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Concertación: la agonía de un titán

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Debiera resultar evidente que la Concertación fue la coalición de gobierno más exitosa de toda nuestra era republicana, como también debiese ser igualmente obvio que la actual fase de descomposición y decadencia que atraviesa no tiene salida honorable alguna.

I

La Concertación logró capitalizar políticamente toda la movilización social, el descontento popular e incluso la rabia acumulada durante todos los años de dictadura militar. No cabe duda que la Alianza Democrática (fundada por la DC en 1983) fue la piedra angular sobre la cual se levantó la nueva coalición; siendo clave, en este camino, el desgaje del Movimiento Democrático Popular (MDP). El MDP venía asumiendo, desde fines del 82, la lucha en las calles y el enfrentamiento directo contra la dictadura, representando -en potencia- una alternativa de poder opuesta a la encarnada por los demócrata-cristianos.

Básicamente, en el inicio de las Jornadas Nacionales de Protesta en el año 83 y hasta el 86-87 se configuraban en Chile los mismos tres tercios arquetípicos de nuestra sociedad. En primer término, por supuesto, la derecha que estaba en el poder desde el 73 en alianza con militares y civiles, pero re-orientada política y económicamente hacia lo que hoy conocemos como “neoliberalismo”. En un segundo lugar se ubicaba la Democracia Cristiana que, sin explicación ni debate conocido, hacía abandono de las tesis desarrollistas de la “Revolución en Libertad”, al mismo tiempo que asumía gran parte de la línea económica que la dictadura imponía por la fuerza y el terror. Finalmente el MDP, bloque que tenía al menos dos novedades muy importantes respecto a su antecesor: la Unidad Popular. 


La Concertación logró capitalizar políticamente toda la movilización social, el descontento popular e incluso la rabia  acumulada durante todos los años de dictadura militar. No cabe duda que la Alianza Democrática (fundada por la DC en 1983) fue la piedra angular sobre la cual se levantó la nueva coalición; siendo clave, en este camino, el desgaje del Movimiento Democrático Popular (MDP). El MDP venía asumiendo, desde fines del 82, la lucha en las calles y el enfrentamiento directo contra la dictadura, representando -en potencia- una alternativa de poder opuesta a la encarnada por los demócrata-cristianos. 

La primera novedad es que el MDP, conservando más o menos el mismo ethos programático de la UP, incorporaba al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Esta organización se había posicionado críticamente al gobierno de Allende debido a que apostaba, más bien, por una estrategia basada en la toma del poder por la vía violenta combinada con un avance más rápido y menos gradual hacia el socialismo que lo propuesto por la Unidad Popular; el MIR era la única organización que había enfrentado armadamente a la dictadura desde el mismo momento del golpe, hasta la aparición del Frente Patriótico Manuel Rodriguez (FPMR) en 1983.

Una segunda novedad era que el MDP aceptaba la lucha armada, ya sea como complemento táctico (en el caso del PC, por medio del FPMR) o como centralidad estratégica (caso del MIR). El MDP, siempre guardando las proporciones históricas, era una suerte de continuidad de la UP, pero que propugnaba el despliegue de “todas las formas de lucha” como método -o posibilidad- para combatir y/o eventualmente derribar a la dictadura.

II

Frente al eminente triunfo violento de las fuerzas políticas agrupadas en el MDP, la Alianza Democrática y la dictadura fueron construyendo acuerdos que tenían por objetivo asegurar una transición ordenada y pacífica hacia un modelo político fundado sobre bases programáticas comunes, pero esta vez blindadas bajo un régimen “democrático” restringido y acotado, básicamente diseñado para la exclusión social y política de la izquierda. La dictadura además ponían como condición la impunidad de la oficialidad implicada en violaciones de derechos humanos. Para que todo ello ocurriera resultaba fundamental despejar del tablero al MDP, o al menos debilitar su fuerza a tal punto que no representara un peligro. La DC, como buen estratega, atacó el punto más débil de la coalición: el PS.

El Partido Socialista a lo largo de toda su historia ha sido más bien una fuerza compuesta de fracciones, corrientes, grupos de interés, etc., y no un partido homogéneo o relativamente ordenado. A veces han predominado los sectores de más izquierda poniendo sus énfasis en la realización de cambios profundos e incluso radicales; mientras en otros momentos han dominado las ideas socialdemócratas y liberales (como en la actualidad). Las luchas intestinas entre fracciones y grupos por el contenido programático dominante del partido junto a la disputa por el control objetivo de la conducción, eran “caldo de cultivo” para una DC que comprendía que el único modo de consolidar una posición hegemónica en el contexto de la transición era construyendo un puente de entendimiento programático y estratégico con un PS dócil y moderado. Del mismo modo, el PS, su fracción más liberal, reconocía que su potencial protagonismo, en una eventual fase de transición, dependía de la capacidad de lograr acuerdos a largo plazo con la DC. Todo esto ocurría al mismo tiempo que, ante la tensión entre una salida pactada evidente o una salida violenta cada vez más lejana, el MIR se fracturaba entre una tendencia afín a la posición del sector moderado del PS; mientras el PC, ante la misma disyuntiva, decidía “colgar sus fusiles”, optando por una estrategia de oposición no-violenta pero crítica al pacto transicional. El MDP desaparecía en los hechos.

El “gallito” finalmente lo gana la DC: el MDP queda disuelto, pues el MIR se fracciona en múltiples sectores mientras el PC queda aislado en un complejo limbo. Los demócrata-cristianos, en definitiva, suman a su programa y estrategia al PS, acotando el régimen democrático a un modelo de bipartidismo moderado por coaliciones, por supuesto restringido y excluyente. Abriendo así una etapa de transición pactada caracterizada por la continuidad del modelo económico y del régimen político,  además de una desvergonzada impunidad para la oficialidad de las fuerzas militares. Dictadura y DC, en comunidad de intereses, son en definitiva los grandes triunfadores de esta compleja y determinante fase histórica.

TAGS: #Dictadura Concertación Transición

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