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Algo huele a pescado podrido en el convenio judicial de La Polar

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Esta semana el presidente de La Polar César Barros (ingeniero agrónomo de la Universidad Católica, director de Viña Santa Rita, IANSA y de Blanco y Negro, ex-presidente de los salmoneros, buen amigo de los empresarios, con un muy especial concepto de la clase empresarial) se vio muy contento, casi eufórico. “Misión cumplida” parecía decir su rostro. Efectivamente, había sido contratado para evitar la quiebra de La Polar y logró un convenio judicial preventivo, muy favorable para la compañía, que le permite  retirarse, probablemente con un jugoso cheque en el bolsillo (aunque el monto de sus honorarios nunca fue público), pero dejando a todos los chilenos más pobres de lo que éramos hasta ayer.  

En efecto, las AFP son el principal grupo de tenedores de bonos y titulares de créditos de la multitienda, y un par de sus representantes, probablemente amigotes del señor Barros y me atrevería a apostar que también amigos de los ejecutivos que organizaron el desfalco (en Chile, las familias poderosas están todas emparentadas, estudian en los mismos colegios, van a las mismas universidades donde tejen las redes del poder y frecuentan los mismos clubes deportivos en los que se cierran los grandes negocios… un ejemplo) decidieron comprometer los recursos de todos los chilenos para ir al salvataje de la empresa, renegociando la deuda de una forma que equivale  a condonar una parte importante de ésta. En otras palabras, nos metieron la mano al bolsillo (para ser precisos, se sirvieron de nuestros ahorros previsionales) para  financiar los años de desfalcos de una tropa de sinvergüenzas, y de paso también el sueldo del señor Barros.  

La deuda de la empresa La Polar asciende a $429 mil millones (Sr. Lector, leyó bien). El convenio firmado considera que La Polar pague cerca de la mitad de la deuda (44%) en un plazo de 10 años a partir del 2012. Esta parte será cancelada en pesos y en cuotas semestrales, cuyo interés empezará a ser cobrado en 2015 y hasta 2022. La tasa irá de 4% a 10%.

El porcentaje restante se cancelará en una única cuota en 2032 (si señores, no hay error de tipeo, en 20 años), sin interés y en Unidades de Fomento (UF), lo que equivale a condonar el 50% de la deuda. Ojalá La Polar y el sistema bancario tuviesen esa generosidad con sus clientes.  

Es impresionante cómo esta noticia, un verdadero golpe al mentón de todos los chilenos, fue informada a través de la prensa con la misma frialdad con que se podría dar cuenta del triunfo de Everton un domingo cualquiera, es decir, sin ninguna nota de indignación

Mientras tanto el tema se instala en los tribunales y a pesar de que somos millones los afectados con las operaciones fraudulentas, la figura delictual aún no es clara. En Chile, el delito de cuello y corbata se tipifica con ambigüedades en nuestras leyes, de modo de asegurar que si sus autores son personas contactadas y tienen plata para pagar buenos abogados, no vayan a la cárcel.

De Price Waterhouse, la auditora que avaló por años las operaciones fraudulentas de La Polar, sólo se sabe que sigue operando en Chile, sin restricciones, es decir, aquí no ha pasado nada. Y del Superintendente de Bancos, Sr. Budnevich, que ha dado una clase magistral de ineptitud y negligencia, sigue lustrando los pisos de la Superintendencia con sus zapatos de suela.

Y bueno, a nadie le preocupa mucho que este coro desafine, ya que los chilenos ya no nos asombramos con nada, aguantamos a diario este tipo de abusos e incluso hacemos alarde de nuestra tolerancia. ¿Acaso alguna vez dejamos de ser los mansos corderos que somos e hicimos respetar nuestros derechos? ¿Alguien recuerda, aunque sea vagamente la sensación en la piel, en el corazón, que provoca ser respetados en nuestra dignidad de seres humanos? Si alguna vez la sentimos, qué grato sería volver a hacerlo, más aún, que nos volviésemos a acostumbrar a que no nos pasen por encima a diario.

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Foto: Emol

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