#Medio Ambiente

Proyecto Hidroaysén: Lo que no se debe hacer en RSE

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El 9 de mayo se escribió una página más en la crónica de una decisión negociada en los pasillos de la avaricia y los salones de palacio (la RAE define avaricia como avidez de riqueza, luego, no es mi ánimo ofender con esta fría palabra). Es que no podemos llamar de otra manera a una decisión económica de corto plazo -del costo y la oportunidad a lo Manolito-, como lo es proyectar megarepresas que alterarán el ecosistema en la Patagonia Reserva de Vida y, desde ahí, transportar la electricidad en un tendido áereo de más de dos mil km, con una pérdida energética mayor. Decisión, además, socialmente innecesaria, pues hay otras opciones socio-ambientales para satisfacer con mirada y tecnología de futuro nuestras necesidades de energía.

La decisión ha ido contracorriente de la opinión de expertos y académicos informados en el tema (ver). La decisión da la espalda a un mundo que quiere dejar atrás el paradigma de la generación de energía monopólica y centralizada –que es ineficiente y ambientalmente destructiva- y transitar al modelo de la generación multipunto y distribuida. La decisión, con soberbia, ha hecho caso omiso a la mayoría de los chilenos que no queremos el proyecto (así lo dicen todas las encuestas). Y también, digan lo que digan los argumentos de palacio, la decisión ha manipulado nuestra feble institucionalidad ambiental.

 

 

En fin, mi ánimo no es abundar los ríos de tinta y de bits que se han escrito y con argumentos que dan cuenta de la la ceguera cognitiva y emocional en una decisión tomada desde la unilateral avaricia. Tampoco mi ánimo es cabizbajo. El proyecto seguirá siendo impugnado nacional e internacionalmente. Lo del 9 de mayo es solo un paso. A la larga, esperamos, primará la cordura.

 

En ese tono, quiero postular al proyecto Hidroaysen al anti Premio Natre de Responsabilidad Social Empresarial o mejor dicho a denunciarle como una expresión de la Irresponsabilidad Social Empresarial en acción. Por ello, sugiero e invito a ONGs y consultoras observadoras de la RS en Chile, a pensar con seriedad en tal  premio.

Pese a que sé de sus brechas en el país, soy de los que observan con buenos ojos a la Responsabilidad Social Empresarial (RS). La RS es la manera histórica como el concepto sustentabilidad se ha venido operativizando en las empresas. La sustentabilidad es un emergente cultural e histórico fundamental en las últimas décadas; es una expresión central del nuevo paradigma social ecológico y del cambio de época histórica.

La RAE define lo sustentable como aquello que se puede sustentar y a sustentar como el acto de conservar algo en su ser o estado. Y define lo sostenible como un proceso que puede mantenerse a si mismo. De estas definiciones, quedémonos con dos ideas que están en la base de ambos conceptos: conservar algo en su ser o estado, por un lado, y el proceso autorreproducible, por otro. Es decir, para que un proceso-sistema se auto-reproduzca, este debe conservar algo.  

Recién en la década de los sesenta empezamos a tomar conciencia colectiva de la pérdida de biodiversidad, la destrucción de la capa de ozono y las primeras proyecciones del cambio climático. La sustentabilidad, como idea y valor, fue una respuesta a lo que veníamos haciendo como sociedad moderna. Enceguecidos por el crecimiento económico y demográfico ilimitado, más el “progreso” material y tecnológico, arribamos a un punto en que potencialmente podríamos clausurar las oportunidades de las generaciones venideras, además, de autodañarnos en el presente. ¿Por qué habíamos llegamos a ese punto? Por no conservar lo que debíamos conservar para que el sistema se autoreprodujera. Ese es el desafío de la sustentabilidad: hacer coherentes nuestras actividades económicas con la naturaleza, cosa de sustentar-conservar  las mismas, y así permitir la autoreproducción del sistema y la continuidad intergeneracional. Esto es, no pertubar de manera destructiva el acoplamiento estructural cultura-naturaleza, con la eventualidad incluso que se destruya la organización-sistema cultura. De ahí en más, intentamos hacernos cargo de tamaño desafío.

A poco andar, en los noventa, en la co-deriva entre sociedad y organizaciones, la sustentabilidad arribó a las empresas como una perturbación con nombre y apellido: Responsabilidad Social. Sobre la base de ésa comprensión histórica, afirmo que la sustentabilidad empuja a las empresas a una respuesta adaptativa. La RS cambia las conversaciones en las organizaciones. El norte es la búsqueda del equilibrio del Triple Balance o Triangulo de la sustentabilidad: 1) la rentabilidad, 2) la responsabilidad ambiental y 3) la responsabilidad social con los actores internos y externos.

El modelo de gestión de RS es un paso adelante que activa en las empresas un proceso de auto-transformación que importa observar e incentivar. El Global Compact (1999), la Carta de la Tierra (2000), el Libro Verde de la Unión Europeo (2001) y la norma ISO 26.000, consensuada por representantes de 99 países (2010), son todos documentos que valoran el proceso e incentivan el dialogo social tripartito: empresas, sociedad civil, gobiernos.

Reitero, aunque sé de las críticas a la inconsistencia en la práctica de la RS entre algunos empresarios, observo el proceso como parte del complejo devenir histórico hacia la sustentabilidad. Es que es positivo que hoy las empresas, vía las regulaciones y la RS, deban activar una sensibilidad ambiental y social a priori en sus proyectos, so riesgo del fracaso de los mismos, lo que ayuda a minimizar, aunque sea un poco, las externalidades socio-ambientales. Además, la RS incide en el cambio de conciencia entre no pocos actores antes inmunes a estos temas. De hecho, en Chile hay empresas que aspiran a una conducta seria en su aplicación.

He propuesto entonces el premio Natre en RSE al proyecto Hidroaysen, porque en rigor expresa todo aquello que la RS cuestiona por antiguo e insustentable. Y esto, lo de antiguo e insustentable, lo han dicho y escrito empresarios y destacados líderes políticos globales. Veamos.

En 1999, en el Foro Económico Mundial de Davos, Kofi Annan, entonces Secretario General de las Naciones Unidas, vía el Global Compact proponía nuevos principios orientadores para las empresas y su relación con la sociedad. Entre ellos, apoyar un criterio de precaución respecto de los problemas ambientales, promover una mayor responsabilidad ambiental y fomentar el desarrollo y la difusión de tecnologías ecológicamente racionales. En palabras de Annan: “un civismo empresarial responsable.”

Es claro que el proyecto Hidroaysen no ha actuado con cautela, pues soslayó el criterio de precaución ante el potencial daño ambiental de las megarepresas y un tendido electrico técnicamente irracional. Luego no es ambientalmente responsable. Además, si se construye, inhibirá el desarrollo de otras tecnologías ecológicamente racionales.

En el libro Verde de la Unión Europea se explícita que la RS responde a las nuevas inquietudes y expectativas de los ciudadanos, consumidores, poderes públicos e inversores en el contexto de la globalización y de la crisis ambiental planetaria. El libro destaca que la RS es sostenible, pues la empresa debe generar valor social, económico y medio ambiental (el triple balance).

Hidroaysen, sin embargo, ha negado el triple balance. Solo ha considerado el tradicional y unilateral criterio del lucro en el corto plazo, sin considerar el valor social y ambiental en el largo plazo que hoy las empresas, por la continuidad intergeneracional, están llamadas a considerar.

El empresario suizo Stephen Schmidheiny, actor pionero a nivel planetario de la RS, acuñó la frase que hoy gustan de repetir muchos empresarios que aspiran a ser sensibles ante los desafíos de la sustentabilidad: “no son posibles empresas exitosas en sociedades fracasadas”. Y cuando la mayoría ciudadana de una sociedad no quiere un proyecto por considerarlo insustentable, que este igual se apruebe, podría considerarse un fracaso de esa sociedad.

El Libro Verde y la ISO 26.000 en RS hacen un explícito llamado a la sociedad civil, a la ciudadanía, a ser actores en la fiscalización del cumplimiento de la RS. Es lo que están haciendo los ciudadanos de Chile y la comunidad internacional que sabe también del valor de una Patagonia reserva de vida.

 

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Foto: Mbilbao / Licencia CC

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