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Crecer con igualdad

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En tiempos de campaña presidencial, arrecian en Chile, los “ofertones electorales”, la promesa fácil en la búsqueda de la esquiva y cada vez más desconocida preferencia popular. Cuesta encontrar el propósito, la justificación, el fin último de los candidatos. Sus programas de gobierno, o el esbozo de ellos, que se difunde con algún grado de opacidad en las páginas web de los candidatos, no indican con claridad cuál es el “relato”, cual el sueño de país con el que se pretende conquistar al electorado.

Convengamos en que todas las candidaturas, cual más cual menos, se han preocupado de instalar cuñas o frases con los que pretenden ganar la “recordación”, ósea quedar en la memoria, o al menos en la retina, de los ciudadanos.  


Un gobierno con enfoque progresista, y que tendrá un crecimiento promedio torno al 2,0% en su período de 4 años, ha avanzado en todas las áreas mucho más que un gobierno de derecha, que tuvo un crecimiento promedio del 3,5%.

Lo que se echa de menos, es no solo unas declaraciones relativas a la importancia del crecimiento económico, que a estas alturas es una perogrullada que no diferencia a unos de otros, sino una declaración que recubra de sentido a lo anterior. Me explico, para el mundo progresista, para la izquierda y centro izquierda, el crecimiento económico no es un fin en sí mismo, es un medio, a través del cual se pueden corregir las inequidades propias del sistema económico capitalista. Tarea nada sencilla, y que se pretende alcanzar a través de medidas como garantía de derechos sociales, ampliación de acceso a mecanismos de negociación colectiva, reformas impositivas tendientes a reducir el desequilibrio en la distribución de ingresos. De lo anterior, se explica que la lucha contra la desigualdad, fuera la idea fundante del programa de gobierno de la Nueva Mayoría, y de la Presidenta Bachelet aprobado por el 62 % de los electores en segunda vuelta del 2013.

La derecha chilena, como hizo antaño, recurre a las viejas recetas del “Consenso de Washington”, ofrecer aumentar el crecimiento económico, en base a reducciones severas del gasto público, rebajas impositivas, desregulación laboral, reducción del aparato del estado y del rol que juega en la economía como fiscalizador o como regulador. No es casual que varios de sus economistas favoritos, releven las “notables” cifras de crecimiento del período 1984 a 1989. Sin mencionar siquiera que Chile estaba en plena dictadura, sin libertad sindical ni negociación colectiva, sin fiscalización y con el control férreo de los medios de comunicación.

En este sentido, es notable la columna de Patricia Pollitzer en el diario electrónico “El Mostrador”, del mes de octubre del presente año, donde hace un parangón entre el gobierno del derechista Piñera, y el gobierno de centro izquierda de Michelle Bachelet. En resumen, demuestra con cifras que un gobierno con enfoque progresista, y que tendrá un crecimiento promedio torno al 2,0% en su período de 4 años, ha avanzado en todas las áreas mucho más que un gobierno de derecha, que tuvo un crecimiento promedio del 3,5 %. En otras palabras, no da lo mismo cualquier crecimiento, si no llega a las grandes mayorías del país en la forma de derechos sociales, y mayores garantías de los mismos.

El 19 de noviembre, decidiremos nuevamente los destinos de nuestro país, a través de la elección de Presidente de la república, un nuevo parlamento (por primera vez sin binomial), y consejeros regionales. El mensaje que da sentido a las campañas, y que fue instalado por el candidato de la derecha, el 2014 cuando dejó La Moneda, es si se continúa en la senda de garantizar derechos sociales en educación, en salud, y en trabajo, como lo ha hecho el gobierno de Michelle Bachelet, o si retomamos la senda de la restauración conservadora que encarna el representante de los grupos económicos y del gran capital.

El programa de los sectores que se han opuesto tenazmente al gobierno de la Presidenta Bachelet, comprende medidas que ya se están implementando, anuncio de obras ya adjudicadas o por adjudicar, y la clásica fórmula de reducción del estado, y flexibilizar normas regulatorias.

Los programas de candidatos de la centro izquierda, ofrecen en lo sustantivo, la continuación de la agenda de transformaciones sociales desarrollada en estos cuatro años, y profundizar reformas tan fundamentales como la educacional, donde se espera en el próximo período llegar a un 70% en la gratuidad en educación superior. Se incluyen medidas para desencadenar nuevas fuerzas productivas, la llamada nueva economía basada en el desarrollo de energías renovables, de la mano de las nuevas tecnologías, la entrada de Chile en la cuarta revolución industrial, la era digital.

Se trata en noviembre de decidir entre dos visiones de la vida, de la sociedad, de la forma en debemos relacionarnos en comunidad. Estas opciones se diferencian radicalmente, en cuanto el rol y la importancia que se la atribuye al factor trabajo en la economía; al rol que se reconoce a la mujer, y cómo se garantiza avances en equidad de género; en cuanto a la profundización de la democracia, con la continuación del proceso constituyente para una nueva constitución. A la base está la concepción que tenemos del ciudadano, sea como titular de derechos sociales, que el estado y la constitución deben garantizar; o un enfoque centrado en la libertad que tendría cada individuo, para elegir entre distintos bienes de consumo que se transan en el mercado.

A medida que el día de la elección se acerque, el número y variedad de “ofertones” electorales va ir in crescendo, los ciudadanos van a tener que discernir lo verdadero de lo que no lo es. Las listas “de supermercado” electorales, inducen muchas veces a error, es difícil recordar los proyectos y obras ya ejecutadas, de las que no lo están. En eso se ha abusado y se seguirá abusando de forma majadera, por el candidato de la derecha, que ha iniciado una escalada “trumpiana”, hacia la posverdad. Atribuirse los logros del actual gobierno, y omitir los errores garrafales, problemas de gestión, e irregularidades de su propio período.

Las personas que se identifican con las ideas progresistas, que adscriben a la izquierda y centroizquierda, deberán decidir quién continuará la lucha contra la desigualdad, avanzando hacia mayores estadios de progreso que lleguen a las grandes mayorías. El 19 de noviembre será una especie de primaria, donde se decidirá quien enfrentará en segunda vuelta al candidato del gran capital, de las AFP e Isapres. De esta decisión depende si el país continúa en la construcción de un Chile que busque el desarrollo con equidad.

Después de 17 años, el lema de campaña del Presidente Lagos, “Crecer con igualdad”; está más vivo, y es más necesario que nunca.

TAGS: #Candidatos2017 #Elecciones2017

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José Luis silva

02 de noviembre

Efectivamente la derecha debe adoptar las conductas que han funcionado para hacer crecer el país y mejorar el bienestar a la población. Ud habla de lo que sólo consigue votos pero que siempre han sido un fracaso. Además hay que aclarar a que se refiere con igualdad. El año 90 cuando se traspasó elpoder a los civiles Chile crecía sobre el 10% con un precio del cobre como a la mitad y los trabajadores más pobres no igualaban sino que superaban a los más ricos en multiplicar su ingreso. Nada de eso se ha vuelto a ver por su inútil búsqueda de igualdad que nadie sabe bien lo que es y parece su no la encuentra nunca. Buscandola llegamos a donde estamos. la retroexcavadora con la que el país que no sólo ha dejado de crecer sino que empieza a endeudarse para frenar el retorno a la pobreza que había antes del modelo económico

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