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Pensando en esto del nacionalismo

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¿Qué lo hace a usted chileno? ¿O magallánico? Sé que le gusta la sensación de lealtad, el amor por el cerro y la pampa, y la identificación de otros hermanos. Pero créame que aquello no necesita siquiera de constituciones, ni mandamientos particulares.

Toda esta charla por el tema de la Haya, me provoca una reflexión, cargada por entero de un sesgo personal, pero la comparto con usted. Si está en desacuerdo y piensa que es una estupidez, perdóneme el error y enséñeme mediante argumentos, el camino correcto de pensamiento.

Honestamente, yo pensaría que es sensato abandonar estas ideas extremadamente nacionalistas. O bien, pregúntese, ¿cuál es realmente su nación? ¿Cuál es precisamente aquel terruño al que se siente atraído, sea tan solo por haber nacido ahí y no en otros lares?

Quizá tenga el hombre una insensata fuerza como pulsión por el arraigo. Una cosa biológica, digamos. Quizá simplemente se acostumbró, al punto de volverse un rasgo potencialmente evolutivo, con lo aprendido a partir de un masivo cambio al sedentarismo. Quién cresta sabe, pero supongamos que el ser humano eso lo siente. Concedámosle tanto a las gentes.

Pero, imaginemos que ello no es una condición de posibilidad para la vida y el amor humanos. Después de todo, extranjeros muchas veces pisan acá con relativa indiferencia por la tierra, y de lo más bien que son capaces de interactuar y de construir junto a los nacionales.

Más aun, podríamos decir que esa sensación primitiva –de haberla- no necesariamente viene atada de un país-ismo, porque creo que hay que hacer esa precisión, para desligar a los apegos con determinada porción del planeta, con las directrices político-legales de un determinado Estado soberano. Ahí tendríamos que empezar a enumerar todos aquellos discursos politiqueros que animan un odio básico por quienes levantan una bandera con otros colores. Aquellos que hablan a la porción marginada de la sociedad -porque son quienes pelearán- de amores por ese modo de vida que produce y reproduce continuamente su marginalidad. Ahí, tendríamos que desligarnos nosotros, pensadores, de años de teoría social. Tendría que desligarme yo de la profesión de sociólogo, de frentón, porque la idea de una supremacía básica y por derecho natural de una gente sobre otra, no resiste análisis, salvo basándose en alguna metodología que no resiste análisis tampoco. Yo puedo creerlo, o tan solo repetirlo, en función de encajar en el nivel de reducción de complejidad en el que solemos reunirnos los humanos, pero no puedo afirmar que “los venezolanos son”, ni que “los brasileños son”, tampoco. No sin un nivel de deshonestidad intelectual tremendo.

¿Qué lo hace a usted chileno? ¿O magallánico? Sé que le gusta la sensación de lealtad, el amor por el cerro y la pampa, y la identificación de otros hermanos. Pero créame que aquello no necesita siquiera de constituciones, ni mandamientos particulares. Ese es un añadido que tenemos el derecho intelectual a tomar o dejar, según sea nuestro nivel de interés, salvo porque razones materiales nos sitúan enteramente en la opción más probable de tomar.

Yo imagino que si el crudo centralismo de este país no es mero cuento de terror de los sureños, en Arica no deben sentirse mucho más acompañados por Chile que cómo se sienten en Magallanes. ¿Y los pescadores? ¿Cómo se sienten los pescadores con todo este revuelo por metros de mar? Sería sensato preguntarse. ¿Qué es lo que está en juego realmente?

Porque conviene no confundirse: Las guerras y las victorias no son las guerras y las victorias de todo un país. Quienes pelean y quienes resultan vencedores, no son los mismos, aun cuando resulten ser todos quienes odian y quienes celebran, por aquellas cosas de asimetrías profundas en cuanto a la capacidad de definir la realidad, que aquejan o benefician a los actores. La cantidad de sacrificios y muertes no cambia este principio, para desgracia de varios.

Y aquellos insensatos en los medios de comunicación, que entre infladas de pecho comparan las fuerzas militares de Perú y Chile, como si estuvieran conversando de volleyball de playa: Su seguridad de probablemente no tener que ser reclutados debe facilitar el humor. Entre militares, en cambio, he escuchado solo palabras sensatas y templadas, y nada de la fanfarria que se escucha en el mundo político y en la tele. Porque nadie quiere morir. Y, me atrevo a decir, nadie quiere matar a otra persona. Matar. Eso ocurre cuando se dispara un arma en contra de otro. Generalmente en clases de historia nos hablan de los “caídos”, pero rara vez de los que mataron. Y no es lo mismo decir que en la guerra muere mucha gente, que decir que en la guerra se mata a muchas personas.

¿Yo? Honestamente, yo pensaría que es sensato abandonar estas ideas extremadamente nacionalistas. O bien, pregúntese, ¿cuál es realmente su nación? ¿Cuál es precisamente aquel terruño al que se siente atraído, sea tan solo por haber nacido ahí y no en otros lares?

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Foto: mhLecaros / Licencia CC

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Comentarios

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27 de Enero

De solidaridad y nacionalismos…estando en Miami en una función
a beneficio de algo ,me presentaron como el representante de la
bandera de la estrella solitaria…y desde el público alguien gritó=
“mi bandera tamién tiee una hola estrella” buenos días Puerto Rico,pero “y la mía qué , que tú cree chico” apuntó un “gusano”.
La canción de violeta debo haberla cantado con aires tropicales porque no me golpearon pero tampoco me aplaudieron.
De allí en más me presenté como cantor de folklore/popular sudamericano , con público “gringo” y el resto ,se calla!

31 de Enero

¿Porqué hace sinónimos la exacerbación de la identidad nacional con Nacionalismo? ¿Acaso es la misma lógica quien se pinta la cara para un partido de la selección chilena con quién militaba en Patria y Libertad durante los años 70?

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