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Cosmos: Un encuentro entre Derecho y Ciencia

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No existe duda en que la divulgación científica ha sido un significativo aporte para el mundo. Es decir, dejar al alcance de los menos entendidos en la materia la significación de los fenómenos de la naturaleza y el universo, es una tarea democratizadora del conocimiento que surge desde la academia para la sociedad. Al menos así lo ve uno, quien sin perjuicio de haber optado por otra disciplina, gracias a series como “Cosmos” de Carl Sagan y su continuación de 2014 (presentada por el astrofísico Neil deGrasse Tyson) en conjunto con diverso material documental de investigadores nacionales y extranjeros, se ha hecho más o menos una idea de todo lo que nos rodea.


"La apropiación y contaminación del espacio es algo que hoy en día nos podrá parecer irrelevante, pero es vital tenerla en consideración si pretendemos continuar con el desarrollo científico y la explotación de nuestro capital astronómico e investigativo en lo inmediato"

Nuestro país no se encuentra ajeno a la exploración del espacio ultraterrestre, muy por el contrario, cabe dar cuenta que es en el desierto de Atacama en donde se ubica el proyecto astronómico más grande del mundo (conocido como “ALMA”) y, como novedad más reciente, recordar el hito que logró la Universidad de Chile al consolidar su programa espacial lanzando el primer satélite nacional (SUCHAI 1) el mes pasado, el cual actualmente se encuentra en órbita. No son pocos por lo tanto los hechos en materia científica que nos acercan cada vez más a los astros y por consiguiente a nuestra propia autocomprensión, pero, al igual que todo esfuerzo proyectado para el bienestar de la humanidad, su materialización es multidisciplinaria, incluyendo en ello al derecho. ¿Abogados espaciales? Pareciese que la ficción no está tan alejada de la realidad, aunque no de forma tan literal.

No hago referencia con esto a abogados que concreten compraventas de bienes raíces en un planeta lejano, al menos no en lo inmediato (para que eso ocurra, primero deberá cumplirse la sugerencia de Hawking de colonizar otros planetas). El motivo es más simple y responde a diversas preguntas dentro de las cuales se puede usar como ejemplo la melosa propuesta que suele darse entre parejas, en la que uno de los enamorados se compromete a regalarle la luna (o las estrellas) al otro. Pero, ¿es ello realmente posible? La respuesta es no, toda vez que existe tratado de Naciones Unidas (conocido como “Tratado sobre el espacio exterior”) que regula las actividades espaciales y prohíbe la apropiación del espacio mismo, la luna o cualquier cuerpo celeste. Así, lamentablemente para nuestro amigo o amiga, su oferta romántica no pasará de una simple cursilería. La luna y todo lo que se encuentra en el cosmos es común a todos los hombres y mujeres, pero al mismo tiempo es de nadie.

Ahora bien, no resulta extraño que a muchas personas les parezca ridículo hablar de regularizaciones a la actividad humana en el espacio; más aún, me atrevería a decir, que el conocimiento de las mismas es casi nulo en la población. Pero, por lo mismo y para tomarle importancia al asunto, es necesario responder a la interrogante de cómo surgió todo esto.

En medio de la guerra fría y en plena carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, al verse la paz global amenazada por causas que podrían sacarse de cualquier libro futurista o de ciencia ficción, es que nació el derecho espacial. Este surgió fundamentado principalmente (ante el peligroso potencial de los estados involucrados) en: la libertad de investigación científica, uso y explotación del espacio exterior y los cuerpos celestes en beneficio de todos los países; la inapropiabilidad del espacio y los cuerpos celestes; la prohibición de instalación de armas de destrucción masiva en la órbita de la tierra; y, finalmente, en la responsabilidad de los estados por sus actividades en el espacio ultraterrestre

Al leer detenidamente los principios enunciados y aplicándolos al agitado contexto internacional, la idea de establecer ciertas prerrogativas ya no resulta tan loca. Es menester por lo tanto que tomando consciencia de la atrasada respuesta que dimos como país a las disyuntivas jurídicas en materia medioambiental no repitamos lo mismo en relación al cosmos. La apropiación y contaminación del espacio es algo que hoy en día nos podrá parecer irrelevante, pero es vital tenerla en consideración si pretendemos continuar con el desarrollo científico y la explotación de nuestro capital astronómico e investigativo en lo inmediato, y, a partir de una mirada a futuro, si pretendemos vivir en paz y tener continuidad como especie.

Veo con satisfacción como a nivel regional en Colombia y Argentina se ha escrito y dado el estudio que merece a esta nueva rama del derecho; lo mismo espero para Chile, que se enseñe, discuta y rediscuta la normativa internacional vigente en la materia (hay que reconocer que efectivamente ya se ha dado en algunas casas de estudios en los últimos años). Así, la nostalgia que me causaba cuando niño el no poder alcanzar las estrellas, hoy es un sentimiento de esperanza al saber que su conquista está más cerca que nunca sin si quiera tenerlas presente. La ciencia y el derecho cohabitan una vez más, pero en esta ocasión el desafío es más grande.

TAGS: #Cosmos #DerechoEspacial #SUCHAI #Universo Derecho

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