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11 tips constituyentes escépticos

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En las próximas elecciones del 11 de abril de 2021, las chilenas y chilenos deberemos elegir a “constitucionales”, que estarán a cargo de proponer y redactar una nueva Constitución Política de la República.


Conviene procurar que quienes estén a cargo de la tarea constituyente, sean capaces de conducir su labor por cauces humanistas seculares, racionales y ejerciendo el pensamiento crítico.

Una constitución es un documento jurídico que limita y regula el ejercicio del poder, a la vez que reconoce y consagra los derechos fundamentales de las personas, definiendo los mecanismos para su protección y tutela. Dada su relevancia, conviene procurar que quienes estén a cargo de esa importantísima tarea, sean capaces de conducir su labor por cauces humanistas seculares, racionales y ejerciendo el pensamiento crítico, pues solo aproximándonos así a la realidad es que podremos conseguir que personas con distintas ideas políticas puedan tender puentes y encontrarse para elaborar una carta magna que satisfaga las necesidades de la nación.

Entonces, cabe preguntarse, con independencia de la corriente política del candidato o candidata: ¿cómo evaluar qué tan apropiadas resultan sus ideas desde el punto de vista del humanismo secular, el laicismo, la razón y el pensamiento crítico? Desde la Asociación Escéptica de Chile (AECH) proponen once preguntas básicas que valdría la pena considerar:

1. ¿Basa sus propuestas en evidencias y/o argumentos racionales?

(¿O nos está encandilando solo con meras ilusiones?)

Es importante que su postulación y sus propuestas no se basen solo en buenos deseos, sino que también sus planteamientos estén fundamentados en base a evidencia y argumentos atingentes, así como considerando la manera de hacerlas factibles y viables.

2. ¿Critica pertinentemente las ideas contrarias y no solo al adversario?

(¿O nos está embaucando con meros ataques personales?)

Es válido formular críticas a los adversarios políticos, siempre que estén debidamente fundamentadas, haciendo uso de argumentos pertinentes. Si bien puede haber aspectos criticables en lo personal, ello no necesariamente implica que sus ideas y/o propuestas estén equivocadas. ¿Centra su crítica en las ideas o solo ataca a las personas?

3. ¿Fundamenta sus propuestas sin apelar exclusivamente a la emocionalidad?

(¿O nos está “hipnotizando” con argumentos vacíos que exacerban las emociones?)

Las emociones son válidas y pueden ser pertinentes, pero no reemplazan a los argumentos racionales cuando estos son necesarios o requeridos. Cuestiones de hecho han de ser fundamentadas, independientemente de cuánto guste su veracidad. Se suele recurrir a ideas chauvinistas, supremacistas, patrioteras, xenófobas, religiosas, raciales, al miedo o a generalizar experiencias personales a falta de mejores argumentos, buscando exacerbar las emociones de la ciudadanía.

4. ¿Transparenta las propuestas en que basa su campaña?

(¿O nos pide fe ciega en propuestas desconocidas?)

Puede ser que alguien nos agrade como persona y/o que compartamos algunas de sus ideas (¿medio ambiente?, ¿minorías?), pero una constitución no es una declaración de intenciones de un único punto. [email protected] constitucionales debieran tener una postura clara y específica en muchos temas importantes, de manera que sus votantes lo sepamos de antemano; pues se estará votando por todos y cada uno de esos puntos y no solamente por aquellos para los que les elegimos.

5. ¿Sabe fundamentar claramente y en detalle sus ideas?

(Si no consigue explicar sus ideas, ¿tendremos que adivinar por qué son buenas?)

Como la tarea encomendada es redactar una nueva constitución, debe poder exponer ideas en forma clara, evitando confusiones y ambigüedades, de forma constructiva. Las opiniones no son hechos y no bastan como argumento.

6. ¿Refiere hechos comprobables como respaldo a sus ideas?

(¿O difunde y cree en noticias falsas y/o teorías de la conspiración?)

La mejora de las condiciones de vida requiere una institucionalidad robusta, lo que depende de que sepamos evaluar correctamente la realidad y el efecto que las políticas públicas tengan sobre nosotros. La posverdad (distorsión tendenciosa de los hechos), el negacionismo (de hechos históricos o científicos) y las noticias falsas suelen ser utilizadas deshonestamente para confundir, distraer y crear falsos consensos, perjudicándonos a [email protected], más todavía a las personas más vulnerables, pudiendo incluso atentar contra la democracia. Resulta poco confiable que la persona encargada de redactar la constitución suscriba tales ideas, ya sea por fallas en su sentido crítico o por un afán deliberado por engañar a la ciudadanía.

7. ¿Promueve el diálogo democrático y la búsqueda del bien común?

(¿O recurre a discursos demagógicos, oportunistas o polarizantes?)

Debemos cuidarnos de quienes rechacen el diálogo democrático. La constitución política de la república definirá la conducción del poder para todos los habitantes del país, por lo que necesitamos llegar a acuerdos incluso con nuestros adversarios políticos, lo que es dificultado por quienes pretendan imponer sus ideas a expensas de una deliberación constructiva. La política es la gestión del poder y “rechazar la política” o “a los políticos” expone a los más débiles al abuso de los más poderosos porque les sustrae del ejercicio del poder. Como estamos eligiendo a [email protected] representante polí[email protected], debemos ser cuidadosos en ello.

8. ¿Cambia de opinión ante una refutación adecuada de sus ideas?

(¿O cae en ideas dogmáticas, absolutas e inamovibles?)

Nadie es dueño de una verdad revelada. Incluso las mejores ideas deben ser sujetas a revisión y cuestionamiento, por lo que debemos estar [email protected] a considerar contraargumentos y evidencia adversa. Cuando se asumen ideas como si fueran “autoevidentes”, tales como “el orden natural de las cosas”, “la esencia del ser” o el Derecho “Natural”, cabe sospechar que no haya más fundamento que la mera subjetividad de su autor o la defensa dogmática de alguna impostura ideológica “porque sí”.

9. ¿Es consciente de las consecuencias prácticas de sus propuestas?

(¿O propone ideas con “letra chica”?)

Ideas bienintencionadas pueden resultar desastrosas al aplicarlas en el mundo real, tal como un genio malvado que cumple nuestros deseos de forma literal, pero nefasta para el amo. Es importante analizar las ideas más allá de cómo suenan, a nivel de sus consecuencias reales en el corto, mediano y largo plazo, en diversos escenarios posibles. Dado que desconocemos el futuro, es imprescindible equilibrar la flexibilidad de la constitución para permitir su adaptación y cambio a las nuevas circunstancias.

10. ¿Son sus propuestas compatibles con el consenso de [email protected] [email protected] y organismos técnicos?

(¿O son antojadizas y desinformadas, a contrapelo de las voces expertas?)

Redactar una constitución no es una tarea trivial, ni siquiera para expertos “constitucionalistas”. Las personas, incluso muy expertas en su área, pueden sostener ideas descabelladas respecto de otras. Nadie puede ser experto en todas las materias. Por ello, es imprescindible moderar, evaluar y mejorar las ideas de forma flexible, dada la opinión experta de asesores legales, el consenso científico y expertos según especialidad. Las políticas públicas no se deducen directamente del conocimiento científico ni de las puras buenas intenciones, sino que requieren deliberación ciudadana, la que debe considerar, de todos modos, la evidencia disponible y el conocimiento experto para lograr sus objetivos.

11. ¿Sus propuestas respetan los Derechos Humanos y reconocen su importancia?

(¿O propone relativizarlos, vulnerarlos o desconocerlos selectivamente?)

Para que nuestra sociedad se desenvuelva dentro de un marco de mínima civilidad como estado moderno, reconociendo consensuadamente y garantizando un mínimo de dignidad y derechos a las personas, es requisito indispensable fundarse en el respeto a los DD.HH. De lo contrario, se expone a la ciudadanía a la barbarie desatada en su contra por parte del Estado, sus agentes o demás instituciones que detenten el poder. El mutuo reconocimiento de nuestra dignidad ha de ser un valor fundamental y no circunstancial al gobernante. Es un requisito mínimo que el historial, discurso, filiación y propuestas de los constituyentes sean coherentes con los DD.HH.

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