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Red de Parques de la Patagonia: De ideología y participación

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Recurriendo, una vez más, a la discutible disyuntiva entre conservación y trabajo, los alcaldes de Chile Chico Ricardo Ibarra y Cochrane Patricio Ulloa, además del diputado David Sandoval, cuestionaron durante los días previos la ya constituida Red de Parques de la Patagonia Chilena. La ceremonia central se desarrolló este lunes en el Parque Patagonia, que unió en una sola área silvestre protegida las reservas nacionales Jeinimeni y Tamango, más la ex Estancia Valle Chacabuco.

La Red de Parques de la Patagonia Chilena se concreta gracias a la donación de la fundación Tompkins Conservation, ligada al fallecido Douglas Tompkins y su esposa Kristine McDivitt: 408 mil hectáreas de excepcionales territorios emplazados en las regiones de Palena, Aysén y Magallanes. Territorios hasta hace poco condenados a convertirse en simples recursos del modelo de desarrollo vigente, de la mano de grandes iniciativas hidroeléctricas, mineras, forestales y de cuanta industria extractiva aún mira con hambre este alejado reservorio de bio y geodiversidad.

Se conectan así 17 parques nacionales, en una ruta de 2.800 kilómetros vinculada a 37 localidades del sur y austral de Chile. Un trayecto único en el mundo, motivo de orgullo regional, nacional y global. Un total de 4,5 millones de hectáreas de pura responsabilidad ecosistémica.


Ese es, en el fondo, parte del debate. Que es de tipo ideológico, no necesariamente partidista de izquierdas y derechas, sino de visiones de sociedad, del tipo de sociedad que queremos para Aysén. Ponerlo en la mesa, al menos, es lo que pedimos también en esta discusión regional.

Es de esperar que, con esta decisión, atrás hayan quedado los mitos que muchos de quienes aún se oponen a la conservación de la naturaleza difundieran en los años previos: que los terrenos nunca se donarían al Estado ni pasarían a ser patrimonio de chilenos y chilenas, que el interés último era apropiarse del agua, que se pretendía instalar un segundo Israel acorde a los designios del Plan Andinia. Ya no se escucha tal. Pero han aparecido otros argumentos. Al parecer, para quienes ideológicamente creen que los territorios protegidos por su excepcionalidad ecosistémica son zonas desaprovechadas, todo vale.

Ahora, cuando al entregarse efectivamente estas tierras al Fisco tales creativas teorías fueron desechadas, aluden insistentemente a la falta de participación.

Ya hace tres meses me refería al mismo punto: “Pero también tenemos la incorrecta implementación, que da para pensar que con las torpezas que se cometen se quisieran dar motivos para que lo trazado no resulte. A estas alturas se puede pensar cualquier cosa. Con la falta de información y la no incorporación de las comunidades a la construcción del proceso se logra que quienes tienen visiones distintas y motivos diversos, se unan en el cuestionamiento” decía en octubre pasado.

Pero aún así y sin desmerecer el punto de quienes efectivamente aspiran a una mayor información pública, es bastante paradójico que Sandoval y Ulloa hablen de ausencia de involucramiento en circunstancias que años atrás recorrían los territorios apoyando HidroAysén, en tiempos de un Sebastián Piñera que, reconozcámoslo, no era muy dado a escuchar la voz de la ciudadanía e intentaba imponer un modelo de desarrollo extractivista a la región. Más aún Ulloa, que este domingo en El Mercurio señaló que “construyeron un monstruo en Aysén para traspasarlo al Estado y nunca nos preguntaron qué tipo de desarrollo queríamos”. En circunstancias que hacía verdaderas relaciones públicas al mega proyecto de represas, en alianza con HidroAysén, esperando la instalación de unos 7 mil trabajadores y la destrucción de la cuenca del Baker e impactando la tradición y cultura local, ¿le preguntó Ulloa a alguien si estaba de acuerdo? ¿Lo hizo David Sandoval? ¿Se preocuparon por las miles de hectáreas de tierras productivas a inundar por las centrales hidroeléctricas?

En el caso de Ibarra, interesante saber por sus palabras que la minería ha tenido en su mira el área silvestre protegida reserva nacional Jeinimeni. Claro que uno ya lo presentía: nada ha dicho por lo que Cerro Bayo hace hoy en el sitio prioritario para la conservación de la biodiversidad Estepas Jeinimeni-Lagunas de Bahía Jara.

Recurriendo al concepto de la tradición minera, expresa que no debiera haber cambios en el modelo productivo de Aysén ni de Chile Chico. Interesante y convincente argumento. Pero si fuera solo por ello, no se habría terminado nunca la esclavitud ni evolucionado las sociedades a sistemas productivos más armónicos con la naturaleza y el futuro de las comunidades locales. La edad de piedra, como dicen, no terminó porque desaparecieron las rocas. Derrotero que están siguiendo el carbón y el petróleo. Al parecer, la ética de la producción sustentable no es su fuerte.

Los impactos de la minería a gran escala han sido demostrados a nivel nacional e internacional, y es momento de avanzar en ver oportunidades de reconversión productiva a actividades coherentes con territorios cuya rica biodiversidad ha sido abundantemente reconocida y que es nuestra responsabilidad. Ese es el camino que uno esperaría de una autoridad municipal, no optar por seguir teniendo patrón del pueblo, que es en lo que se convierten las comunidades altamente dependientes de monoempleadores.

Por cierto que en la discusión sobre el modelo de desarrollo estamos todos quienes vivimos en Aysén involucrados. Y desde un inicio existen quienes no han creído en la protección ambiental. Ahí están los proyectos Alumysa, la salmonicultura, las represas de HidroAysén y Energía Austral, la minería de El Toqui y Cerro Bayo. Mirada que no cree en la economía local diversificada, comunitaria, porque es más fácil ese tipo de sectores productivos de alta rentabilidad económica a corto plazo pero insustentables en el mediano y largo. Por lo demás, si queremos hablar de retorno azules el turismo de naturaleza y cultura de tiempo de tiempo que hace un aporte relevante en Aysén.

A muchos nos gustaría saber si el alcalde de Chile Chico le ha preguntado a su comunidad qué piensa de los agrotóxicos que se utilizan en la producción de cerezas o de los impactos ecosistémicos y sociales de la minería.

Ese es, en el fondo, parte del debate. Que es de tipo ideológico, no necesariamente partidista de izquierdas y derechas, sino de visiones de sociedad, del tipo de sociedad que queremos para Aysén. Ponerlo en la mesa, al menos, es lo que pedimos también en esta discusión regional.

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