#Medio Ambiente

Por una ciudad inteligente con ciudadanos inteligentes

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En la publicación española Investigación y Ciencia de Octubre/2017 aparecieron un par de artículos titulados Urbanismo sostenible de William Mc Donough y “Aprovechar la Basura” de Michael E. Webber que explicaban hacia donde deben ir las ciudades para mejorar la vida de sus habitantes y la salud del planeta. El mecanismo sería gestionando de forma adecuada los recursos energéticos, hídricos, alimentarios y minerales. El motivo de ambos artículos es que de aquí al año 2030 serán habitadas por 5.000 millones de personas y en la actualidad producen el 70% de las emisiones globales de CO2 y de no ponerle freno, nos puede llevar a una Tierra devastada por la acumulación incontrolada de basura tal como muestra la película infantil Wall-E.

Debemos saber que el ambiente natural carece de desechos, todo se aprovecha siguiendo tres principios claves: equiparar residuos con alimentos, aprovechar al máximo la energía solar y la diversidad biológica. Así, cada organismo contribuye a la salud del conjunto, los desechos de unos son los alimentos de otros y los nutrientes fluyen en ciclos regenerativos: nacimiento, descomposición y renacimiento.


La ciudad debe ser planificada según un flujo circular al igual que la naturaleza: tomar, hacer, usar, retomar, rehacer, reponer.

Es decir, la naturaleza funciona en ciclos “circulares a diferencia de la ciudad que lo hace erróneamente en un ciclo “lineal de tomar, hacer, usar y tirar. Convirtiéndolas en fábricas de basura. Hay ciertos elementos que son reciclados, como madera, papel, metal y algunos plásticos, pero la gran mayoría va directo al vertedero o al incinerador, desperdiciando energía, CO2, alimentos, agua, espacio y tiempo.

Esta forma de accionar hay que cambiarla, partiendo con ver a la ciudad como un organismo vivo y la basura como un recurso a ser explotado y no como un gasto. Que los residuos de un proceso sean la materia prima de otros.

La ciudad debe ser planificada según un flujo circular al igual que la naturaleza: tomar, hacer, usar, retomar, rehacer, reponer. En este tipo de ciudad los desechos se convierten en recurso. Una ciudad circular diseña materiales pensando en su próximo uso, no en su caducidad. Por ejemplo, las nuevas técnicas permiten procesar de forma rentable los microcircuitos de los teléfonos móviles, de modo que todos los metales preciosos y minerales de tierras raras se recuperen y sean reutilizados en nuevos productos electrónicos. Las aguas residuales pueden ser explotadas para extraer fosfatos que servirían de abono para parques y huertos dispuestos en las azoteas y bosques que rodean la ciudad. Es decir, podemos imaginar alimentos y materiales producidos en el entorno rural circundante a partir de herramientas y tecnología creada en la ciudad, actuando todo en un ciclo circular y regenerativo donde los residuos de la ciudad son materia prima en el entorno rural que a su vez da productos a la ciudad..

Otro principio fundamental de este tipo de ciudades es que todo está impulsado por el Sol, nuestra única fuente perpetua de energía. Los edificios pueden explotar la radiación solar, convertirla directamente en energía y utilizarla como fuente de calor y luz natural. Transformar las azoteas de algunos edificios, como colegios y hospitales en lugares para cultivar alimentos. Tener dentro de la ciudad fábricas limpias que conviertan el plástico en monómeros para su reutilización, etc. La ciudad debe ser diseñada de tal forma que permita que sus habitantes tengan sus lugares de trabajo cerca de donde viven, para que puedan ir caminando o en bicicleta.

Hay que ir a ciudades inteligentes y para ello debemos tener ciudadanos inteligentes comprometidos con el proceso y que tengan incorporados en sus hábitos de vida el reciclar. Los principales gestores de estos cambios son los Alcaldes, ellos pueden actuar mucho más rápido y eficientemente que los gobiernos centrales. Modificando los códigos de construcción, invirtiendo en eficiencia energética, comprometerse en reducir las emisiones de CO2, etc.

Será un desafío difícil y complejo el convertir una ciudad derrochadora en una ciudad inteligente con ciudadanos inteligentes. Pero no es algo imposible y podemos diseñar ciudades apuntando a los ciclos que sigue la naturaleza, es decir, aprovechar  al máximo la luz solar y reutilizar los desechos como nuevos recursos. Existen infraestructuras basadas en estos principios. Dos ejemplos son el Park 20|20, en Holanda, y el centro de investigación Sustainability Base, en California. Y también pueden ser aplicados a ciudades enteras. Un ejemplo prominente es la ciudad de Curitiba, en Brasil, la cual recicla el 70% de sus desechos, y de su población el 85% utiliza el transporte público y el 90% recicla. Es decir, estas ciudades no son una utopía y los derechos de la humanidad pueden coexistir y armonizar con los derechos de la naturaleza.

TAGS: #Ciudades Inteligentes #RecursosEnergéticos

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