociedad la virtud de la prudencia para hacer de la “receta” de Tocqueville política de Estado. Es este el desafío de quienes constantemente desafían la autoridad exaltando ideologías que cuestionan la legitimidad de toda autoridad que no provenga de la lógica de su discurso. En estos grupos, que atraviesan toda la sociedad, la lealtad y la coherencia con el discurso son valores de mayor valor que la prudencia en torno al debate político. Por otro lado, habrá de preguntarse si quienes hoy ostentan cargos de poder estarán dispuestos a cederlo en pos de empoderar a la ciudadanía para que sea parte de la elaboración dela ley, este es el desafío de la clase política.

Estas son las propuestas de quien hace más de un siglo temía a una sociedad democrática que girara en torno a la anarquía y el despotismo, estas son las propuestas para reestablecer una autoridad que, como diría mi profesor don Jaime Moreno, propician la creación y el progreso de la sociedad y quienes en ella vivimos.

TAGS: #ConvivenciaSocial Autoridad Respeto

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13 de julio

Buen tema, pero es un tema global, el diagnóstico es generalizado y dice relación con lo relativo, con el relativismo reinante, con la caída de ciertos principios y dogmas que nos sirvieron de guía por siglos y siglos. No lo vamos a solucionar nosotros, lo esta solucionando la ONU a través de la imposicion a los gobiernos de directrices, (ambientales, valóricas y de género, de DDHH, económicas, sociales, etc), exigiendo y monitoreando el cambio de cuerpos legales de los paises miembros, sobre todo en occidente y en los países chicos, así los congresos se transforman poco a poco en buzones de ese organismo y sus partes. ¿Para donde iremos?, dificil saberlo, pero al parecer, por lo que vemos, hacia una tiranía global muy dura.

13 de julio

De acuerdo con que es un tema global, el fenómeno se puede ver en todo el mundo occidental. Sin embargo, eso no nos autoriza a evadir el tema, ya que como adultos nos encontramos en espacios cotidianos donde fomentamos casi sin quererlo la crisis a la que hace mención el documento. La única forma de cambiar o al menos retardar la tiranía de la que hablas es siendo en los espacios que corresponda esa autoridad que invita a la creación y el crecimiento personal.

17 de julio

El tema es complejo, pero para no evadir, es correcto lo que afirma, hay grupos antisistémicos que trabajan afanosamente por destruir todo indicio de autoridad, es cierto, se exaltan ideologías que cuestionan todo tipo de autoridad , también vemos que junto a la lucha por la igualdad entre las personas, se cuela la idea que nadie te puede tocar ni exigir nada, ni siquiera reprender porque es tu igual, y por otra parte, en el contexto de la lucha democrática que sirve para generar la autoridad, se puede visualizar que ese proceso lleva implicito el virus del caos, porque el grupo contrario que no logra elegirse dedica todo su tiempo en la oposición para enlodar, desprestigiar y hacer todo tipo de operaciones para desestabilizar y llegar al poder. Sin duda el tema es muy complejo y se agudiza en sociedades como la nuestra en que la sospecha, los resabios de todo tipo de autoritarismo y la envidia estan siempre a flor de piel.

18 de julio

De acuerdo, el problema es que a veces pareciera que estamos entre la autoridad por la fuerza o la rebeldía violenta. Creo que es imperativo buscar alternativas dentro de un contexto democrático y republicano. Desde mí punto de vista la doctrina liberal nos puede dar pistas para avanzar.

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