#Medio Ambiente

Ley de la Jibia

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Por esos canales insondables y misteriosos, llegó a mi correo el siguiente mensaje que tengo a bien transmitir a su tribuna. Aunque en estos tiempos de la posverdad y de las noticias falsas  (o fake-news para los siúticos), no puedo asegurar un 100% de autenticidad del mensaje, ni la calidad moral de su autor, creí conveniente compartirlo para que sus ilustres lectores se formen su propio juicio.

Atentamente,

Marcelo Saavedra Pérez, Biólogo.

“A quien corresponda,

Me dicen “el Jibia” pero mi nombre real es Dosidiscus y Gigas, mi apellido. Aunque mi parentela se distribuye principalmente en el Océano Pacífico, personalmente me siento a gusto recorriendo las zonas costeras entre Canadá y Chile. Por eso me ha llamado la atención la toletole que se ha armado con esto de la ley que regula las artes de pesca con que los chilenos pretenden capturarnos a mis parientes y a mí. La vida en el océano no es fácil, ya que paso la mayor parte del día buscando qué comer y evitando terminar en el estómago de otro. Me gustan las costas de Chile, ya que posee


Creía que restringir el arte de pesca al método de línea y anzuelo individual, permitiría emparejar un poco la cancha acuática donde jugamos todos los días tanto pescadores como nosotros

atributos productivos que ayudan a la proliferación de una variedad de peces que son una delicatesse en cualquier mesa. Desgraciadamente, tanto peces como toda mi parentela hemos estado sometidos desde hace años a las acciones de captura de la industria pesquera chilena a gran escala. Han sido tan brutales, desregulados y eficientes los esfuerzos de captura de la industria, que la cantidad de parientes con los que me cruzo de vez en cuando, cada vez son menos.

Por eso, creía que restringir el arte de pesca al método de línea y anzuelo individual, permitiría emparejar un poco la cancha acuática donde jugamos todos los días tanto pescadores como nosotros. Pero como las políticas públicas que se desarrollan desde la playa hacia tierra adentro allá en Chile, obedecen más a resultados de encuestas, prejuicios y tufos astrológicos que a datos científicos duros y empíricos; las medidas que adopta el Gobierno de turno son como las carabinas de Ambrosio. Así es que no me extrañó nada que el Gobierno que dirige este caballero, el del marepoto, adoptara una medida que no es “ni chicha ni limoná”, como le escuché gritar a un pescador la otra vez. Está bien que paren con la tontera de la pesca de arrastre, pero no se puede estar bien con dios y el diablo al mismo tiempo, así que eso de autorizar la pesca de cerco para intentar cazarnos; es algo parecido a las nulidades matrimoniales o las triquiñuelas tributarias para evadir impuestos o a la prohibición de entregar bolsas plásticas en almacenes y supermercados. O sea, son esas leyes con las que se llenan la boca muchos legisladores chilenos de cartón, pero que tienen tanta letra chica que al final resultan inútiles y contraproducentes respecto del objeto que pretenden regular.

Si no se restringe clara e inequívocamente el arte de pesca con que los chilenos nos cazarán en el futuro, el día en que, tanto a mí como a alguno de mis parientes, nos metan adentro de una lata o nos preparen al pilpil o nos metan dentro de una empanada y nos hagan pasar como locos, cada chileno o chilena va tener que desembolsar un montón de lucas para degustarnos. Al igual que en el océano, los chilenos se han armado una sociedad brutal, donde el más grande siempre se come al más chico. Triste panorama para seres humanos que teóricamente son más inteligentes que nosotros.

Atentamente, Dosidiscus Gigas

TAGS: #Jibia #PescaIndustrial

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Comentarios

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19 de Enero

Es claro entonces que la sufrida Jibia debiera nadar libre y feliz por este océano que tenemos al frente y que presumimos de “nuestro”, y que por lo menos por aquí encuentren paz y tranquilidad, y que esos artesanales y sus contrapartes, los que laboran en las empresas se vayan para la casa y hagan otra cosa, ya esta bueno de depredar el mar frente a estas costas, al menos dejen de sacar toneladas y toneladas y toneladas y toneladas de estos seres, sería bueno que se dediquen a otra cosa como cultivar rabanitos, pero parece que les carga “cultivar” , prefieren extraer lo que no sembraron, como los mineros hasta que se acaba todo, porque cultivar implica ser paciente, ser constante, ser tolerante con el clima y las plagas, ser resiliente.

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