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Los WikiLeaks sobre medios de Chile

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El texto de la Embajada revelado por WikiLeaks habla de competitividad y libertad, pero la prensa gráfica chilena es la más concentrada de los países medianos y grandes de Latinoamérica, y la homogeneidad ideológica impermeable a lo diferente se extiende, en forma algo menos acentuada, a la televisión.

* Columna escrita en coautoría con Sebastián Lacunza

El conflicto diplomático suscitado por la negativa del Gobierno británico para brindar el salvoconducto necesario para que Julian Assange, líder de WikiLeaks y asilado por Ecuador, pueda trasladarse desde la Embajada de Quito en Londres hacia el aeropuerto expresa una singular combinación de factores que demuestra el alto interés del caso.

Los motivos son varios: la transgresión que implica la megafiltración de más de 250 mil cables, entre otra información confidencial y sensible, para la política exterior norteamericana; la intención de WikiLeaks de eludir no sólo el secreto de la principal potencia del planeta sino también la intermediación de los medios de comunicación tradicionales; la sagaz inversión de roles que propone el Gobierno de Rafael Correa con los países centrales al intentar proteger mediante asilo político al líder de la organización (Assange); la discusión sobre si la protección de Ecuador, es decir, de un Gobierno enfrentado con los medios comerciales, condicionará la fidelidad del compromiso de WikiLeaks con la difusión de material gubernamental.

A pesar de la notoria difusión del caso Assange y de la repercusión que tuvo la filtración de los 252 mil documentos diplomáticos de EEUU, el análisis de esos textos hoy disponibles en Internet no ha sido muy ejercitado.

En nuestro libro Wiki Media Leaks: La relación entre medios y gobiernos de América Latina bajo el prisma de WikiLeaks estudiamos todo el material diplomático sobre América Latina (son 32 mil despachos), deteniéndonos en la relación conflictiva entre medios y gobiernos en casi todos los países de la región. Comprobamos la existencia de información valiosa sobre pactos, acuerdos de convivencia, lobby y acciones non sanctas que ayudan a comprender con cabalidad el marco del conflicto de varios Ejecutivos con las elites mediáticas de los respectivos países, y a su vez, permiten comprender matices y diferencias en el mapa latinoamericano.

El caso de Chile marca un contraste con la situación registrada en Venezuela, Bolivia o Ecuador y es, al mismo tiempo, muy revelador:

“Los medios en Chile son competitivos, modernos y libres pero no muy inclinados a la confrontación ni al periodismo de investigación. (…) Son numerosos en Chile. Sólo en Santiago, hay seis canales de televisión y ocho diarios. Entre los diarios nacionales, dos cabeceras son dominantes. La más antigua, encabezada por El Mercurio, sigue siendo la más prestigiosa, pero su rival La Tercera, buque insignia del grupo Copesa, le muerde los talones en términos de lectorado. En la batalla por el primer lugar, los medios chilenos han modernizado constantemente sus equipos y capacidad de impresión, y están inmersos en la revolución tecnológica. Para los estándares internacionales, la mayoría de los medios tiene una orientación conservadora. Hay una cantidad de importantes diarios regionales y canales de televisión, pero la radio sigue siendo el medio preferido para gran parte de la población rural. La riqueza de los medios en Chile los ha hecho muy competitivos”.

Así describía al sistema de medios de Chile la Embajada de Estados Unidos el 9 de marzo de 2006, a dos días de la asunción de Michelle Bachelet en La Moneda. Entonces era embajador Craig Kelly, quien en su descripción eludió toda mención al grado inédito de concentración de la propiedad que tiene ese sistema.

Al observar la estructura de propiedad de los medios en Chile, el análisis precedente se corresponde poco con la realidad, contrasta con una descripción más rigurosa por parte de las Embajadas sobre los sistemas de medios en otros países de la región, y se muestra desprovisto de intención crítica. Lo que es un elemento crucial y negativo de la trama hiperconcentrada de empresas periodísticas chilenas, en el reporte es referido como una virtud. El texto de la Embajada revelado por WikiLeaks habla de competitividad y libertad, pero la prensa gráfica chilena es la más concentrada de los países medianos y grandes de Latinoamérica, y la homogeneidad ideológica impermeable a lo diferente se extiende, en forma algo menos acentuada, a la televisión.

El Mercurio y La Tercera comparten no sólo ideología, vínculos políticos y el haber sido soportes del pinochetismo. Las finanzas de ambos fueron resucitadas por la dictadura a mediados de los ochenta (1). Incluso El Mercurio, como documenta la investigación publicada como “El diario de Agustín: cinco estudios de casos sobre El Mercurio y los derechos humanos (1973-1990)” (2), recibió durante el gobierno democrático de Salvador Allende dinero de la CIA para conspirar contra el ex mandatario socialista. Además, la crisis de la “plata dulce” provocada a comienzos de esa década por el fracaso de la primera camada de los Chicago boys, encabezados por Sergio de Castro –un nombre clave para el mercado periodístico-, había dejado a ambas empresas en situación de quiebra.

Lejos de ser “competitivo y moderno”, el sistema de medios de Chile revela un intenso cruce con la actividad política y un nivel de concentración que se registra tanto en el duopolio de la prensa (El Mercurio y La Tercera), como en los medios audiovisuales. Tal y como sucede con el financiamiento del sistema educativo que ha hecho crisis en los últimos años, también los medios acusan un vínculo orgánico con negocios como bancos, administradoras de fondos de pensión (AFP), explotaciones rurales, supermercados, grandes tiendas, inmobiliarias, salud y educación universitaria. Ha sido común que ex funcionarios de Pinochet o dirigentes de los partidos derechistas Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente pasaran por los directorios u ocuparan responsabilidades en negocios de ambos conglomerados. Hombres de la Democracia Cristiana, el partido centrista de la Concertación, también encontraron alguna silla en directorios mediáticos.

Un ejemplo emblemático del cruce de intereses es el de Sergio de Castro, hombre de máxima confianza de Agustín Edwards y ministro de Hacienda (1977-1982) de Pinochet, quien, antes de la victoria de la Concertación, fue designado por el dueño de El Mercurio para negociar la deuda con el Banco del Estado, y casi al mismo tiempo quedó, por un breve plazo, como uno de los socios de Saieh en Copesa, al comprarle el remanente de acciones a los hermanos radicales Picó Cañas. Saieh también compartió con De Castro la propiedad de la AFP Provida, y con el actual presidente, Sebastián Piñera, la Clínica Las Condes (3). Fue así como el duopolio de la prensa gráfica chilena encontró a la democracia con más calma en sus balances y con dueños a todas luces afines a los partidos de derecha.

La estructura de la televisión abierta registró cambios sustanciales, menos concentrada en la propiedad pero igualmente pareja en el plano ideológico, con la salvedad no menor del papel que cumple el canal estatal TVN y su filial 24 Horas en el cable. Y en el mercado radial, la estructura de propiedad, además de estar concentrada, está crecientemente extranjerizada, a niveles que las propias autoridades administrativas del Estado, como señaló María Pía Matta en El Mostrador, encuentran dificultades porque grupos como PRISA resisten participar de los ordenamientos del espectro radioeléctrico.

En este contexto, el sector descrito como libre, competitivo y moderno por la Embajada revela sus límites en un material documental que permite profundizar la mirada sobre el sistema de medios en Chile.

(1) Monckeberg, María Olivia (2009). Los magnates de la prensa. Debate, Santiago.

(2) Claudia Lagos (ed.) (2009). El diario de Agustín: cinco estudios de casos sobre El Mercurio y los derechos humanos (1973 – 1990). Lom, Santiago.

(3) Monckeberg, op.cit., página 149. Piñera también compartiría negocios con Edwards.

* Martín Becerra y Sebastián Lacunza son autores del libro Wiki Media Leaks: La relación entre medios y gobiernos de América Latina bajo el prisma de WikiLeaks, Ediciones B, Buenos Aires, 2012 (disponible en formato ebook en http://www.bajalibros.com)

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04 de Septiembre

Pasa harto porque los periodistas tienen una formación muy básica. Es más, su carrera no debiese existir, bastaría con que fuera un postgrado (MG) para cualquier profesional de otra área, así tendríamos periodistas con contenido y por ende tendrían de qué hablar y lo harían con mucho más profesionalismo, porque insisto, lo que estudian es la forma, cómo decir algo, pero cuando no se tiene nada que decir…. paf! nace la farándula.

04 de Septiembre

lo primero que a algunos nos deja a dudas es lo de “la filtración de los 252 mil documentos diplomáticos de EEUU”. Simplemente porque algunos sí hacemos el ejercicio de investigar, y lo que WikiLeaks presenta es mucho menos relevante que lo que cuenta Red Voltaire por ejemplo. De hecho, en el proceso de redactar mi tesis doctoral, encontre que Thierry Meyssan es mucho mas acertado en sus analisis, mejor informado y corre mucho mas riesgo que Assange.

A mi Assange no se por que me huele a fake. Algo no me cuadra con lo que se dice “filtracion”, no me cuadra con el circo que se esta montando, ni me cuadra porque lo que ha puesto como informacion no es para nada algo tan explosivo. Hasta la pagina del FOIA ha puesto cosas mas fuertes.

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