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Antofagasta, 1906. Una plaza para la muerte

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Antes de la importancia del cobre y otros minerales, Antofagasta destacaba por el salitre, además de ser un nudo ferroviario muy importante, y contar con un puerto fundamental, por lo que había muchos intereses económicos en la zona. El movimiento obrero en Antofagasta ya había comenzado a organizarse, especialmente desde enero de 1905 con una huelga de ferroviarios. En enero de 1906 los trabajadores del ferrocarril de Bolivia a Antofagasta, especialmente la Sociedad de Caldereros, solicitaron cambios horarios en relación con el descanso para poder almorzar, pero sin éxito, lo que provocó la convocatoria de una huelga para el 30 de enero. Se consiguió paralizar la ciudad. El 6 de febrero se convocó un gran mitin en la Plaza de Colón. La burguesía local se reunió para crear una guardia de orden; la autoridad, por su parte, movilizó a unos cien guardias civiles y a un piquete de marinería. A las cinco de la tarde había ya unos dos mil huelguistas en la Plaza de Colón.


El 6 de febrero se convocó un gran mitin en la Plaza de Colón. La burguesía local se reunió para crear una guardia de orden; la autoridad, por su parte, movilizó a unos cien guardias civiles y a un piquete de marinería. A las cinco de la tarde había ya unos dos mil huelguistas en la Plaza de Colón.

El Historiador Héctor Ardiles, en su libro “Historia del poder local: la comuna autónoma de Antofagasta 1891-1924” nos cuenta cómo en los meses anteriores la municipalidad debió enfrentarse a una serie de conflictos sociales, políticos y económicos. La paralización del establecimiento industrial Huanchaca; la quiebra de la Fundación Templeman; fraudes sobre propiedades salitreras; el incremento de mano de obra desempleada, la informalidad de los contratos y la inestabilidad laboral. Así fue como la crisis estalló el martes 6 de febrero de 1906, a las 18:00 horas, mientras los obreros y sus familias se retiraban de la Plaza Colón una vez terminado el mitin convocado por los huelguitas, quienes entre otras demandas, pedían media hora extra para colación. Aquella tarde terminó trágicamente al enfrentarse la masa obrera, la autoridad política y los capitalistas regionales.

Inmediatamente después de la tragedia, el Intendente declaró estado de sitio, dictaminó censura telegráfica y solicitó refuerzos militares a la capital.

Pasado histórico

“Juan de Dios Rodríguez es el nombre de aquello que me punza. Tenía 32 años y se desempeñaba como calafate en el muelle fiscal. Había llegado desde Constitución. De carácter firme y reservado, había una dulzura infantil en la fe inquebrantable que poseía en las luchas de su clase.  En Antofagasta, se emparejó con Filomena Rojas, una jovencita que no sabía escribir, y que gustaba de oírlo leer en voz alta las editoriales del periódico  “El Marítimo”. Juntos vivían un romance apasionado y sin convenciones, como solían hacerlo las clases trabajadoras de la época y habitaban una pequeña pieza en calle Maipú N°48. La tarde de los hechos, un carpintero avisó rápidamente a Filomena, quien logró llegar a la Plaza minutos antes de que el cuerpo de su amado Juan de Dios fuera a dar a la fosa común del olvido junto a la mayoría de los cadáveres.”

Aunque tengamos una relación algo lejana a la celebración de efemérides o conmemoración de ciertos acontecimientos,  conviene pensar el asunto del pasado histórico y la relación que tiene con nuestra esfera pública y cómo ésta se expresa en nuestra esfera íntima. Pensar si este pasado sirve o no, cómo se vincula con los cambios, con el progreso social e, incluso, con nuestra propia felicidad.

Carlos Marx en su libro “El 18 brumario de Luis Bonaparte”, escribió “la tradición de todas las generaciones muertas suprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” en una idea de que el pasado tiene una dimensión conservadora (en el sentido de conservar) y que cuando las sociedades cambian, existe un ímpetu de volver atrás. De ahí la famosa frase “la historia se repite dos veces, primero como tragedia, luego como farsa” en el sentido de volver a los antiguos lenguajes para la gran farsa de la historia.

Otro que tiene una visión algo negativa del pasado es Federico Nietzsche, quien en su texto “Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida” plantea que para la felicidad necesitamos algún tipo de olvido. Que si no hay olvido  esto generaría a la larga un daño en las personas y en los pueblos.

Es Walter Benjamin quien sintetiza mejor este tema, planteando una distinción entre recuerdo y memoria. Para Benjamin la memoria estaría vinculado a la cosa más conservadora, señala que la función de la memoria es proteger los recuerdos del pasado, permitiendo que el recuerdo se vincule a los acontecimientos del presente y se convierta en una especie de motor del ahora.

Han pasado 28 años desde mi primer encuentro con Juan de Dios a los pies de su tumba en el Cementerio General de Antofagasta. Él tenía 32 y yo 21. Yo viví, tuve tres hijos y envejecí, él aún tiene 32. Sé que mucha gente lo visita, que es parte de la vida de otros, lo sé por las flores frescas, por las notas halladas, por la mantención del lugar. Habitamos un espacio existencial común, un ángel tensionado entre el rostro de las tragedias, lo no realizado y lo traumático, pero empujado irremediablemente hacia el futuro, la farsa y el progreso.

Recabarren

Luis Emilio Recabarren fue el principal orador en el mitin de aquella tarde de 1906 en la Plaza Colón de Antofagasta. Se retiró pocos minutos antes de que estallara el fuego. Meses más tarde resultó electo diputado. En octubre del mismo año, la Corte de Tacna lo condenó a 541 días de cárcel como instigador de los sucesos ocurridos al día siguiente de la masacre, el 7 de febrero de 1906 en Antofagasta, en que una turba de obreros dio muerte a Ricardo Rogers, de 18 años (pensaron que había sido parte de la Guardia Blanca), del incendio de la Tienda “La Chupalla” y otros desmanes. Producto de esta condena, Recabarren fue expulsado de la Cámara el 26 de octubre de ese año.

No existe registro acerca del discurso que proclamó Recabarren aquella tarde, pero el día 17 de febrero publicó una editorial en el periódico “La Vanguardia” en relación a los hechos de la matanza “¿Qué es amor? Amor es el más puro y delicado sentimiento que nace en el corazón sano. Amor es el tierno afecto que impide al ser humano hacer mal; ¡Donde hay amor, hay justicia! ¡Donde hay amor, vive la verdad! ¡Donde hay amor, hay paz! Nosotros, los demócratas, queremos justicia, verdad, paz. ¡Donde hay justicia, hay igualdad! ¡Donde brille la verdad, estará la vida; donde haya paz, reinará el amor! ¡qué hermoso es el amor! ¡La vida es una delicia cuando los corazones se entregan en brazos del amor puro…”

TAGS: Antofagasta Conmemoración Plaza Colón

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