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¿La Nación Imposible?

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Más allá de las buenas intenciones de periodistas, directorio y postulantes, es muy complejo para La Nación lograr niveles de independencia razonables y alejarse de la influencia del poder central. Puede intentar muchas fórmulas, pero su sello seguirá siendo ser un diario de Gobierno. Y si es un diario del Gobierno, es indudable que quienes se sientan parte de él, a metros o kilómetros, tendrán la sensación de que pueden influir en sus contenidos, reclamarlos o simplemente quejarse.

La Nación existe sólo porque es viable económicamente a través de otros negocios, era el premio de consuelo de la Concertación luego de perder los medios que nacieron en busca de alimentar esa “sensibilidad” y todavía guarda recuerdos de momentos en que hubo intentos de independencia (La Nación Domingo). Pero más allá de eso, nunca logró sostener por un tiempo razonable niveles de credibilidad suficientes que abrieran la puerta a un proyecto real. Tanto que durante algunos periodos de la Concertación, senadores de derecha influían tanto en los destinos de La Nación como la misma gente de Gobierno. Eso sólo pasa cuando el diario no importa, ni siquiera como instrumento.

Al interior del gobierno de Piñera persisten las dudas sobre cerrar La Nación o no. Y pensaron en crear un proyecto, como lo dijo Mirco Makari, que se alejara de la política contingente. Que buscara a ese público algo abandonado por los diarios nacionales que hoy dominan el mercado. Un proyecto así probablemente puede levantar cabeza, pero no es suficiente. Los diarios son influencia, son elite, necesitan marcar agenda…es la materia prima que los mantiene vivos. Pueden tener farándula, policial y deporte, pero es la política y la economía lo que les da vida y razón de ser.

La viabilidad del diario es compleja, casi imposible. No existe en el mundo (al menos, hasta donde alcanzo a ver) un gobierno con un diario en su poder. Probablemente un gobierno corporativo -a lo TVN- junto con una administración audaz y un proyecto moderno, permitirían limpiar algo la imagen de un diario que hace pocos días volvió a convertirse en tema público: por sus penurias y no por sus logros.

Parece un hecho que el Gobierno de Sebastián Peñera no quiere cerrar La Nación. Si suponemos que no es por llevarle la contra al senador Allamand, el desafío no está en sacar al diario del circuito y convertirla en un medio correcto, pero sin lectores ni influencia. Está en alejarlo lo más posible de La Moneda. El “cómo”…ese es el desafío.

*El autor de esta nota fue sondeado para dirigir La Nación y la rechazó.

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Foto: Bansky en Caracas – Álvaro Rafael

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29 de Abril

Estimado Andrés: Yo creo que debiste haber aceptado la dirección, poniendo ciertas condiciones. Ahora, el tema de la distancia de La Moneda es discutible; necesario, pero insuficiente. Como lo he planteado en otras ocasiones, nunca me sentí como director de La Nación acosado por el Gobierno. Me sentí más bien abandonado, pero no agobiado por sus presiones.
El punto es que se necesita un modelo de medio de comunicación público que es algo más complejo que para un canal de televisión. La prensa es la formadora de la opinión política. Es el espacio provilegiado para la reflexión. Entonces, tiene que existir en primer lugar un consenso sobre la legitimidad del medio. Yo me reuní con los presidentes de los mayores gremiios empresariales y centrales sindicales, le pedí por escrito a todos los partidos que aprovecharan ese espacio. Hubo un Consejo Editorial que primero fue con integrantes de Gobierno y Oposición, etc. Pero la Alianza lo que quería entonces era la muerte de La nación. Yo creo que está en la esencia del pensamiento político del actual Gobierno terminar con un diario público. Sólo el debate abierto salvará a La Nación. Ojalá en el Congreso. A mí me parece razonable que su línea editorial refleje hoy un pensamiento de derecha: eso es lo que pidieron los chilenos en las elecciones, así que ese sesgo es legítimo. Eso es mucho mejor que un medio que juegue a ser anodino, porque eso sí que es la muerte lenta.
Saludos.

29 de Abril

Creo que Marcelo Castillo se equivoca en plantear que la ciudadanía quiere un sesgo de derecha para La Nación. De verdad, creo que no le importa La Nacion.

Pero si tuviéramos que leer los resultados de la elección en función de La Nación, de seguro podríamos decir que quisieran algo distinto, con debate, fiscalización y mayor participación. Tenemos que recordar que la derecha sacó el 44% de los votos y ganó en segunda vuelta gracias a votantes insatisfechos con la Concertación, pero no necesariamente de derecha.

Es cierto que el modelo de TVN no es necesariamente el mismo para un periódico público, pero es innegable que la sobrevivencia de La Nación pasa por avanzar en esa línea.

El debate recién comienza.

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