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¿Cambios? Sí, pero en serio

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Llama  la atención, más no es sorpresiva,  la lectura de los resultados que ha comenzado a hacer  la derecha.

El primer síntoma de ello es el mensaje oportunista del Presidente Piñera  la noche del domingo. Si antes, en ocasión de las movilizaciones masivas Piñera quiso colocarse como un manifestante más, claro, luego de haber criminalizado la protesta social y sacar los militares a la calle para aplastarla, esta vez reaparece intentando colocarse como el gestor de la salida política institucional. Pero sabido es que sin presión social en Chile no habríamos tenido salida política al colapso del modelo neoliberal. Los resultados electorales del domingo pasado no han hecho más que corroborarlo.


El Gobierno de Chile Vamos no encontró nada más representativo que hacer reunión de Gabinete ampliada en Vitacura, símbolo, junto a Lo Barnechea y Las Condes, de todo lo que la mayoría quiere superar

Lo más llamativo, sin embargo, es que para “terminar”  de sintonizar con la abrumadora mayoría del país que pide cambios, para dejar  atrás la cultura del abuso, el clasismo y la discriminación sobre la que está construida la convivencia social en nuestro país,   el Gobierno de Chile Vamos no encontró nada más representativo que hacer reunión de Gabinete ampliada en Vitacura, símbolo, junto a Lo Barnechea y Las Condes, de todo lo que la mayoría quiere superar. El Mostrador, martes 27 de octubre. 

Si alguien quisiera estudiar el rol de los símbolos en política, queda invitado a contrastar el mensaje de la derecha reunida en pleno en Vitacura con los resultados del domingo. En términos de contenidos, nada de nuevo: preservar los privilegios consagrados en la Constitución pinochetista.

Con todo eso en mente, el momento es auspicioso en un sentido democrático y transformador, pero a su vez desafiante y complejo. Es auspicioso por la paliza pocas veces vista en un proceso electoral como el que recibió la derecha más dura, política y empresarial parapetada en estas  tres comunas. Y es complejo porque toda la energía desplegada desde hace ya poco más de un año por el pueblo chileno, sigue  siendo inorgánica y dispersa sobre todo en lo político.

Por ello que, hacer de este proceso de transformación constitucional, uno participativo, que refleje la sociedad inclusiva y justa que la mayoría de Chile demanda a gritos, requiere del bien más escaso y vilipendiado del último tiempo: la política.

El punto es ¿cuál política?

En el poco tiempo disponible, será necesario dar saltos cualitativos para resolver este incordio. Ello significa, en primerísimo lugar, abrirle paso a las fuerzas sociales que han generado el espacio transformador, de modo que se expresen en la Convención, apoyándolos en su elección. Sabia nueva y rostros nuevos  que refresquen el ambiente en la dirección que la ciudadanía está reclamando.

La política del pasado, practicada principalmente por sectores conservadores de la vieja Concertación, pero también por quienes desde fuerzas de izquierda fueron domesticados por el neoliberalismo,  mermando a la postre  el impulso transformador que emergió tras la derrota del dictador en el Plebiscito de 1988, que en el mejor de los casos significó  estatizar la política, encajonándola en los Ministerios, es decir, abandonando los territorios, ese tipo de política es parte del problema porque no es regenerativa y  suma cero a objetivos de bien común. A esa desconexión que prosiguió después de la dictadura y al lastre que significó en la sociedad el terrorismo de estado, sumado al discurso anti-publico, anti político de la derecha dura, que relevó el mercado como si se tratara de un mandamiento, son elementos concomitantes que han coadyuvado a la fractura que hoy se hace evidente entre la sociedad y el mundo de la  política. Ese nexo es vital restablecerlo, porque es en la política el espacio en el que los pueblos construyen su identidad y definen su futuro.

Lo de fondo, entonces, para reestablecer el nexo entre la política, los territorios y más en general la sociedad, es fortalecer y respetar la soberanía de las organizaciones sociales que han liderado este proceso,  y alejarse de todo “impulso” por intentar controlarlas. La representación está deslegitimada y por eso su reputación sigue estando por el suelo.

Por ahora, lo esencial y gravitante para plasmar en la Nueva Constitución las demandas ciudadanas, y abrir curso a partir de allí a las transformaciones políticas, económicas y sociales  con sustento  legal, jurídico  y normativo sobre las que se sustente la convivencia social que emerja de este proceso,  es abrir y no cerrar los espacios a quienes han hecho este proceso posible. La reconstrucción entre política y sociedad, entre izquierda-pueblo, solo será posible si se reconoce esta realidad y se le abre espacios  vinculantes.

Por otro lado, algo breve respecto a la Unidad opositora. Unidad por unidad, sin contenido o con contenidos que no reflejen las demandas del país, tipo reunión de la  derecha en Vitacura,  es el ABC de lo que no se debe hacer. Tampoco es moralina, de qué fuerza política tiene más moral que la otra.

Un compromiso básico, sin embargo, de las fuerzas políticas que concurran a la unidad y sellen acuerdos políticos transformadores, es que deben adoptar una postura anticorrupción lo suficientemente clara como para que la opinión pública perciba un cambio drástico a este respecto. Política anticorrupción tanto para quienes ejerzan cargos públicos de representación popular como para quienes busquen corromper la política. Mirar para el techo, hacerse el desentendido respecto a la corrupción, como fenómeno asociado al ejercicio del poder político o económico, es tan nefasta como el acto mismo de la corrupción.

Debe haber compromisos  claros y medibles respecto a  que la corrupción será perseguida y castigada, lo que debe incluir transformar las bases del sistema judicial del país de ser necesario. Es una lacra  que erosiona severamente la confianza ciudadana en las instituciones públicas, privadas y de cualquier otra naturaleza en las que ésta ocurra.

Un compromiso ético y estético  en contra de la corrupción que no puede dejar de establecerse. Ya hemos pagado como sociedad un precio demasiado alto por este flagelo y debe ser atacado desde todos los flancos, legales y por sobre todo desde el  político. Ésta   no es para conseguir movilidad social, aunque tampoco debe serlo para percibir ingresos que ofenden al resto de la población.

En suma, para que la ciudadanía vuelva a recuperar la confianza en las instituciones- en  las políticas y de representación en primer lugar-,  estas deben sanarse y regenerarse para ponerse a la altura del país que tendrá que emerger de estas crisis.

Es mi opinión, en todo caso, que para salvaguardar la convivencia democrática de la sociedad, garantizar la paz social basada en la justicia, el respeto irrestricto a los derechos humanos, será necesario entregarle a la ciudadanía facultades constitucionales para remover de los cargos a quienes se aparten de los fines para los cuales fueron electos o cometan actos de corrupción u otros incompatibles con la fe pública.  Debido proceso a cualquier evento, pero compromiso firme y hasta el final con la transparencia.

¿Cambios?  Sí, pero en serio.

TAGS: #Democracia #NuevaConstitución #ParticipaciónCiudadana

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Comentarios

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cristián barría jara

30 de Octubre

Le recuerdo al señor Cerpa que el apruebo obtuvo el 33% en Vitacura, por favor usted y los que piensan como usted no sean sectarios y esteriotipados.

02 de Noviembre

Señor Barría , me alegro que haya personas de derecha que no se dejen llevar por campañas del terror y se abran a introducir cambios importantes a los graves problemas de la convivencia en el pais. Si a partir del voto Apruebo, surge una derecha democrática para esos objetivos, excelente.

cristián barría jara

03 de Noviembre

Señor Cerpa está cayendo en lo mismo que señalé en mí comentario ¿ QUIEN LE DIJO QUE YO SOY DE DERECHA ?, para que sepa soy hijo de socialistas ( de los que tuvieron la hombría y decencia de quedarse en Chile, y no salieron arrancando a meterse a la primera embajada que encontraron cuando vieron a los militares en las calles), mientras usted estudiaba tranquilamente en Canadá, yo tenía que preocuparme de los soplones, la CNI, los pacos y milicos. Para ilustrar un poco su esteriotipada forma de pensar le recomendaría saber donde tienen domicilio políticos como el señor Bitar, Viera-Gallo, Girardi, Harboe y otros muchos tantos del PPD, PS, DC y hasta PC { ejemplo la familia Tótoro, o la familia Pellegrini }. Está claro que usted no tiene idea lo que opina.

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