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La trampa del voto voluntario

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La discusión en torno al voto voluntario se ha vuelto pan de cada día en la discusión política de nuestro país. Cada persona mantiene una posición política al respecto y seguramente este tema cada vez que se toca en una tertulia, se hace a raíz del sistema electoral chileno.

El 18 de marzo de 2009 ingresó al Senado el proyecto de ley que regula el sufragio voluntario y el voto de los chilenos en el extranjero. En lo medular, el proyecto señala la voluntariedad del voto y que los ciudadanos de manera automática y por el solo ministerio de la ley integren los registros electorales sin necesidad de concurrir a inscribirse por sí mismo.

Lo que en apariencia parece ser una defensa cerrada de nuestros legisladores por el bien jurídico y el valor de la libertad, esconde una trampa que puede tener nefastas consecuencias para el sistema democrático. En la presente entrada haremos una argumentación a favor de la obligatoriedad del voto.

Con el advenimiento del plebiscito de 1988, el régimen militar, en una estrategia política concebida para perpetuarse en el poder y ganar las elecciones, ordena la creación de registros electorales. Allí quienes deseaban ejercer el derecho de sufragio debían inscribirse. Una vez realizado el trámite eran aptos para votar y se imponía la obligatoriedad del voto. ¿En qué beneficiaba esto al régimen militar? Estos partían del supuesto que sus simpatizantes se inscribirían de inmediato, en tanto, que los de la franja color arcoíris debían hacer una campaña para movilizar y motivar a sus simpatizantes a hacer lo mismo. Estaba bien planeado, pero sus cálculos fallaron.

Ahora bien, un lugar común de argumentación a favor del voto voluntario es cuando decimos que el voto es un derecho y no debe ser concebido como un deber. Y qué bien suena en una sociedad que exacerba los derechos por sobre los deberes. Desde esta lógica es posible cuestionar la perspectiva del voto como un deber, entonces también es posible hacerlo sobre otras cargas civiles, como el servicio militar que los jóvenes deben hacer de forma o el pago de las contribuciones. Alguien me dirá que las contribuciones tienen un fin práctico y necesario, quien diga eso subestima el valor democracia y el voto como herramienta esencial e indispensable de la misma. Quien insiste que el voto debe ser voluntario porque es un derecho y no un deber, no se hace cargo de las consecuencias negativas de esta percepción.

Chile es un país cuya participación política ha ido en notable baja. Hay cerca de 4 millones de chilenos que, teniendo la edad suficiente para sufragar, no lo han hecho y no están inscritos en los registros electorales. Nada hace pensar que la omisión de un trámite fomente la participación, en un país donde la confianza en las instituciones se ha perdido y la confianza interpersonal es una de las más bajas del mundo occidental. Los 40 mil nuevos inscritos en el año 2011 se deben a la contingencia estudiantil.

Por otra parte aquí ocurre una peligrosa distorsión: la desigualdad política. El voto voluntario es viable entre individuos con buena educación y con alto interés en el quehacer político. En otras palabras, entre los sectores con más dinero. Contrario sensu, podemos decir que desincentiva la participación entre los sectores más vulnerables, que no tienen interés en la política y –cómo no –en los más jóvenes.

Es pertinente señalar también, que el voto voluntario favorece al candidato que tiene más dinero. ¿Por qué? Porque aquel candidato que tiene más dinero para hacer campaña, tiene más posibilidades de convencer al elector de que concurra y vote por él, no así aquel candidato que no cuenta con los recursos para generar un alto impacto en la población electora. Ello hace más fuerte la dependencia y subordinación de la política al dinero. ¡Y si no me cree, vea a quién tenemos como Presidente!

La experiencia internacional nos indica que el fin del voto obligatorio ha traído efectos negativos en la participación política. En Venezuela se aplica y del 82% de participación en 1988 cae estrepitosamente a un 52% en 1998.

En suma, queremos instar a analizar de manera más crítica la moción parlamentaria que por estos días se discute de cara a las elecciones municipales de 2012 sobre el voto voluntario, como un alternativa al sistema electoral y queremos reafirmar que Chile necesita incentivar la participación política e igualar no solo en las aulas sino también en las urnas.

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13 de octubre

“Quien insiste que el voto debe ser voluntario porque es un derecho y no un deber, no se hace cargo de las consecuencias negativas de esta percepción”.

¿Cuáles son las consecuencias negativas?

Veamos los argumentos a favor del voto obligatorio
1° argumento: los pobres no votan voluntariamente porque no tienen interés: “El voto voluntario es viable entre individuos con buena educación y con alto interés en el quehacer político. En otras palabras, entre los sectores con más dinero”

Este argumento es uno de los más frecuentes, junto con de usar el voto como un medio para “hacer que la gente cumpla su deber”. Pero este argumento es clasista y elitista a todas luces, pues presume que el ser pobre es sinónimo de idiota, es decir, de persona despreocupada de los asuntos públicos.

Y es clasista, elitista y además autoritario, pues ante la falta de virtud cívica de los pobres, no ve otra solución que obligarlos a votar. Para que gastar energías en ir a convencerlos de las virtudes de ejercer el voto si es más fácil usar la ley (y la amenaza de coacción) para mantener la ficción de la representatividad.

2° argumento: el voto voluntario favorece al candidato que tiene más dinero: “aquel candidato que tiene más dinero para hacer campaña, tiene más posibilidades de convencer al elector de que concurra y vote por él, no así aquel candidato que no cuenta con los recursos para generar un alto impacto en la población electoral. Ello hace más fuerte la dependencia y subordinación de la política al dinero. ¡Y si no me cree, vea a quién tenemos como Presidente!”

Este argumento aunque menos usado, también es frecuente, pero igualmente contradictorio. Primero, también presume que el elector es un idiota, incapaz de captar sus propios intereses, y débil ante la publicidad electoral. O sea, ve al elector como una oveja.

Por otro lado, la dependencia y subordinación entre política y dinero es mayor con voto obligatorio que con voto voluntario. Con el primero, el clientelismo electoral tiene una base legal indirecta, pues el “honorable candidato” tiene la seguridad de que sí o sí, el incauto ciudadano tendrá que votar, y por tanto, para el candidato, basta con invertir algo de dinero en canastas para convencer –comprar- al elector, para que vote por él.

Con voto voluntario, la tarea se hace algo más difícil para el “honorable candidato” puesto que el elector, al menos, tiene la chance de exigir más por su voto, pues si la canasta trae pocas cosas, no está obligado a votar. En otras palabras, el voto voluntario exige al candidato convencer al elector, no sólo de votar por él, sino de ir a votar.

3° argumento: La experiencia internacional (los datos).
Es interesante cómo, cuando los argumentos normativos son débiles, se recurre de inmediato a los datos, lo empírico. Pero lo cierto es que el dato empírico siempre es cuestionable, en cuanto a lo que se mide, cómo se mide y con qué propósito.

Y claro, el dato nos podría indicar que todos votan en x país, pero eso se traduce en que ese país es ¿Más democrático en sentido estricto? No. Ergo, creer que el voto obligatorio mejorará por si solo el sistema político es desconocer por qué la gente no se inscribe, por qué desconfía de la clase política, etc.

4° argumento: “Chile necesita incentivar la participación política e igualar no solo en las aulas sino también en las urnas”.

Este argumento es realmente falazmente, “rousseauniano” incluso. Primero, reduce la participación política a ir a votar. A votar por votar. Da lo mismo porque convicción, votar por votar, por el deber. Es como cuando la gente va a misa pero no escucha lo que les dice el cura. Van por ir, porque ir es el deber. Obligando a votar no se fomenta la participación política, se fomenta el vasallaje electoral.

Segundo, creer que obligando a la gente a votar y se igualan las urnas es un disparate, tomando en cuenta que los partidos políticos –que son los que imponen candidatos a elecciones- seguirán manteniendo sus estructuras oligárquicas, sustentados en un sistema electora que no fomenta la competencia electoral, sino un oligopolio partidario.

Saludos

luigicontre

14 de octubre

Estimado Juan Andrés:

Uno de los valores más importantes de la democracia es la libertad y esta también debe extenderse al terreno de las ideas. Por ello, agradezco enormemente que haya leído mi entrada y haya argumentado a favor de lo que Ud. cree es correcto. Ahora me permitiré una breve defensa.

Sobre el primer contraargumento. Usted hace utilización de un recurso argumentativo: intenta reducirme a lo absurdo y trata de ganarse el favor del lector acusándome de clasista, elitista, autoritario e incluso deduce que de mis palabras yo tengo una percepción de que el ciudadano con menos recursos es un IDIOTA. (Supongo que nadie se atrevería a decir que está de acuerdo con algún comentario clasista o elitista). Y que bien suena acusar de otro autoritario cuando hablamos de deberes, en una sociedad que exacerba los derechos por sobre los deberes. Y que desconoce la correlación esencial entre ambos, donde ambos tienen cabida y deben desarrollarse juntos. Esta percepción tiene al país en un estado de desorden (pero ese es tema para otra entrada).
Por otra parte, señala que el voto obligatorio busca ficcionar la representatividad, yo le replico que el votante no está obligado a marcar una preferencia, siempre podrá expresar o manifestar su desacuerdo con el sistema o con los candidatos que aparecen en la papeleta. El voto debe entenderse como una carga civil cuya protección deriva de un bien jurídico, la igualdad en lo político.

En un segundo contraargumento: Usted me rebate pero al final termina dándome la razón. “Con voto voluntario, la tarea se hace algo más difícil para el “honorable candidato” puesto que el elector, al menos, tiene la chance de exigir más por su voto, pues si la canasta trae pocas cosas, no está obligado a votar.” Entonces yo me pregunto. ¿Quién tiene más para ofrecer al elector? Es así como el voto voluntario otorga mayores posibilidades de ser electo en un cargo de elección popular a un empresario que a un funcionario público, profesional o un académico. Quien tiene más dinero podrá invertir más en campaña y movilizar a los votantes a votar y por él. Quien desconoce el efecto de la propaganda política en la masa electora tapa el sol con un dedo.

Un tercer contraargumento dice relación con la evidencia empírica: No por nada se eligió Venezuela, un país de la región y con características similares a nuestro país, para ilustrar los efectos del establecimiento del voto voluntario.
Quiero agregar que durante el año 98 cuando se registran los grados más bajos de participación política y en momentos de una grave crisis de los partidos tradicionales y de la representatividad surge la figura de Hugo Chávez, ex militar golpista, quién lleva cerca de 12 años en el poder. Su mantención en el poder es un caso atípico para la región y no menos sospechoso. Estamos muy de acuerdo que el voto obligatorio no es la panacea para el sistema político, pues concurren otros factores.

Por último se desvive contraargumentando lo que es el cierre de mi entrada y no un argumento para la misma. Sin duda alguna la participación política tiene mas aspectos, pero el acto de sufragar debe ser de los más importantes en la medida que tiene efectos sobre quienes nos gobernarán a nivel central, comunal y en la composición del Congreso. Allí donde se llevan a cabo los programas de gobiernos y los proyectos para el país.
Ahora bien, que la gente concurra a votar no arregla el tema de que los partidos políticos tiene casi secuestrada nuestra democracia. En eso concordamos, pero ese es tema para otro día.

Saludos cordiales

13 de octubre

¿Por que el voto obligatorio es malo y el voluntario bueno?
a)Porque ir a votar es un proceso tedioso
b)Porque votar es validar el sistema
c)Porque no le asigno valor al voto

Y así hay varias razones.
El punto es que la discusión sobre si debe o no ser obligatorio o voluntario TIENE QUE VER CON LA INGENIERÍA ELECTORAL que tienen los que abogan por uno u otro. Hay muy, pero muy pocos, que ven este tema solo como un elemento de participación o de justicia: El resto lo ve con ojos de que pasaría si votan o no votan ciertas masas cuando cambien las condiciones.
La derecha ve con malos ojos el voto en el extranjero, porque la mayoría son personas de izquierda
La izquierda ve con malos ojos el voto voluntario porque haría que los votantes tibios, que se presumen mas de izquierda, no voten
Etc,etc. Hay análisis mucho mas sofisticados. Pero, la mayoría, encubren el interés solapado de que voten o no voten personas que no piensan como uno.

En mi opinión, mas que si es voluntario u obligatorio, el tema debería ser de como instituimos el voto electrónico y el como hacemos que los candidatos NO sean nominados por partidos en cada circunscripción. Eso puede facilitar el acto de votar, estimular que uno pueda votar por cualquier candidato que al menos le parezca interesante, etc.
Saludos

luigicontre

14 de octubre

Muchas gracias por leer la entrada y exponer su opinión. Me parece muy interesante la idea que expone sobre la Ingeniería electoral. Sin duda alguna, este tema de la obligatoriedad del voto se inserta en un tema más amplio, el del sistema electoral.

No tengo mucha información sobre el voto electrónico, en esto soy muy retrógrado, pero si Ud. lo desea podría compartir algún artículo para saber más sobre el tema.

La obligatoriedad del voto, como yo la entiendo, busca fomentar la participación política instituyéndola como una carga civil, porque detrás hay un valor que como sociedad debes proteger: la educación cívica y la participación de todos en las decisiones del país.

Muy de acuerdo con buscar formas de terminar con nominaciones partidistas, etc.

Saludos.

16 de octubre

Estimados:

A juzgar por los comentarios, parece que buscamos las causas más exquisitas para justificar finalmente el “no voto” de una persona. Podemos dar catedras astrológicas sobre las causas que despotencian el voto como expresión ciudadana; podemos argumentar que la clase política esta en decadencia extrema y por eso la gente no vota, y podriamos decir que el sistema electoral no es adecuado para la ciudadanía “de los nuevos tiempos”, sin embargo, voy a citar un dato empírico super simple, contar. Todos sabemos contar, entonces contemos:

1.- Si el 90% de la ciudadanía aprueba las demandas estudiantiles, ¿Por qué solo marchan desde 10.000.- a 500.000 personas? esto no es el 90% del país ni tampoco se acerca.

2.- Tuvimos un plebiscito total y absolutamente voluntario en su llamado, con urnas en las calles y (sin cuestionar el sistema en si) con una causa aprobada por la ciudadanía, vuelvo a insistir, en un 90%, sin embargo, ¿Cuántos votaron?

3.- Si se fortalece la causa en sentido de motivación para el voto, y suponiendo que la causa es la indignación, ¿Cuantos Chilenos estabamos indignados ayer marchando? y bajo este panorama, este numero es representativo.

Para mi votar es un acción, y el problema a mi juicio, es precisamente esto. Quién quiere votar lo hace y punto, equivocado o no, lo hace porque es consciente que en un minuto, cuando se necesito un cambio radical en Chile, fue necesario hacerlo y esto le dio poder al voto, sin tanta interpretación, ni ciencia, ni estudio psicológico; asi de simple, si no tenemos la convicción, seguiremos siendo personas con buenas intenciones y nula capacidad de acción.

saludos,

16 de octubre

Estimado Luis, mi nombre es Jorge Andrés y no Juan Andrés.

En primer lugar, usted dice sobre el voto voluntario “podemos decir que desincentiva la participación entre los sectores más vulnerables, que no tienen interés en la política”. Pero en ningún caso explica por qué llega a tal conclusión.

Ante esa falta de sustento, su argumento es un prejuicio y por tanto, se puede catalogar de elitista y clasista. Y al decir que “los sectores más vulnerables, que no tienen interés en la política” está diciendo que son idiotas (investigue qué significa idiota en la antigua Grecia).

En cuanto a lo de autoritario, y el deber y los derechos, es fácil apelar a la mezcla entre el deber y los derechos para pasar por alto una medida autoritaria. Y ese es el punto, que usted no argumenta por qué sería un deber votar obligado. Se supone que el deber va ligado con un acto moral, en cuanto ser racional y autodeterminado, y por tanto libre. Ir a votar bajo amenaza de coacción, no es cumplir un deber.

En segundo lugar, no digo que el voto busca hacer una ficción de la representatividad. La representatividad ya es y siempre será una ficción. ¿Cómo puede representar la voluntad de miles, un individuo? De ninguna manera.

El voto obligatorio refuerza esa ficción al dar la falsa sensación de que todos votan y por tanto, todos legitiman el sistema electoral o político. El votante no sólo debe tener la libertad de marcar la preferencia que quiera, sino también de abstener de elegir. Ese derecho lo tienen incluso los honorables que se abstienen de votar.

Por otro lado, usted dice “El voto debe entenderse como una carga civil cuya protección deriva de un bien jurídico, la igualdad en lo político”. ¿Igualdad política? ¿La que existe actualmente entre los representantes y los electores, de eso me habla?

En tercer lugar, en cuanto al clientelismo, efectivamente, el voto voluntario hace más difícil la tarea al elevar el costo de la cooptación, pero usted muestra un propósito que no reconoce al defender el voto obligatorio, que es simplemente “evitar que candidatos ricos ganen”.

¿Pero y la igualdad política de la que habla? ¿Y por qué presume que el candidato rico hará mal uso de su dinero? ¿Por qué presume que todos los votantes cederán al clientelismo?

¿Y por qué presume que el voto obligatorio evitará ese fenómeno si hablamos de los mismos electores? ¿Cuáles son los candidatos pobres? ¿Es decir que quienes han sido electos en todo estos años, son sólo los más ricos?

En cuarto lugar, usted intenta forzar relaciones causales que no son reales al comparar con Venezuela. El voto voluntario no generó los grados bajos de participación, ni la crisis de los partidos ni del sistema político, menos la llegada del déspota de Chávez ni su mantención en el poder. Es simplemente un factor más.

Al igual que en Chile, la desafección política y la crisis de representatividad tienen una raíz más compleja y profunda que no se soluciona obligando a votar a la gente.

En quinto lugar, la pregunta clave es ¿Qué es más importante, un voto hecho a conciencia, o un voto emitido para evitar una sanción?

Usted dice “el acto de sufragar debe ser de los más importantes en la medida que tiene efectos sobre quienes nos gobernarán a nivel central, comunal y en la composición del Congreso”.

Pero resulta, que la desafección política y la crisis de representatividad y todo eso, están ya vigentes sin necesidad de voto voluntario. La gente se harto de la clase política. Esa misma, que ahora quiere obligar a los ciudadanos a votar, y así legitimar el sistema que les permite a ellos hacer usufructo del poder, para decir: “ven, la gente va a votar contenta y aprueba el sistema “democrático” que nos cobija.

Saludos

20 de octubre

La consecusión de un sistema electoral de inscripción automática universal y voto voluntario es muy importante para hacer más competitiva nuestra democracia.
La obligatoreidad del voto, siendo una imposición autoritaria, presenta un problema aún más grave, que es el perjuicio generado a la eficiencia de la democracia, ya que elimina los incentivos para que la clase política realice de manera permenante una buena función representativa. La incertidumbre implícita asociada a un universo electoral dinámico y cambiante hace más competitiva nuestra democracia, ya que incentiva a los representantes a ejercer su función de manera eficiente, proba y transparente en todo momento.

20 de octubre

Por otro lado, al eliminar la barrera de entrada al sistema electoral estableciendo la inscripción universal y voto voluntario, se destruye el argumento de no participación de quienes actualmente no se inscriben porque consideran autoritario el hecho de que una vez inscritos se les obligue a votar.

Es mucho más sensato que el ciudadano tenga el derecho tácito a votar y al mismo tiempo ejerza su libertad de participar, dependiendo de la percepción, sensibilidad e importancia que le dé a cada elección. Así, por ejemplo, este podría considerar no relevante partipar en una municipal, pero considerar importante o muy importante participar en una legislativa o presidencial, o viceversa.

Además, en un sistema de inscripción automática y voto voluntario, la marginación de sufragar se convierte en si misma en una manifestación ciudadana real y participante, debido a su condición no estructural, sino coyuntural. Es un silencio que habla.

Por otro lado, desde una perspectiva cuantitativa o científica-electoral, la porción de ciudadanos sin participación, se convierten en un insumo válido, que debe ser considerada de manera obligada por parte de todos los sectores políticos en el momento de seducir, fidelizar, y/o convencer a los ciudadanos en los paríodos electorales siguientes, con énfasis en indicadores objetivos de buen gobierno y/o administración bajo una perspectiva amplia, diversa y realmente representativa.

Con respecto, a los temores de clase, ingreso o nivel sociocultural, no los considero un argumento válido, ya que subestima el legítimo derecho que tiene todo ciudadano de participar en la elección de sus representantes. No me gustaría pensar que detrás de la defensa del voto obligatorio, hay un cálculo político mezquino de sectores que históricamente han recojido la mayoría de sus votos desde los segmentos más modestos de nuesta sociedad.

Saludos cordiales

luigicontre

20 de octubre

Estimado Carlos:

Agradezco enormemente su comentario, pues aporta al debate sobre un tema que es importante para el país. Sin duda alguna tras los argumentos exhibidos por ambas partes, el lector podrá hacerse una idea mas o menos acabada del tema.

Saludos cordiales.

21 de octubre

El voto debería tener una opción de “Ninguno de los anteriores” y otro “No creo en el sistema”. Luego, en el conteo, ser reconocidos. El candidato que gane debe superar estos dos sumados; o algo parecido
Permitiría representar a los disidentes.
Saludos

yuviza peña plaza

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