#Medio Ambiente

Codelco-Andina: Efectos para ricos y pobres

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Lo Barnechea –y su barrio estrella- y Til Til –con sus poblaciones campesinas y bosques de espinos-: el contraste social que un megaproyecto acerca. ¿Será imaginable que un día los ricos y los pobres se hallen reunidos porque una causa común los impulsa (o simplemente los obliga)?

Asunto notable de las cuestiones medioambientales en el siglo XXI se encuentra en su tendencia a la transversalidad social: de pronto todos los grupos o clases sociales resultan perjudicados y no solamente algunos. Un botón de muestra (que no es un botón precisamente, sino un megaproyecto minero de efectos imprevisibles en su entorno): Codelco división Andina anuncia públicamente su proyecto de expansión y, en una fraseología apoteósica, proclama que el yacimiento Andina se convertirá en los próximos años en una mina a tajo abierto más grande todavía que Chuquicamata. Algo parecido a cuando ciertos brasileños se vanaglorian bailando su futbol al ritmo del “os mais grandes do mundo”, los chilenos iremos por ahí, a las recepciones en las embajadas o en los carretes cerveceros de la calle cantando: pero nosotros seguimos poseyendo la mina más grande del mundo.

Solamente que este megaproyecto se completará encima de parte de la ciudad de Santiago y comunas aledañas. Claro. No allá en medio del desierto, en las llanuras desoladas del despoblado de Atacama, sino de las casas de Santiago. Y no casas cualquiera. El otro día fueron los chicos de relaciones públicas de Codelco-Andina a convencer nada menos que a representantes de las juntas de vecinos de la encopetadísima comuna de Lo Barnechea, de lo que nadie a esta altura cree: que el proyecto es ambientalmente inocuo y que si tiene “impactos” negativos, ellos los compensarán con creces.

¡Sí!, les llegó el turno a los habitantes de Lo Barnechea, y eso significa a ese barrio que ha querido ser como un paraíso que estando en Chile no es Chile, que se llama La Dehesa. Porque el proyecto de ampliación de Andina comprende una extensión del yacimiento hacia el sur, de modo que traspasa la provincia de Los Andes y entra de lleno al territorio de la comuna de Lo Barnechea.

Demás describir lo inquietos que quedaron los asistentes a la espectacular charla de estos expertos en contar lo que te va a perjudicar como si fuera algo liviano, apenas un roce en tu vida, y para lo cual ellos disponen de suficiente plata como para compensarte (dejarte más rico que antes), y realizar esas maravillas del simulacro que son las “obras de mitigación”.

Porque a los presidentes de directorios y gerentes de transnacionales (y a la mayoría de la clase política) que viven en sus chalets con jardines en La Dehesa, los amenaza ahora la destrucción que la ampliación de Andina hará de los glaciares que los proveen de aguas todo el año (aún en años secos) para regar esos jardines.

Un ejemplo, el estero del Arrayán. Si ustedes se van a Google Earth y lo ubican, y luego ubican el área que ocuparán las obras de Andina, se encontrarán que la proyección hacia el norte del estero se intersecta con esas obras. Resultado más que posible: no más estero del Arrayán; no más ese “Santuario de la naturaleza” que tantos hemos visitado –aunque consideremos que su nombre exagera un poco con eso de “santuario”.

Por otro lado, una buena parte de las aguas de parques y jardines (y piscinas) de ese barrio paraíso provienen de napas subterráneas; adivinen dónde nacen los acuíferos que las alimentan.

Como si las amenazas a las aguas no bastaran, tanto el trabajo de abrir el forado gigantesco (cantidad de kilómetros lineales de largo en la alta montaña), como la operación del tajo abierto –explosiones al aire libre, carga de camiones, etc.- implica una contaminación del aire con polvo en suspensión que, con vientos favorables, irán a inmiscuirse de lo más impertinentes, por los ventanales abiertos, a los salones de La Dehesa.

Grave pérdida en la llamada “calidad de vida” del barrio. Pero anunciamos transversalidad. Pasemos de los poderosos a los débiles, que aquí a todos les llega. La comuna ahora se llama Til Til. Bueno, pues toda la basura de montaña molida y mezclada con aditivos químicos venenosos para la vida humana -y la flora y fauna en general, usualmente conocida como “relaves mineros”-, será conducida desde Lo Barnechea hasta un tranque en Til Til.

Este tranque ya existe y se llama Ovejería. Pero la ampliación lo multiplicaría hasta convertirlo en una especie de lago del sur de Chile, claro que apenas con aguas superficiales en un sector y el resto una torta de arenas finas sin ninguna capacidad de generar ni una brizna de hierba que lo retenga –por eso, ahora, cuando llegan los vientos convierten las arenas en tormentas de polvo.

Claro que eso no es lo más perjudicial. Lo realmente grave es la contaminación que estos tranques producen al filtrar poco a poco sus venenos, hasta llegar a los ríos subterráneos. Frente al muro del tranque Ovejerías –que llegaría a ser otro de los “mais grandes do mundo”- viven tres comunidades: Huertos Familiares, Santa Matilde y Polpaico. Ellos hace rato que observan con temor ese muro, y esperan que demore y demore la contaminación de las aguas de sus pozos. Cuando eso ocurra, simplemente tendrán que irse a vivir a otra parte.

Lo Barnechea –y su barrio estrella- y Til Til –con sus poblaciones campesinas y bosques de espinos-: el contraste social que un megaproyecto acerca. ¿Será imaginable que un día los ricos y los pobres se hallen reunidos porque una causa común los impulsa (o simplemente los obliga)?

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Comentarios

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04 de marzo

Nada que decir¡¡!!

Ximena Abogabir

15 de marzo

Buena oportunidad de integración social detrás de este conflicto ambiental que se avecina con todo!!

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