#Justicia

La derecha chilena sin escrúpulos ni memoria

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No es fácil hacer un escrito, cuando encuentro noticias como la sucedida en el Parque por la Paz Villa Grimaldi, ex centro clandestino de detención y torturas de la DINA, por unos panfletos denigrantes que desconocidos lanzaron el  domingo 29 de mayo, poco antes de la apertura de puertas por el Día del Patrimonio Cultural Chile 2011.

Esos panfletos contenían expresiones contrarias a la existencia de este sitio de memoria histórica y donde se escribió el siguiente  mensaje: “Villa Grimaldi es sólo patrimonio político  no tiene nada que ver con cultura. Con lo que gastan aquí alimentan y visten a miles de  niños huérfanos  que lo necesitan de verdad y no malgastando dineros adorando muros y piedras falsas.”

Es muy difícil referirse a los sucesos del 11 de septiembre de 1973 sacando fuera las propias pasiones. Es así porque se trata de un acontecimiento traumático para una gran mayoría de chilenos, cuyas consecuencias debemos vivir cotidianamente hoy. El Golpe de Estado, ocurrido hace ya más de tres décadas, no es un hecho histórico sepultado en el pasado; por el contrario, el presente económico, político y cultural del Chile actual no se explica sino por aquella fecha.

Como en una mala novela de terror, el amnésico Chile de hoy vuelve su mirada a las luminosas vitrinas del consumo suntuario, a las rutilantes pantallas de plasma, mientras en el patio desentierran osamentas de algún vecino o pariente. Son los muertos silenciados por esta historia macabra que todavía persiste, obstinada en ocultar cadáveres en el ropero. El once de septiembre no ha terminado en nuestro país, está presente en cada línea de la Constitución, en el opaco gris de los cuarteles y comisarías; en la risa socarrona del “honorable”, y en muchos “hombres de negocios”. El once de septiembre sigue vivo en quienes tanto le deben al General.

El crimen cometido en Chile no atañe, tan solo a los dramáticos sucesos conocidos por todos. El verdadero mal está todavía con nosotros, en nuestra vida cotidiana, en la injusticia naturalizada y aceptada como desesperanza. La verdadera traición a Chile es haber impedido que, por vez primera, aquel hombre y aquella mujer humilde, hubiesen comenzado a construir su propia dignidad en sus hijos, y en los hijos de sus hijos.

En un sentido último, Augusto Pinochet Ugarte fue la mano tiránica que interrumpió la maravillosa cadena de la vida. Como Caín, el general asesinó a sus hermanos, ofendiendo al espíritu que late en el fondo de la historia humana. Sus obras, su herencia lamentable ya la conocemos: generaciones de chilenos condenados al infierno de la ignorancia, la pobreza, el luto y la indignidad. En el Chile del presente no hay paz para los muertos como tampoco la hay para los vivos.

Más allá de las complicidades de la mentira para ocultar la naturaleza de aquella tragedia; por mucho que se esfuercen algunos falsos profetas en exorcizar las cenizas, enseñando la resignación, hay un pueblo silencioso y paciente que encarna el advenimiento histórico de otro mundo.

Solo quiero expresar que siento una profunda lastima y pena al ver que aún quedan de aquellos especímenes que comen de lo que otros sufren, lloran, y padecen. Es realmente triste ver y comprobar que con toda maldad no tienen ningún respeto por el dolor ajeno. Mientras existamos en este mundo habrá miseria humana, soberbia, inmoralidad e ignominia. Pero mientras haya esperanza y amor en este planeta se puede, y es que con un solo ser en este mundo que quiera dar sin esperar y que esté dispuesto a ofrecer sin pedir que tienda la mano sin restricción es suficiente para levantar una muralla de amor y humildad.

Un sincero homenaje a las víctimas del holocausto, para que por fin se revelen dónde están nuestros caídos, hacer justicia a los sobrevivientes torturados, y a nosotros, los hijos de una segunda generación es menester no olvidar el pasado, y hacer justicia. Mientras no la haya, difícilmente habrá perdón y olvido.

Mi padre estuvo y fue víctima, yo estoy con él y también soy víctima, y estaré acá firme junto a todos aquellos que fueron y siguen siendo víctimas.

* Felipe Henríquez Ordenes, ingeniero en software. Twitter : @PipeHenriquezO

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06 de junio

Gracias por tu columna,por compartir parte de tus sentimientos y pensamientos: Perdón en nombre de la desidia de algunos chilenos.
Aún tenemos Patria.

06 de junio

Muchas gracias, María Paz… comprenderás que hago este escrito no con el afán de despertar odios añejos, sólo hago ver a ese sector de la derecha que finalmente ese 11 de Septiembre, la Historia de Chile cambió para siempre, y nadie puede ofender y burlarse, ni objetiva ni subjetivamente, de algo tan serio como la muerte y la tortura. Es imposible que un cambio dramático, cruel, sanguinario, asesino, terrorífico y traidor pueda conllevar una herencia positiva. Así de crudo y así de simple. El Chile de hoy es el Chile del trauma, del desconcierto, de la sobrevivencia, de la memoria herida y de la amnesia ofensiva. Es un Chile que, pese a los casi 38 años transcurridos, no termina de cohesionarse ni de hacer sentir a cada chileno que vive en un país digno ni en cual sentirnos plenos/as. Pueden seguir haciendo lo que quieran, incluyendo otros actos de ignominia y miseria humana, pero en su fuero interno todos saben que vivimos en un país lleno de heridas sin cicatrizar y de injusticias sin respuesta. Y así las cosas, aquellos que burlan del dolor humano sólo demuestran su pequeñez de espíritu, su ignorancia, su insensibilidad y su estupidez.

Un abrazo desde esta trinchera.
Felipe.
ADFF – Valech

06 de junio

Ciertamente es un gesto replicable que volvamos a mirar para dentro y hacia nuestra historia;historia que de manera indirecta,como en mi caso, o de manera directa,como en el tuyo lamentablemente, marcó a todo un pueblo, a toda una generación.
Como muchos, yo tb soy hija de la dictadura, una hija a regañadientes,con una madre que torturaba mientras el padre degollaba..
De esa generación soy, no tengo familiares ni lejanos ni cercanos detenidos desaparecidos, nadie de mi gente fue detenida y torturada,es mas, es probable que un familiar cercano haya sido parte activa del brazo violento y carnicero del régimen,pero de eso, me siento divorciada, de él, prefiero no saber, la vida le ha cobrado los pecados y las omisiones.
No hay peor modo de educar a los hijos que negándoles el derecho a conocer, a reconocerse como chilenos; no hay modo menos prolijo de amar a un hijo que inhibiéndole sus ansias de saber y conocer; por ello, mi familia toda se empeñó desde siempre para que mi hijo,de ahora casi 19 años, fuese un chilenos informado,con opinión y con ideas claras…Hoy, me puedo sentir tranquila porque él, mi niño, formará parte de la nueva clase política y/o social que no permitirá que las posiciones egoístas y superficiales le arrebaten lo que tanto su mamá inculcó en su ser:LA HISTORIA NO DEBE OBVIARSE. PARA QUE NUNCA MAS EN CHILE, PARA QUE NUNCA MAS…

10 de junio

Felipe desgraciadamente en Chile la memoria es muy frágil y nos olvidamos rapidamente de los acontecimientos pasados pero siempre tenemos que recordar para que nunca mas vuelva a suceder , te opoyo en todo sentido un saludo fraterno.

10 de junio

Gracias, Eduardo.
Los hombres y mujeres todos, somos la memoria que adquirimos y cómo es que la asumimos, pero creo que sin memoria no existimos y sin ella -la memoria- quizá no merezcamos existir.

Es mi lucha diaria, Eduardo, tengo que escarbarla, porque mis mis familiares asesinados y torturados en dictadura (1973-1990) así me lo piden. Tengo que traerla nuevamente al presente, para como bien dices, nunca más estos hechos vuelvan a suceder. Tengo que acorralarla para que no se escape, y mostrarla al resto, solo así se hará justicia.

Gracias, un abrazo fraterno.

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