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Sobre plataformas y comunicaciones

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Es decir, creer que con Internet y las redes cambia todo. Finalmente a vista y paciencia no cambia nada, ya que lo que cambia en el ejercicio de la comunicación política virtual son sólo los espacios observables que ofrece Internet, ahora donde no hay cambios comunicacionales virtuales son justamente en la comunicación política, ya que las sociedades siguen organizadas de la misma manera. En otras palabras, no se puede enseñar o instruir políticamente a la población sólo con tener o acceder a las redes.

Tras el drama de un incendio en una imprenta del sector sur de la Comuna de Santiago, queda al descubierto la precariedad financiera de la prensa en Chile y que se resume en no poder imprimir el periódico “El Siglo” en otras rotativas por significar “mayor gasto”; teniendo en contraparte que es el Estado el que financia a las grandes empresas comunicacionales oligopólicas, en la perspectiva de una competencia económica mundial y no “competencia” política o de generalidad respecto al desarrollo la diversidad. (Ollivier, 2016).

Al mismo tiempo, la crisis mencionada muestra el supuesto avance de las tecnologías virtuales en desmedro de la prensa papel, porque de no mediar Internet y la cibercultura, éste y otros periódicos de formato impreso, y a pesar de las catástrofes y la agenda Tironi (Herrero, 2014) estarían en las calles rápidamente tras la concreción de los esfuerzos políticos-económicos necesarios, lo que no ha sucedido en estos casos porque se tienen en mente otras plataformas virtuales para el reemplazo; las que no, necesariamente, cumplen los espacios de participación política, porque son otro tipo de culturas emergentes. (Castells, 2003).

La historia nacional y mundial nos habla de cómo los sentimientos patrióticos, de identidad, y de correlato político-ideológico, se fueron articulando y fundando también con los testimonios nacidos desde las percepciones e idiosincrasia de la gente y del pueblo en general; el sentido común que tomaba sus insumos argumentales desde la calle en las “Liras Populares”, y posteriormente desde los quioscos, los que ofrecían una mirada rápida a la prensa, y construcción de identidad nacional.

Los quioscos -también como plataforma medial- guardan sus raíces en las liras populares, donde se comentaba el acontecer social como dinámica moderna de circulación, (Memoria Chilena, 2018) y encarnan una de las primeras manifestaciones de opinión de la gente. Es decir, se estaba comunicando colectivamente, y no en forma aislada o de nicho como exige actualmente la comunicación virtual. De esta forma el público de los medios tradicionales produce, al apropiárselos, el sentido del proceso de comunicación de sentido político. (Martín-Barbero, 2002).

Según Raúl Sohr, (1998) los quioscos y los “diarieros” son fundamentales para la prensa popular y especialmente la que no cuenta con suscriptores. Agrega que el grueso de la prensa popular pasa por el quiosco. Aclara que en los últimos años se ha profundizado la venta no sólo en los quioscos, sino también se han usado como soportes las estaciones de servicios y supermercados. Agrega que se debe operar con criterios realistas de las ventas, es decir, se deben ajustar los tirajes para los despachos en los distintos puntos de venta. Sohr insta a promover, desde la administración de estos medios, vendedores-promotores de los periódicos, que además de entregar el diario, sean voceros del mismo.

Ahora, en contraparte, la vocería de un medio no ocurre en los sistemas de información virtuales en general o de nicho (Laulan, 1995). Estos muestran que la gente y la población, expresan cierta resistencia especialmente a las redes, ya que la existencia de información y el acceso ilimitado a ella no garantiza el uso de “acción y educación política”, además del aislamiento que éstas producen. (Navas García, El Mercurio enero 2018).

Es decir, la irrupción de los medios virtuales ha permitido que las personas construyan su biografía bajo su responsabilidad y riesgo tras la creciente individualización que permite Internet, lo que conlleva a la desvirtualización de la identidad política colectiva, lo que claramente termina dificultando la propia identidad individual, y que termina siendo manejada. (Lechner, 2015).

Caso concreto es la compra del diario “The Washington Post” por uno de los hombres más ricos del mundo, Jeff Bezos, y líder del mundo de la compra-venta virtual. Él ha señalado que la vigilancia al gobierno se debe hacer con esta herramienta. “Compré el diario para ser un guardián que vigile a los líderes del país más poderoso del mundo”, mencionó. (New York Time).

Agregó a sus razones políticas: “El acuerdo representa un repentino y brillante cambio para ‘The Post’, el principal periódico de Washington durante décadas y una poderosa herramienta con la que dar forma a las leyes y la política de la nación”. (El mundo.es)

Por tanto, se debe dar cuenta que la masividad de Internet, y su uso, no es bajo ningún punto de vista la superación de los problemas de entendimiento conceptual y comunicacional político que se nos presenta, y que sí los tiene, los medios tradicionales de comunicación de masas. (Ollivier, 2016).

Internet por sí y ante sí, no viene a constituir la solución al entendimiento de mediaciones abstractas políticas, ni a la construcción de puentes que permitan la comprensión de conceptos de ideas del mismo orden, ya que de por medio está la constitución medial y de tensión de espacios industriales y de espacios públicos. Por ende, existe una aceleración de la industrialización y de la mercantilización de los programas políticos y culturales, y de sus propios discursos. (Miège, 1997).

Miège nos advierte que la liberalización actual de los mercados permite una gran diferencia con los medios de comunicación tradicionales, y es la fuente de financiamiento de sus contenidos. Los medios tradicionales o clásicos tienen la publicidad general, o del sector político interesado. Hoy, es el consumidor virtual quien financia directa e indirectamente lo que quiere escuchar o saber, esto acelera incluso la industrialización de los contenidos políticos.

Espacios distintos.

Internet se ha especializado, gracias a los algoritmos, en identificar espacios de sustento comercial y de “control social” para ser aplicados en los cibernautas. Además, Internet es una constitución de adaptación a la individualización de los gustos y comportamientos de la persona en caso de guerra u otros, escasamente representa espacios de reflexión política. Basta sólo mencionar el hecho que intimidó en el mes de enero de 2018 a Hawái, en donde a través de las redes sociales se dio aviso de un supuesto ataque con misiles. Se requirió sólo un titular en las redes para confundir. Los implicados sólo testificaron por escrito y no han dicho nada del “experimento social”.

Por tanto, estamos de acuerdo que la política, y la comunicación política, deberá expandir sus plataformas y vasos comunicantes dado el mundo virtual, pero se debe tener presente que es real en tanto virtual, pero al mismo tiempo, cabe advertir que de hacerlo sólo bajo la ciber-cultura, la comunicación política y su comprensión se verá estrechada a un solo titular como el ataque con misiles a Hawái, en donde se opera la emocionalidad de los individuos y no la concepción de reflexión política.

Ahora, lo esencial es no dejarse engañar o lo peor, auto-engañarse frente a la identidad de Internet y las manifestaciones virtuales, porque desde Internet es escasa la apropiación del espacio público virtual que ésta ofrece al público consumidor. (Castells, 2003).

Es decir, creer que con Internet y las redes cambia todo. Finalmente a vista y paciencia no cambia nada, ya que lo que cambia en el ejercicio de la comunicación política virtual son sólo los espacios observables que ofrece Internet, ahora donde no hay cambios comunicacionales virtuales son justamente en la comunicación política, ya que las sociedades siguen organizadas de la misma manera. En otras palabras, no se puede enseñar o instruir políticamente a la población sólo con tener o acceder a las redes.

Al problema anterior se suma la pregunta de cómo desde la virtualidad se adosa a los discursos políticos locales la comunidad nacional, la comunidad internacional, las diversas comunidades heterogéneas, que permiten las relaciones, ya que Internet y sus algoritmos van estrechando los espacios.

En estos términos, el aumento de los sitios, plataformas, espacios virtuales no significa que aumenta la comunicación política ni el entendimiento político entre las partes, porque esta no depende de la rapidez o la velocidad de la información que recibamos, dada nuestra estructura biológica (Shlain, 2000).

Intercambiar mensajes más rápidamente a través de las redes sociales no significa entender (se) mejor (Wolton, 2000), especialmente en los espacios de apreciación política el que conlleva cierta gravedad y emergencia de dificultad.

Construyamos plataformas.

Efectivamente, dada la emergencia de esta nueva cultura comunicacional, se debe tener presente a la hora de avanzar en las consolidaciones de plataformas, la constitución de aspectos como: la realidad virtual, el espacio y el tiempo, lo que decanta en las relaciones sociales.

Y para comprender esas relaciones sociales virtuales debemos tener presente las características que Kerckhove y Lévy (Revista de Occidente en junio de 1998, 32-34) nos insinúan para una plataforma: La Inter-actividad, la híper-textualidad, y la conectividad.

No teniendo los preceptos anteriores llegaremos fácilmente a lo que nos plantea Bou Bouzá (1997): “en multimedia existe la molestia, no el placer de leer”.

A su vez, Facebook (2013) explicó por qué la gente no lee:

“El motivo principal por el que se ha reducido el alcance es la cantidad de contenido existente. Cuando un usuario entra en Facebook, podría ver 1.500 actualizaciones nuevas de amigos y páginas que sigue, un número tan grande que es imposible mostrarlo en el muro de cada usuario. Además se usa un algoritmo que determina de forma automática lo que puede ser interesante para cada lector, bajando de 1.500 a 300 posts (en media) para cada usuario”. Es decir, los usuarios de Facebook, al entrar a su página, solo ven un 20% de lo que en teoría está disponible para su lectura.

Por tanto, la narración multimedia repliega a la mínima expresión de conceptualización política la palabra virtual. En estos términos, la palabra o narración multimedia es explicativa, antes que reflexiva, o sólo títulos, y sólo nos sitúa en momentos de contextos cuando ante sí se integran pequeños textos a imágenes, sonidos.

Bolter, (1998), concluye que en los espacios de la realidad virtual se buscan eliminar signos arbitrarios y esos son ¡¡la escritura!! y lo hace a favor del ofrecimiento del signo natural, por el cual se otorga la ilusión al lector de que puede pasar directamente del signo a la cosa, sin necesidad de ninguna mediación.

Construir una plataforma (PCCh); como plantea la colectividad política en el marco de las resoluciones de su último Pleno del CC, no es sólo pensar un buen nombre para la misma y que reúna voluntades de escritores, es un paso más de oscilaciones y paradojas.

Bibliografía.
  • BOU BOUZA, Guillem.”El guión multimedia”. Barcelona. Anaya. 1997.
  • BOLTER, Jay Davis. “Ekphrasis, realidad virtual y el futuro de la escritura”. En: NUNBERG, Georffrey. (Comp.) El futuro del libro. ¿Esto matará eso? Barcelona, Paidós. 1998.
  • CASTELLS, Manuel: 2003. “La Era de la Información”. Economía, Sociedad, Cultura. Siglo XXI. Editores. Argentina.
  • HERRERO, Víctor: 2014. “Agustín, Una biografía desclasificada”. Debate.
  • LECHNER, Norbert: 2015. “Política y Subjetividad”. Obra IV. Flacso Fondo de Cultura Económica.
  • MIÈGE, Bernard. 1992. “La Sociedad conquista por la Comunicación”. Promoción y Publicaciones Universitarias.
  • OLLIVIER, Bruno: 2016. “Comunicación y Mediaciones en la era digital”. LOM Ediciones.
  • SHLAIN, Leonard. 2000. “”El Alfabeto contra la Diosa”. Debate Editorial.
  • SOHR, Raúl: 1998. “Historia y Poder de la Prensa”. Editorial Andrés Bello.
  • WOLTON, Dominique. 2000. “Internet. Y después?”. Editorial Gedisa.
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