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¿A qué (y quién) convoca la Democracia Cristiana?

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“Lento, pero viene el futuro se acerca despacio, pero viene” M. B.

La Democracia Cristiana Chilena ha aportado tres Presidentes de la República y dos grandes convocatorias. Los Presidentes fueron Eduardo Frei Montalva, quién convocó a la revolución en libertad; Patricio Aylwin a una “patria justa y buena” para todos y todas y Eduardo Frei Ruiz-Tagle a “los nuevos tiempos”.


Debemos convocar desde el territorio local, convocar a la sociedad chilena, con liderazgos confiables, que cumplen sus compromisos y son muy responsables de sus actos públicos y privados… Sólo así, los chilenos y chilenas volverán a respetar a los políticos.

Sin embargo, las convocatorias más importantes fueron la marcha de la Patria Joven y la lucha por recuperar la Democracia y terminar la dictadura de Augusto Pinochet. La primera tuvo un nombre: Eduardo Frei Montalva; la segunda, varios nombres, entre los cuales destaca Jaime Castillo Velasco. En las dos el partido sintonizó con la sociedad de la época, tenía el respeto de “moros y cristianos”. Pero los tiempos cambiaron.

El “tiempo histórico” de los tres ex Presidentes es distinto al de hoy: en los ´60 era plena Guerra Fría; en los 90´ estábamos en los fines de ese período. Hoy tenemos a Obama en La Habana y unos días después, a los Rolling Stones en la misma ciudad. Sí, los tiempos cambiaron.

No obstante el “malestar en la cultura” –como afirmaba ese notable judío-vienés a principios del siglo XX (Sigmund Freud) – sigue vigente en nuestra sociedad. Surge, entonces la pregunta: ¿Si ayer – en medio del mismo “malestar” – pudimos convocar y aportamos líderes a Chile, por qué hoy no logramos hacerlo?

Para acercarnos a una respuesta posible, debemos considerar el impacto del “cambio de época” que estamos viviendo.

Este cambio de época implica un cambio en el lugar de la política. Lo propio de la política es lo público, la “res pública”. Sin embargo, hoy, con el poder fragmentado, la identidad partidaria se confunde, se enreda, está en una encrucijada. La convocatoria y sus liderazgos viven contrariedades y contradicciones, lo que afecta a todos los partidos políticos chilenos.

¿Cómo resolver esta dificultad? Recuperando el respeto, cuyo espacio privilegiado es el territorio local, comunal. No existe otro lugar más común (“como uno”) para respetarnos que la comuna. En ese sentido, las candidaturas a alcaldes/sa y concejales/as deben ser rostros que la gente respete porque son considerados responsables, dan confianza y son vistos como líderes que cumplen sus promesas. Virtudes públicas y privadas, porque el lugar de la política es el lugar del respeto, donde los seres humanos nos identificamos y nos reconocemos; en cambio, el mundo privado es el lugar del autorreconocimiento de la identidad personal.

Hoy en día, en medio de un enorme cambio de época, donde la “sociedad virtual” barre las diferencias entre lo público y lo privado; donde, muchas veces, en el ámbito “público” se da un linchamiento digital (o, como dicen los anglosajones, shitstorm), “como si se sacaran las vísceras al sol”. Hoy lo privado desaparece y sólo queda una hiperexposición de los yoes sin ninguna identidad.

En este tiempo histórico, la Democracia Cristiana para convocar a la sociedad y generar líderes, debe recuperar el respeto, que, como afirma un prominente surcoreano, significa “mirar hacia atrás”, mirar de nuevo, para recuperar la autoridad, porque “donde desaparece el respeto, decae lo público”.

Es necesario distinguir, sólo a manera de querer precisar, la diferencia fundamental entre tolerancia y respeto. Lo primero es parte del contexto histórico ilustrado, expuesto por Francois-Marie Arouet, más conocido como Voltaire; lo segundo significa “el reconocimiento de la legitimidad del otro; la tolerancia significa una venganza escondida. Lo toleraremos mientras tanto”, según nos dice el biólogo Humberto Maturana.

Este nuevo mirar –un novel y prometedor integrante de la Democracia Cristiana llamaría “transmitir el fuego” -, consiste en ganarse el respeto en el espacio público re-conociendo al otro en un territorio. Si no reconozco al otro en un territorio, si lo miro superficialmente y lo veo sólo como un consumidor, como un voto, lo que hago es un mirar frívolo que me lleva, inevitablemente, al espectáculo, la farándula y, para esto último, los partidos políticos han estado demasiado disponibles.

En este nuevo mirar se procura visibilizar al desposeído, al que no tiene poder, legitimándolo. Sin duda que esto puede consistir en tener una utopía, en soñar despiertos, pero, al decir de un mexicano, “no podemos caminar dormidos mucho tiempo sin caernos”. Este mirar desde el territorio local, ganándose la confianza del otro, sin caernos, puede consistir en tres medidas básicas: primero, una campaña municipal con propuestas acerca del Gobierno Local, sin (des) calificar la gestión actual, sin caer en el tan popular maniqueísmo. Segundo, presupuestos participativos de desarrollo del barrio; tercero, otorgar facultades resolutivas a los Consejos Escolares cuyos integrantes comprometan acciones que fortalezcan el desarrollo integral de los Estudiantes.

Estas pequeñas medidas nos permitirán convocar a las personas a respetarnos en el espacio comunal. Y desde ahí, desde el territorio local, convocar a la sociedad chilena, con liderazgos confiables, que cumplen sus compromisos y muy responsables de sus actos públicos y privados… Sólo así, los chilenos y chilenas volverán a respetarnos.

TAGS: #DemocraciaCristiana #EleccionesMunicipales #PartidosPolíticos

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