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#15-M: política sin partidos

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El pasado domingo, los partidos políticos (también los sindicatos y los representantes públicos) comprendieron que han perdido el privilegio exclusivo de la acción política. Habrán visto que es posible organizarse políticamente sin ellos; comunicar eficazmente sin intermediación mediática o contra algunas miopías; y crear contenidos de valor sin liderazgos claros ni fuentes oficiales.

La sociedad-red cambia las ecuaciones principales. La resignación ha muerto. La delegación pasiva y la sumisión inevitable han dado paso a la reacción. Ya es posible canalizar el hartazgo en indignación, y esta en rebelión. O rebeliones. Está en juego la autoritas: es decir, el poder para quien se lo merezca –y lo ejerza-, no para quien lo ostente, simplemente.

La ciudadanía no respetará a quien no respete a la democracia: sea en forma de ruedas de prensa sin preguntas, de imputados en las listas electorales, o de políticas contra la libertad en internet. Los datos negativos acumulados sobre la valoración de la política formal y los políticos no podían quedar sin consecuencias. Y la crisis, y sus consecuencias, lo agudiza todo.

El cansancio democrático no ha dormido conciencias. Hay cabreo. Pero no siempre las multitudes –que en la red son inteligentes- son capaces de crear las condiciones para promover o garantizar los cambios sociales y políticos. Aunque sí son decisivas para evitar los abusos o el desprecio del poder formal.

Voz multiformato

Internet ha permitido reducir la distancia entre pensar, decir y hacer a un golpe de click. Hemos descubierto el poder de nuestro móvil vinculado a las redes sociales. La ciudadanía digital ha alzado la voz en forma de tuits, enlaces y videos. Es una voz multiformato y multiplataforma. Potente y creativa. Heterogénea y frágil, también.

El reto es colosal. Sin reacción de la política oficial, el deterioro de los mecanismos democráticos y sus formatos representativos es inevitable y podría ser incluso irreversible. La política sin partidos puede derivar en otra política o en otros partidos, aunque también puede acabar en antipolítica. Este es el reto y el riesgo. Nos la jugamos.

* Antoni Gutiérrez-Rubí es asesor de comunicación y autor del blog www.gutierrez-rubi.es

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Foto: cabezadeturco / Licencia CC

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